Kallocaína, de Karin Boye

Kallocaína es una distopía ambientada en el siglo XXI, pero creada por Karin Boye en plena Segunda Guerra Mundial. Una sociedad hermética y vigilante que premia la delación como manera de tener a todos los ciudadanos bajo control. La autora sueca construyó una obra equiparable a las grandes novelas del género.

Gallo Nero, 224 páginas

Valoración 8/10


Kallocaína es una novela que este año cumple 80 años, su autora, Karin Boye (1900-1941), la publicaría en 1940, un año antes de quitarse la vida a los 41 años. Quizás sea su obra de prosa más conocida, su obra maestra y una distopía a la altura de grandes clásicos ya, como Nosotros o Un mundo feliz. La novela de Orwell, 1984, todavía tardaría unos años en aparecer. Karin Boye tuvo una vida marcada por la poesía, pero también por los conflictos que sucedían a su alrededor. Nunca fue capaz de ser todo lo libre que su mentalidad abierta le pedía. Una gran intelectual, de izquierdas, que asistió al crecimiento de dos regímenes totalitarios, el nazi y el soviético. Incluso estuvo viviendo los primeros años del nacionalsocialismo con una estancia en el Berlín de antes de la guerra. Allí empezó a darse cuenta del poder del miedo y la influencia que puede tener en las decisiones de cualquiera. Su último viaje fue a la Grecia de sus clásicos tan queridos, pero su regreso a Suecia, los problemas que tuvo tras la ruptura con su pareja, una mujer más joven que ella pero que no terminaba de dar el paso que ella había dado unos años antes, las atrocidades que ya se empezaban escuchar de los alemanes que estaban ocupando ya Dinamarca. Todo eso fue demasiado para Karin, que se suicidó tomándose una tableta de somníferos.

1_7kixOFWq3Oo82ICvqV1ZOADlcmJEnX0AEYPxB

 

Kallocaína, publicada por Gallo Nero, fue traducida por Carmen Montes en 2013, quien recibiría por ello el Premio Nacional de Traducción. No es para menos, la traductora ha conseguido llevar al castellano la prosa lírica de Karin Boye. Realmente sientes a la autora sueca a través de la traducción, que no debió ser nada fácil. La novela está situada en el siglo XXI, en el Estado del Mundo, una nación de difícil localización, constituida por ciudades dedicadas a una función. Nuestro protagonista, Leo Kall, vive en la Ciudad de la Química (en la novela se comenta que hay otras Ciudades de la Química, por lo que parece un nombre estandard para cada oficio). Kall está totalmente entregado a proteger el Estado de cualquier enemigo y pone todo su empeño en mejorar la defensa. Ha creado un suero de la verdad que será definitivo para conocer los planes de cualquier ciudadano y poder establecer una paz social sin delincuencia. A partir de aquí, el nuevo conocimiento del que puede disponer le hará replantearse todo.

La narración está contada desde el punto de vista de Leo Kall, es muy subjetiva, claustrofóbica. Nos habla de una ciudad absolutamente vigilada, cada ciudadano está marcado desde los 7 años para una función que tendrá después y así poder cumplir con lo que pide el Estado: obediencia y sociabilidad. Estás obligado a entregar tu vida a las necesidades del Estado y a formar parte de todas sus estructuras, de forma que el pensamiento independiente, el deseo de intimidad o de seguir tus sentimientos, son acciones no ya prohibidas, totalmente impensables. Karin Boye nos habla de casas totalmente vigiladas, incluso en la intimidad de la habitación matrimonial. Leo lo explica con naturalidad, es una forma de estar seguro, ya que esas cámaras impiden los crímenes, por mucho que estos puedan existir. No hay relaciones humanas verdaderas porque la misión de cualquier ciudadano es denunciar a aquel que no cumple con sus obligaciones ya sea tu marido o tu padre. El lenguaje que usa Boye está completamente enmarcado dentro de una sociedad hermética como la de la novela. Solo hay un momento de libertad, de verdadera humanidad, y es cuando tomas la kallocaína y no puedes controlar tus instintos. Es la única vez en la que todo se rompe y quizás por eso es tan peligrosa esta droga. No solo te ayuda a tener más vigilancia, también libera una parte escondida, reprimida, casi enterrada de la sociedad.

Es fácil imaginar que el Estado del Mundo hace referencia directa a los estados totalitarios de la época. La apología de la traición, de la delación, es una constante en la novela, tal y como ella pudo ver cuando empezó el ataque a los judíos en Alemania. El control férreo del estado con todo tipo de estrategias para conseguir su fin, incluso la tortura donde la víctima queda deshumanizada ya que no pertenece a la sociedad que quiere el Estado, la única posible. También se puede hacer una segunda lectura, más centrada en la vida de Karin Boye. Toda esa sociedad cerrada, que no admite ideas distintas y se centran en lo que está bien visto, en lo que está socialmente aceptado. Como todas las buenas novelas de ciencia-ficción, la trama nos devuelve una imagen distorsionada de nuestro mundo, pero no del todo lejana de la realidad.

Un comentario en “Kallocaína, de Karin Boye

  1. Pingback: Estado de mi nación lectora (III): abril y mayo | EL TERCER MIOPE

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s