Reseña: LaGuardia, de Nnedi Okorafor, Tana Ford & James Devlin

Nnedi Okorafor ha creado una metáfora sobre la inmigración a partir de la ficción especulativa pero tratando temas sociales muy actuales. LaGuardia está nominado a mejor cómic en los premios Hugo.

Berger Books, 2019 129 p.

7/10

Nnedi Okorafor es una escritora nigeriano-americana que ya me había sorprendido gratamente con la trilogía de Binti, la historia que me permitió conocer Afrofuturismo y el afroyuyuismo, este útlimo término lo he traducido de manera libre porque no he encontrado una correcta y oficial. Los términos son Afrofuturism, Africanfuturism y Africanjujuism. Se trata de unir el folklore de algunos países africanos con la fantasía (jujuism) o la ciencia-ficción (afrofuturism). La cantidad de autores y, sobre todo, autoras que están haciendo crecer este género es cada vez mayor. Okorafor es una de las más importantes, que sigue la estela de otras grandes autoras de la ciencia-ficción, como LeGuin y, especialmente, Octavia Butler. Tiene obras tanto para adultos como para un público más juvenil, habiendo recibido los premios más importantes de la industria: Nebula, Hugo, World Fantasy, Locus, Lodestar e incluso el Wole Soyinka que premia a los mejores autores africanos del año.

Nnedi Okorafor ya ha participado como guionista en cómics. Ha sido guionista de Black Panther y de la serie dedicada a su hermana Shuri, por la que también ha recibido premios. Así que no es ninguna novata en este terreno y se maneja con soltura. Le acompaña en este caso la dibujante Tana Ford, que ya ha trabajado con Marvel en Silk , una de las últimas superheroínas, y un personaje que ha encontrado una gran acogida.

LaGuardia nos enseña un mundo donde los humanos conviven con extraterrestres venidos de diferentes mundos y por diferentes motivos. Todo empezó en Nigeria, tal y como Nnedi Okorafor contaba en su novela Lagoon. En ese sentido, LaGuardia es una secuela de la novela. El título hace referencia al aeropuerto de Nueva York, que se ha convertido en un puerto interestelar, punto de entrada desde todo el universo. Eso ha creado una cierta tensión entre los locales Estados Unidos ha decidido prohibir la entrada a ciudadanos ilegales, incluyendo estas nuevas especies. La protagonista es Future Nwafor Chukwuebuka, una científica embarazada que ha entrado en el país por razones algo misteriosas a través del aeropuerto de LaGuardia, pero introduciendo un floral (una forma de vida parecida a una planta), a la que llama Letme Live (Déjame Vivir). Future se queda con su abuela en un apartamento del Bronx. Allí convivirá con humanos en situación irregular venidos de Sudán y con extraterrestres, alguno de ellos cambiaformas.

El conflicto en la historia viene en un primer momento a raíz de los misteriosos motivos que llevan a Future a alejarse de Lagos y volver con su abuela a Estados Unidos. Pero la historia tiene un trasfondo mucho más social que se basa en las prohibiciones que ahora mismo está haciendo el gobierno de Trump, el considerar ilegales seres humanos (o extraterrestres) por considerarlos inferiores. Los nuevos llegados traen tecnología y abren el futuro a la Tierra, pero el miedo a la diferencia crece entre una ciudadanía llena de inseguridades y miedos. Quizás lo que menos me ha gustado es la forma a veces demasiado obvia con la que la autora nos muestra el racismo imperante en la sociedad: la llegada al aeropuerto, carteles prohibiendo entrada a no humanos. Hay un momento en el que Letme Live cuenta algo muy importante de su especie en la Tierra, Future contesta que no lo sabía a pesar de trabajar con varios florales, Letme dice que porque conozca unos pocos no significa qué sepa todo de ellos, y Future responde diciendo que ha sido muy presuntuosa. Ese mensaje va para todos los que alguna vez hemos dado por supuesto cosas por el mero hecho de haber oído de ellas. Ese tipo de comentarios y frases se repiten con cierta frecuencia y me ha sacado fuera de la historia más de una vez. Esa falta de sutileza no quiere decir que no sea legítimo y que la historia no esté bien estructurada, al contrario. Los personajes están muy bien construidos y son muy sólidos, al menos los principales. Es cierto que algunas historias quedan un poco superfluas y no terminan de tener mucho sentido dentro de la trama, salvo la del relleno. Sin duda, buena parte del encanto de este cómic reside en el trabajo de Tana Ford, creando unas expresiones faciales en humanos y no humanos realmente conseguidas. Y el trabajo de James Devlin, que se encarga de darle color a las viñetas y aportar todos esos matices que la historia necesita.

En definitvia, LaGuardia es un cómic prometedor, con una historia que se sale de lo tradicional y que sin embargo tiene mucho que ver con el panorama actual. Cuenta con la inventiva de una gran autora y el saber hacer de una no menos brillante dibujante que ponen su arte para denunciar injusticias en un contexto divertido y estimulante.

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