Reseña de Voz, de Christina Dalcher

“Voz” nos presenta un mundo aterrador donde las mujeres son sometidas a una dictadura que se manifiesta con la limitación de sus palabras. La Dra. Jean McClellan debe superar el rechazo inicial para intentar adaptarse o desaparecer para siempre.

ROCA EDITORIAL, 2019 352 páginas

4/10

La premisa de esta Voz, de Christina Dalcher no podía ser más aterradora: una sociedad que limita la cantidad de palabras que un sector de la población puede decir, en este caso las mujeres. Esto conlleva una serie de implicaciones, no solo que no puedes hablar. Tu voz no es escuchada, no tienes opinión pero tampoco te dan la oportunidad de que tengas una ya que tu formación académica también empieza a no tener sentido. Estás atrapada y nadie puede cambiarlo porque es aceptado sin rechistar. Esto es una pesadilla en toda regla. Una pesadilla que es real en algunos estados y que a más de uno no lo importaría que se hiciera más popular. Todo está bien si tú formas parte del club privilegiado.

Christina Dalcher es una experta en lingüística y fonética que además habla muy bien español e italiano (idioma que tiene una gran importancia en la novela), que decidió aplicar sus conocimientos una novela distópica muy realista con influencias evidentes en otras grandes del género. La más cercana es, sin duda, El cuento de la criada (The hadmaid’s tale) de la gran Margaret Atwood, publicada originalmente en 1985, en plena era Reagan, y que acaba de tener una segunda parte, Los Testamentos (The Testaments). Pero también podemos buscar referencias de 1984, de George Orwell, y casi de cualquier otra gran distopía que tengamos en mente. Aún así, Dalcher usa su formación profesional para darle una credibilidad a la historia.

Voz nos presenta unos Estados Unidos que han caído en una dictadura religiosa (“Movimiento Puro”) en la cual las mujeres tienen limitado el número de palabras diarias a tan solo 100, pudiendo reducirse como castigo o llevarte a una especie de campo de concentración. Si te pasas de ese número, una pulsera te hace una serie de descargas eléctricas que se hacen insoportables. La Dra. Jean McClellan, que es la narradora, debe asumir su nuevo rol de ama de casa cuidando de sus hijos Steven, Sonia, Sam y Leo, además de su marido Patrick. Todo ello sin levantar la voz (o pasarse) con el objeto de convertirse en una verdadera Mujer Pura, lo que martiriza a Jean McClellan que trabajaba como una cualificada neurolingüista y esta dictadura se ha convertido en un tortura para ella y el resto de mujeres del país. Jean debe asistir a la complacencia de su marido ante las atrocidades que se cometen y como su propio hijo mayor, Steven, está cada vez más envuelto en el Movimiento. Los comentarios en la mesa mientras cenan son hirientes y ofensivos, quizás como los de cualquier adolescente rebelde, pero aquí sin posibilidad de defenderse. El propio Steven aprende que el sitio de las mujeres es el hogar, siendo sumisas y aceptando su misión divina. En un momento dado, unos representantes del Movimiento vienen porque el propio presidente necesita la ayuda de un neurolingüista y recurren a ella, entre otros. Es su oportunidad de hacer algo útil, fuera de su papel obligado en la casa. Con reticencias, Jean decide aceptar el trabajo. En un búnker secreto donde se trabaja para encontrar una cura, la protagonista encontrará un viejo amante, Lorenzo, con el que empezará a plantearse aún más su vida.

Lo único que hace falta para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada.

En un principio, esta primera novela de Christina Dalcher tenía todos los ingredientes para interesarme: distopía, lingüística, una heroína que tiene que superar todos los obstáculos habidos y por haber y que busca convertir a las mujeres en un una mera figura doméstica. Es una premisa asfixiante, dura y posible. No sería la primera vez que una dictadura religiosa suprime una parte de su población, no sería la primera vez que las mujeres se ven obligadas a ser madres y criadas sin ningún derecho ni voto en el futuro de sus hijos. Me gustan del libro ciertos detalles como la exposición del efecto que tiene en una niña pequeña la imposibilidad de hablar y de tener una educación limitada, qué problemas a nivel cognitivo puede generar. También me parece muy acertada la imagen que se crea en el sector privilegiado (en este caso, los hombres) del otro sector: las ven como personas que ya tienen suficientes derechos, que se quejan simplemente por crear un problema y que no cumplen la ley porque son criminales. En un momento de la novela asistimos a un momento de delación bastante duro, que es una prueba más de de lo injusto que es una sociedad así pero de eso solo te das cuenta cuanto te afecta directamente a ti. En general, la novela tiene muy buenas ideas y los personajes muy bien definidos. El hijo mayor totalmente adoctrinado por el movimiento que es capaz de despreciar a su madre por ir contra el poder, el padre que intenta controlar la situación con su mujer sin dejar de ser obediente con el régimen, la hija pequeña que está creciendo con varios problemas y que un momento dado ejemplifica perfectamente lo que es adaptarse a esta situación: en un parte de la novela, asistimos al triste episodio en que a Sonia se le da un premio por ser la alumna que menos palabras ha dicho, lo que la llena de orgullo. A su madre, y al lector, de rabia y pena.

Y sin embargo, un libro con tan buena premisa no me ha gustado. Por un lado está el hecho del parecido tan evidente con otras distopías que todos hemos leído o visto. Siempre hay algo original en todas, al menos para que funcionen, y aquí es la lingüística. El problema es que me parece que muchas veces está metida con calzador. Se entiende que la protagonista tiene un trabajo y una misión relacionados con este campo, pero lo explota en situaciones que a mí me sacan de la trama, siendo yo mismo un amante de este tema. Luego está la relación en el laboratorio con Lorenzo, que me parece de todo menos natural. En general, casi todos los personajes están a medio dibujar, especialmente los hombres. Es algo lógico, estos son los culpables de la situación, bien por acción o bien por omisión. Aún así me parecen todos personajes bastante estereotipados y aburridos. Ni siquiera los villanos puros tienen ese encanto que te haga odiarlos. Y luego está toda la parte final que me ha parecido no estar a la altura de lo que prometía, un thriller normalito con un final precipitado y algo decepcionante.

De la novela me quedo con las ideas principales, con bastantes citas a retener y que te hacen plantearte que un mundo así no está tan lejos (eso es la misión de la ciencia-ficción y la distopía) y con la primera parte del libro.

“sometimes I said sometimes I hear my voice And it’s been here Silent All These Years” Tori Amos

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