Estado de mi nación lectora (VI): Lecturas de agosto

Me he encontrado a bastantes lectores que han dicho que no podían concentrarse durante el confinamiento de esta primavera. Estamos hablando de estrés, de ansiedad por la incertidumbre del confinamiento y de lo que podría pasar después. No es sencillo ponerse a leer cuando tu trabajo está en peligro o tu salud. O las dos cosas. Decía Italo Calvino que “la lectura es un acto necesariamente individual, mucho más que el escribir. Admitiendo que la escritura logre superar la limitación del autor, sólo seguirá teniendo un sentido cuando sea leída por una persona aislada y atraviese sus circuitos mentales”. Pues bien, en este tiempo tan extraño la soledad no era, quizás, algo que realmente nos hiciera mucho bien. Buscábamos la compañía de los que nos rodeaban, y si no, la de aquellos al otro lado del zoom o cualquier otro programa parecido. Leer exigía una dedicación y un ejercicio de concentración que no todo el mundo podía tener. A mí no me pasó, seguramente porque yo ya había tenido un entrenamiento previo. Como dicen en mi pueblo: “ca’uno es ca’uno y ca’ do’ una canoa”.

Este mes de agosto ha sido difícil para mí. He tenido una pérdida importante y al principio de mes mi cabeza estaba cualquier sitio, menos en el que tenía que estar. El caso es que para mí leer siempre ha sido un momento de paz, un refugio, un lugar feliz. El que la tele me acompañe es algo que no suelo hacer, soy más de radio, y los libros ocupan esa distracción. Sin embargo, me ha costado mucho seguir esa dinámica este mes. Supongo que como a cualquiera. Pero como he dicho, leer es mi forma de escaparme y de evadirme. Adoro el cine y también me dejo llevar por una película, pero el libro, el libro me lo llevo a cualquier parte. Ahí hago mi parada que pueden ser de cinco minutos mientras me tomo un café, o de dos horas mientras se hace de noche. Me costó volver a leer, pero encontré el libro adecuado en el momento oportuno y este me salvó. Como siempre.

Toda esta introducción parece que no tiene nada que ver con un resumen de lecturas mensuales, pero así son las cosas en este blog. El divagar es marca de la casa. Este agosto sigo, como todo el año, con el reto de Javier Miró en su Liga de las Lecturas Extraordinarias, leyendo cosas variadas y entretenidas (adelanto: este mes me he centrado en la evasión) y hemos vuelto a tener tertulia del club Qwerty, con una novela que dio mucho juego. Vamos con ese repaso:

  • “Sistemas críticos” (Diarios de Matabot 1), de Martha Wells. Una novela corta de ciencia ficción con un personaje principal (Matabot) lo suficientemente interesante como para que vuelva a leer más. Un robot como protagonista puede aportar puntos de vista muy curiosos. La autora tiene una larga obra detrás, pero es con esta serie con la que empieza a publicarse en España.
  • “L’empire des signes”, de Roland Barthes. Un precioso librito de la editorial Points Essais. No es tanto una guía del Japón, como una serie de textos en los que el filósofo y semiólogo francés habla sobre las sensaciones y la extrañeza que le provocaban la cultura nipona y, sobre todo, su lenguaje.
  • “Alejandro Magno”, de Mary Renault. La historiadora y novelista británica tiene una famosa trilogía de novela histórica dedicada a Alejandro Magno (Fuego en el paraíso, El muchacho persa y Juegos funerarios), pero este libro es una biografía más aséptica. Muchos datos condensados en un texto relativamente corto (256 páginas) pero que te abre el camino para nuevas lecturas. Es posible que se haya quedado algo anticuado (1975), pero sigue siendo una vida apasionante.
  • “The Boys. Omnibus. Vol.1”, de Garth Ennis. No estoy leyendo mucho cómic este año. Como todo, esto también va por rachas. Esta vez me he centrado en dos cómics de los que estoy siguiendo su adaptación televisiva. La serie de Amazon Prime es muy gamberra, pero la historia de Ennis lo es todavía más. Salvaje y divertida.
  • “The Umbrella Academy. Vol. 2: Dallas”, de Gerard Way y Gabriel Bá. Segundo cómic basado en otra serie. En este caso, The Umbrella Academy está en Netflix. Era (y soy) muy seguidor del grupo My Chemical Romance, por lo que no dudé en lanzarme a leer cualquier cosa que publicase su cantante, Gerard Way. A lo mejor esto no tiene mucho sentido, pero oye, es lo que hice. Leí su revisión de Doom Patrol (ahora también en HBO) y el primero de la Umbrella Academy. Este segundo volumen coincide en parte con la segunda temporada de la serie. El cómic tiene identidad propia para disfrutarlo gracias a los dibujos del brasileño Gabriel Bá, que le da una visión muy distinta a la de la serie.
  • “Como una historia de terror”, de Jon Bilbao. Recopilación de cuentos del autor asturiano, en el que ya me había fijado de un tiempo a esta parte. No todos los relatos me han gustado, pero sí demuestran que Jon Bilbao es un escritor que iba a dar mucho que hablar. Mi favorito es el último y el que da el título a la recopilación.
  • “The illustrated Man”, de Ray Bradbury. Este mes se cumplía un siglo del nacimiento del gran Ray Bradbury. Nada mejor para celebrarlo que leer algunos de sus cuentos. Me he puesto con esta colección de cuentos con un hilo argumental tan extraño como un hombre repleto de tatuajes (que él no quiso hacerse) y cuentan historias del futuro. Hay de todo, como en cualquier colección de relatos, pero la mano de Bradbury siempre deja momentos brillantes. Zero hour es mi favorito de los 18 que forman esta colección.
  • “Diario del Viajero” y “Virus Z”, de Iván Gilabert. En cinco días me leí estos dos libros del autor barcelonés. Son de esos que te enganchan desde el principio, con personajes atractivos y giros de guión sin que creas que se están riendo de ti. Diario del viajero es más un thriller de ciencia-ficción que una novela de supervivencia zombie, como es el caso de Virus Z. Creo que se pueden leer de forma independiente, sobre todo porque esta segunda parte de la bilogía del viajero te pone en antecedentes rápidamente. Quizás prefiera la primera parte,me gustó más la parte de thriller que la de muertos vivientes que aparece como una amenaza en la primera y una presencia total en la segunda. He visto algunos errores en estos libros, errores gramaticales que se podrían subsanar en una futura edición.
  • “El jardín de bronce”, de Gustavo Malajovich. Este thriller fue el elegido para la tertulia del mes en el club de lectura Qwerty. Es la historia de la desaparición de una niña y la angustia que provoca. Además de mantener la tensión durante más de 500 páginas ( me lo leí en dos días), también plantea problemas morales y suscita debates. Recomendable.
  • “Momo”, de Michael Ende. Momo fue el libro que me sacó de mi letargo. Volver a leer esta obra cargada de simbolismo, pero tan sencilla, con los ojos de un adulto es una experiencia maravillosa. Me lo leí de un tirón, pero haciendo pausas para tomar notas que comentaré en una entrada posterior en el blog. Pero me lo leí como lo había hecho 30 años antes. Este 28 de agosto se cumplieron 25 años de la desaparición del gran Michael Ende y mi intención era la de dedicarle un podcast homenaje, además de volver a leer sus obras principales.

No ha estado mal este mes de agosto, quizás uno de los más raros que hemos vivido, como todo este año. En mi caso ha sido un periodo difícil, pero los libros me ayudaron a recordarlo con algo más de cariño. A ver qué tal se nos da este septiembre que pinta tan incierto como todos meses anteriores.

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