No mires atrás con ira o cómo las lecturas salvaron mi 2020

Se acabó

Ya está, adiós 2020. So long, and thanks for all the fish. No va a cambiar mucho el mundo, pero mentalmente nos viene muy bien dejar atrás este número tan redondo que resultó ser una trampa. Que ha sido el año más raro de la mayoría de todos nosotros, cuando no el peor, eso ni cotiza. Que para algunos no habrá sido un periodo tan malo, eso también hay que tenerlo en cuenta. En mi caso, yo estoy en el primer grupo con matices. Debido a mi situación personal, el confinamiento no me supuso un gran cambio al principio. Luego se demostró que todo pasa factura, pero no hablemos de eso ahora. Para mí no fue un problema tener más tiempo para dedicarle al cine, a las series, a arreglar enchufes y… a leer. Según Goodreads, este año he leído 152 libros y más de 38000 páginas, lo que viene a ser casi el doble con respecto al año pasado. Es verdad que lo que importa no es la cantidad, sino la calidad. Y con los libros, esta máxima siempre se cumple.

Balance literario del 2020

Este año ha estado marcado por mi incursión en los clubs literarios de Telegram y a las lecturas conjuntas. Leer con otros siempre ha sido un placer. Nunca se valora lo suficiente todo lo que se puede aprender de comparar opiniones con otros lectores, afines o no. Por supuesto yo ya estaba en el Club Qwerty, donde seguimos leyendo un libro al mes desde hace ya unos cuantos años. Gracias a este club he podido leer clásicos que tenía apartados como Los mares del Sur, de Vázquez Montalbán, o Frankenstein (que era relectura para mí). También descubrí thrillers atípicos como El jardín de bronce o El Chef ha muerto. En definitiva, una reunión de amigos en la que nos hemos hecho compañía, además de echado unas risas. Y que continúa: para este mes tenemos que leer nada más y nada menos que la Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.

En plena pandemia me hice patreon de Insólita, donde he descubierto una comunidad de lectores de literatura fantástica, ciencia-ficción y de terror enorme. Estoy encantado con la cantidad de consejos y recomendaciones. Mi cartera no lo está tanto y la pila de pendientes no para de crecer, pero sarna con gusto no pica. He leído dos libros de la editorial: Ciudad nómada, rebaño miseria (aquí la reseña) y Ojalá tú nunca (otra reseña), y ahora mismo estoy leyendo Meddling kids, de Edgar Cantero. Me encanta el tipo de literatura que nos trae esta editorial.

Mi primera lectura conjunta la hice gracias a Gema Moratalla y su grupo de Telegram. Fue Los cuclillos de Midwich, de John Wyndham, el libro en el que se basó la película El pueblo de los malditos y su posterior remake de John Carpenter en 1994. Tenía mis dudas con lo de la lectura conjunta, esto de seguir un patrón no va mucho conmigo, pero la verdad es que se disfruta mucho. Tanto que me he metido a cinco lecturas conjuntas en enero. Una locura, pero de las buenas. Poco después me apunté al Club literario Atreyu, un club con base en Telegram donde se organizan muchas lecturas conjuntas de todo tipo. En diciembre me inicié con ellos leyendo Rebecca y Asesinato en el Orient Express.

También participé en el reto lector de La liga de las lecturas extraordinarias, de Javier Miró. Consistía en sumar puntos según el tipo de libros que leyeses y siempre se destacaba si salías de tus libros habituales. No sé si ha sido por este reto, pero desde luego ha funcionado. Este 2020 ha sido, sin duda, mi año más variado.

Como reto personal, me había puesto la meta de leer 20 novelas de ciencia-ficción en este 2020. Lo he conseguido por los pelos, apenas 21, lo que demuestra la variedad de géneros de este año. Entre las novelas que han destacado están la trilogía Binti, The Illustrated Man, Babel-17 o La Guerra Interminable. Ha sido un buen año de ciencia-ficción, desde luego.

Por último, me he animado a escuchar audiolibros de manera regular. He aprovechado las ofertas de Storytel y Audible para ir “leyendo” mientras hacía deporte, limpiaba el baño o caminaba dos horas entre la cocina y la habitación hasta conseguir el mínimo de pasos diario. El confinamiento y sus TOCs. Empecé con un libro sobrecogedor: La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger, para luego seguir con On writing: A memoir of the craft, leído por el mismo Stephen King (este lo recomiendo encarecidamente) o la última novela de Elena Ferrante, La vita bugiarda degli adulti.

Algo que he dejado de lado este año han sido los cómics. Al menos en parte. Apenas he leído unos 20, una cifra muy, pero que muy inferior a la de otros años. También me he olvidado un poco de la poesía, algo que quiero retomar y convertirlo en una costumbre. Como punto positivo es que he vuelto a escribir. Sobre todo han sido microrrelatos, algunos no tan micro, y poemas. De momento no son gran cosa, pero como elemento catalizador han sido realmente útiles.

Leer en tiempos de Covid

Como digo en el título, leer me ha salvado el año. Durante el confinamiento me quedé solo en casa durante dos meses por razones que ahora no vienen al caso y el poder ponerme a leer un libro, sin televisor o radio que me metiera más desasosiego, fue todo un placer. No tuve ningún problema en leer ficción sobre pandemias y mundos post-apocalípticos. Ahí cayeron Anna, de Niccolò Ammaniti, o el cómic Extremity, y muchos más. También he leído ensayos como L’empire des signes, de Roland Barthes, Afrofuturism: The World of Balck Sci-Fi and Fantasy Culture, de Ytasha Womack o The Age of the Vikings, de Anders Winroth.

¿Sabéis aquello que dicen que con los libros puedes viajar? Este año nos ha hecho falta más que nunca. Empecé el año en una isla semiabandonada cerca del Polo sur en La pell freda, viajando de planeta en planeta buscando a un enemigo desconocido en Babel-17, me pasée por las calles de Estocolmo recordando la Grecia de la infancia en Otra vida por vivir, el Hong Kong colonial de los años 20 en Incienso o el Antiguo Egipto con Ramsès: Le fils de la lumière. Estuve en la Sicilia de Camilleri, seguí hasta el Ártico al monstruo creado por Mary Shelley, me moví por el Golfo del Misisipi en La canción de los vivos y los muertos y me volví loco con los cocoteros de Papúa Nueva Guinea en Imperium. Por supuesto, no me olvido de los viajes temporales de This is how you lose the time war o montado en una locomotora viviente junto a Jim Botón y Lucas el Maquinista. He leído en castellano, francés, italiano, catalán e inglés. También he tenido varias decepciones como Voz, de Christina Dalcher u Ojos de muñeca, de Ingrid Desjours. Ha sido el año de Rodari, pero también de Henning Mankell y de Michael Ende. Por último, me he encontrado con relecturas fantásticas que no han hecho sino confirmar el cariño que sentía hacia esos libros, como Persépolis o Momo. Y no me quiero olvidar del libro que me ha acompañado más tiempo: El camino de los Reyes, de Brandon Sanderson. Dos meses tardé en formar parte de los lectores Cosmere. No fue quizás todo lo atractivo que esperaba, pero sí me picó la curiosidad con la suficiente intensidad como para volver.

En definitiva, este ha sido un gran año de libros, con su crisis lectora incluida. No podía ser de otra manera. No tengo pensado hacer ningún ranking en especial de los libros que más me han gustado, como mucho comentar algunos que me hayan marcado de alguna manera, al fin y al cabo cada libro tenía su momento especial. Esperemos que este 2021 siga la racha positiva. En todos los sentidos.


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