Relato: Funcionarios de la Federación

He empezado un taller literario de ciencia-ficción y otro de fantasía. Voy a ir publicando en el blog los relatos que vaya entregando en el cursillo, aunque solo sea para que queden en alguna parte. Este es el primer relato que escribí para el curso de ciencia-ficción. No había ninguna premisa, solo unas 1000 palabras.

FUNCIONARIOS DE LA FEDERACIÓN

Tenían razón. Pocas cosas había más desagradables que un funcionario eutkoo. Era repulsivo verlos, escucharlos y, lo peor de todo, soportar su hedor.

– Nomak Clovis. Humano. Procedente de Letrina Azul – me dijo el eutkoo de la derecha, sin apenas levantar ese cilindro que tenía por cabeza.

– Tierra, si no le importa – le respondí, intentando demostrar que no me iban a amedrentar de primeras.

– Usaremos la terminología oficial. Los endónimos que usan en su planeta no tienen validez en el resto de la Federación – contestó con frialdad el eutkoo de la izquierda. En realidad no esperaba otra respuesta, pero aún así lo intenté.

– Ustedes se llaman eutkoos en todas partes, así que no entiendo…

– Si desea que Letrina Azul cambie de nombre solo tiene que rellenar el formulario 37549₸⃝₼-Z – soltó de nuevo el de la derecha, con algo parecido a una sonrisa en eso que podría ser una boca o cualquier otra cosa.

– No, déjelo. No viviré tanto.

Eran tan desagradables como inflexibles. Supongo que eso los hacía perfectos para llevar toda la burocracia de la Federación. Es imposible reconocer emociones con esa cara de excremento de rok, pero seguro que disfrutaban con todo este papeleo insufrible. Los veo moviendo sus dedos sobre el puesto de organización digital, buscando cualquier cosa para desesperarme aún más.

He tenido que venir hasta las oficinas de Recolocación por un conflicto de intereses. Parece ser que no está bien visto que negocie mis propios precios con los mineros de un planeta que tiene exclusividad con la Federación. Parece ser que tampoco es muy legal hacerlo con una nave de la policía federal y menos aún, ser un agente de la policía federal. Tampoco pagan tanto como para no buscar ingresos alternativos, pero escamotear mineral artio a los jefes no estaba muy bien visto.

– No sirve demasiado justificar sus ilegalidades en su propia mente, Nomak Clovis.

Sí, los eutkoos también son telépatas. Ya lo he dicho, no hay nadie más indicado para este papel. Ni siquiera me molesto en contestar, porque seguramente ya han percibido lo que quería decir.

– Nomak Clovis – me lanza uno de los eutkoos casi a traición –  su pertenencia al cuerpo de la Policía Federal Sideral ya no es aceptada y abandonará su puesto de manera inmediata. También deberá devolver todo los bonos que ha ido ganando en el último año. Tiene dos horas para hacerlo o se le derivará al Tribunal Federal. ¿Alguna pregunta?

Habían sido benévolos, no me podía quejar. Tampoco sabría cómo. Supongo que la pregunta era obvia.

– La pregunta es dónde voy a ser recolocado.

– Asegúrese de devolver los bonos, eso es lo importante.

Al contrario que estos funcionarios, los humanos tenemos una forma bastante evidente de mostrar las emociones, así que no hizo falta que pensara nada para que el eutkoo (o los eutkoos porque realmente es difícil saber si habla uno o los dos al mismo tiempo) me respondiera con la frialdad que les caracterizaba.

– Nomak Clovis. No tenemos su puesto recolocado. No se le ha asignado ninguno. Se va a convertir en un individuo libre dentro de la Federación.

Esto no figuraba en ningún manual que yo hubiera visto. Los eutkoo cumplían escrupulosamente con las normas y nadie podía ser individuo libre dentro de la Federación sin un permiso especial. Ser individuo libre me abría un enorme campo de posibilidades. La primera, la posibilidad de largarme de aquí. Intenté disimular un poco mi cara de sorpresa y procuré mirar a lo que parecía un ojo de uno de los eutkoos.

– No entiendo. Siempre hay una recolocación. Debe de haber un error. Quizás no llegó la orden o tal vez os habéis equivocado. No quiero parecer desagradecido, ni mucho menos, pero tampoco quiero más problemas. Yo …

– Nomak Clovis, disculpe que le interrumpa – soltó de repente uno de los eutkoos con esa voz sacada de un motor averiado – Nosotros no hacemos nada más que informarle de su situación y tramitar las consiguientes formalidades. Usted será un individuo libre y podrá hacer lo que quiera. Lo que quiera menos ser Policía Federal, evidentemente.

Me pareció entender una especie de risa ahogada, pero era demasiado difícil concentrarse con el plan que me estaban proponiendo. Demasiado bueno para ser cierto. Demasiado atractivo para que lo propusiera un eutkoo. O dos. Ya os digo que no sé muy bien diferenciarlo.

– Nomak Clovis – y ahora sí que di un respingo. La voz sonó menos cavernosa, casi agradable – sabemos que está sorprendido, pero recuerde que nada es casual en la Federación. Ni siquiera la misma Federación. El contrabando de artio ha sido mucho más beneficioso para nosotros que para usted. Es nuestra forma de decir gracias. Puede retirarse. Devuelva los bonos. No se olvide.

Una pequeña luz verde anunciaba el fin de mi estancia en ese lugar, que ya me parecía oler tan mal. Para nosotros. No había caído en ello, pero sí que es extraño. Los eutkoos no usan nosotros cuando hablan de la Federación. Son las pegas de la esclavitud y la explotación laboral, supongo.

– Pero, ¿a quién he ayudado exactamente? ¿A la Federación?

Los eutkoos dejaron de mover los dedos sobre el puesto de organización digital y me miraron. O al menos, eso creo.

– Nomak Clovis, usted ya es un individuo libre de la Federación. Lo que no podemos asegurar es que la Federación vaya a durar mucho más. Le aconsejo, por su bien, que aproveche su carta de libertad para volver a Letrina Azul … a la Tierra, como ustedes la llaman. Otro sinsentido más de los humanos.

Ahora sí que me estaba preocupando.No entiendo, ¿qué le va a pasar a la Federación? ¿Qué tiene que ver el artio?

– Nomak Clovis. No era artio, no todo ello al menos. Nada es lo que parece, ni siquiera nuestra cara de excremento de Rok. Piense en ello cuando vuelva a su planeta. Tómeselo como una segunda oportunidad. Otros no la van a tener.

No necesité nada más. Solo me levanté y me dirigí a la salida sin preguntar nada más. No sabía si había hecho bien, si había sido utilizado o si era otro juego de la Federación. Ni siquiera si la propia Federación seguiría existiendo antes de que llegara a la Tierra. Dejé mis bonos en la entrada pensando que algo muy gordo iba a pasar por mi culpa. Tampoco me importaba demasiado.


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