Relato: Un día en la vida de un vigilante de la isla Rauko

Este es el segundo relato que escribí para el curso de literatura fantástica de Caja de Letras.  En esta ocasión, la premisa era crear un relato que contara algo de manera verosímil, por muy disparatado que fuese. Además, opté por crear un relato sin narrador, todo a través de los diálogos y sin ningún tipo de explicación salvo la que dan los personajes. Lo hice tras haber leído la novela «El beso de la mujer araña», de Manuel Puig. Por supuesto, no tienen nada que ver. Eso sí, me lo pasé muy bien escribiéndolo. 1100 palabras.

Fotografía de Erik Nissen Johanssen

UN DÍA EN LA VIDA DE UN VIGILANTE DE LA ISLA RAUKO


– Hey, ¡muy buenos días! Qué alegría ver gente por aquí, maldita sea. Hacía ya semanas que no venía nadie. ¡Bienvenidos a Isla Rauko! Yo la llamo Isla Rata, la verdad, jajaja. Un momento, esto no saldrá en el vídeo, ¿verdad? A mis jefes no les gustaría.

– Buenos días, señor Finley. Muchas gracias por el recibimiento. Yo soy Marta Romero, la persona encargada de entrevistarle. Este es mi compañero Tom Robson, el cámara que nos acompañará. Ya sabe que venimos del Canal Horizons, como le comunicamos en los mensajes que le hemos ido enviando. Ha sido usted muy amable en admitirnos.

– No hay problema, Martha, Tom. Lo único, los jefes, pero si ellos han dicho que sí, ¡yo encantado!

– Genial, gracias. Es…bueno…es Marta, no Martha. Soy de origen español y …

-¡De origen español! Yo estuve una vez en España, hace mucho tiempo. Es una historia curiosa. Luego os la cuento si queréis, en la cena, que tampoco … ah, ¿ya empezáis a grabar?

– Sí, Tom quiere registrarlo todo desde el principio. No es que tengamos tanto tiempo, ya sabe. Mañana vienen a buscarnos para volver a Midway. No hemos podido conseguir más. Ya estas 24 horas son todo un regalo, señor Finley.

– Llamadme Roy, que lo de señor Finley me recuerda a toda esa burocracia absurda que odio rellenar. Vamos a dejar vuestras cosas en las habitaciones y podemos empezar. ¡Hay que aprovechar el tiempo, sí señor!

                                                                    ***

– Tom, ¿lo tienes todo listo? ¿Podemos empezar? Estupendo. De acuerdo, Roy. De nuevo le damos las gracias desde Horizons por aceptarnos en su isla y hablarnos de su trabajo.

– Gracias a ti, Marta. Encantado de recibiros. No sé si será muy interesante lo que tengo que decir, pero haré lo que pueda.

– Oh, ya lo creo que sí. ¿Cuándo empezó a trabajar en Isla Rauko? Creo que no lleva demasiado tiempo.

– Pues empecé … estamos en mayo…hace unos 6 meses, poco antes de Navidad. Muchos me preguntaban si me importaba pasar las fiestas solo, pero solo de verdad, ya me entiende. Pero aquí estaba muy bien. Tengo mi tele, mi internet que funciona cuando quiere, mis libros, mi ukelele…no me falta de nada.

– Parece un poco duro así de primeras, Roy, pero veo que se lo toma con filosofía.

– Me pagan bien, Marta. Pero no me pidáis más detalles, jajaja.

– Bueno, algo es algo. Y, dígame, ¿cómo es vivir en una isla de 15 kilómetros cuadrados, sin nadie más que usted y los animales que puedan venir?

– Trabajo no me falta. Hay que llevar un control de la fauna local, que está formada principalmente por albatros, sulas, alguna foca de vez en cuando; también la poca flora que hay, apenas unos árboles frutales que trajeron para que esto pareciera más acogedor. Yo nunca he sido muy granjero ni jardinero, pero todo se aprende. Y, por supuesto, hay que hacer el mantenimiento de todas las instalaciones. No sé si Tom lo habrá grabado ya, pero son muy grandes.

– Justamente quería preguntarle por eso, Roy, además del faro y la casa del vigilante, que no son pequeños, también podemos apreciar una especie de hangar de dimensiones sorprendentes. Sobre todo, si lo comparamos con el tamaño de la isla.

– Así es Marta. Allí es donde desarrollamos parte del trabajo cuando vienen a traerme suministros una vez al mes. Por desgracia, eso no se lo puede enseñar por dentro. Pero no se preocupe, no es mucho más especial que una nave industrial en Milwaukee.

– Pensaba que íbamos a tener acceso a todas las instalaciones…

– Sí, bueno, entiendo que esta instalación no es del todo oficial. Yo también me sorprendí cuando llegué. En cualquier caso, la Isla Rata tiene cosas mucho más interesantes y difíciles de ver. Por ejemplo, ¿sabéis que aquí se juntan tres especies de albatros y conviven en perfecta armonía? Eso no es tan senci…

– ¿Qué es ese ruido? ¿Tom, lo has escuchado? Pero qué… es como la sirena de un barco … ¡Roy!

– ¿La sirena de un barco? Creo que has montado en pocos barcos, me parece a mí. Oye, Tom, a mí me da igual que grabes, pero no creo que te lo dejen llevar a la tele.

– Tom, no dejes de grabar. Roy, qué ese ese ruido. Eso no es un albatros, aunque no sé qué ruido hacen los albatros, ni siquiera sabía que había tres tipos…

– Mira no lo esperaba tan pronto. Se ve que algo les ha sentado mal. Mira, Marta. Además de los albatros, los árboles frutales, las cañerías, limpiar los baños y ver la tele, además de todo eso hay una función muy importante de la que me tengo que ocupar cada dos o tres semanas. Por ahí viene uno. ¡Toma ya, si es August!

– AAAAAAHHHHHHH!

– Vamos, tranquila, no pasa nada. Es August, un kaiju que vive cerca. Este es de los pequeños, 16 metros mide de alto. Si vieras a Kalidjak… Tom, recoge la cámara que eso debe valer una pasta. ¿Es tuya o del canal?

– ¡ROY! ¡QUÉ COJONES ES ESTO!

– Es un kaiju, un monstruo como el de las películas. Un Godzilla pequeño. Pero es inofensivo, chicos. No os va a hacer nada. Mira, así aprovechamos para acercarnos a una de las casetas de la costa donde tengo el material.

– Yo no me muevo de aquí, Marta, ¡qué puta broma es esta!

– Tom, tranquilo, hombre. No pasa nada. Marta, confía en mí. Que es inofensivo. Es su forma de avisar que necesita ayuda. Seguramente me toque hacerle una limpieza dental porque se le habrá quedado algún resto. Es lo que hago. Soy el dentista de cualquier kaiju que quiera pasarse por aquí. Antes no lo hacían, pero creo que estos monstruos se han acostumbrado a lo bueno. A fin de cuentas, ¿a quién no le gusta que lo dejen limpito?

– Esto no puede ser cierto…

– Sí, mujer, que esto lo hacemos en varios puntos del Pacífico. Los dientes, las uñas, alguna herida superficial…vamos, que no me aburro. ¡TRANQUILO, AUGUST, QUE YA VOY! Si es una herida más grande ya pido ayuda y los metemos al hangar. Es como nuestro superquirófano.

– Roy…

– Venid conmigo sin miedo, chicos. ¿Cuándo vais a tener la oportunidad de ver una limpieza bucal a un kaiju de cerca? Eso sí, agradable no es. Huele peor que un estercolero al sol. ¡AUGUST, QUÉDATE AHÍ, JUNTO A LA CASETA! ¡BUEN CHICO! ¿Venís o qué?

– Sí, Roy…dame un minuto que controle los nervios. A…Ahora vamos…Tom, por tu padre, no dejes de grabar…

– Me dan miedo los lagartos, Marta…

– Qué angustia de hombre, por Dios… ¡YA VAMOS, ROY! ¿ESO ES UN CEPILLO DE DIENTES?


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s