¿Existe aún el placer de la lectura pausada?

 Esto de tener vacaciones, te permite ver la vida de una manera diferente. Sobre todo, cuando tus mayores aspiraciones se basan en salir con la bicicleta, dormir la siesta, darse un chapuzón y tomar una cerveza, o las que sean, con los amigos. Tranquilidad, sosiego y recargar baterías. Sin embargo, hay algo que he notado en estas vacaciones, y es mi poca capacidad de concentración. Es curioso como ahora que tengo más tiempo que nunca para leer, no soy capaz de hacerlo. O, al menos, de hacerlo con todas las ganas con las que desearía.

He empezado varios libros este verano, estoy a punto de acabar el más corto “Ancho mar de los sargazos” de Jean Rhys, y los demás los intentaré acabar más pronto que tarde. Pero me he dado cuenta de una cosa, no me podía concentrar para saborear la lectura como dios manda. No era capaz, yo mismo me buscaba las distracciones: televisión, móvil, internet…era como si no me bastara con el libro y necesitara más estímulos  cortos y rápidos. A esto, al parecer, se le llama “Twittear la literatura”. Me he puesto como meta terminarme esta semana “El tambor de Hojalata”, de Günter Grass. No sé si podré armarme de paciencia para acabarlo y no por falta de calidad del libro, sino por falta de calidad del lector. Creo que estoy cayendo en la enfermedad de la prisa tecnológica actual, del necesitar información distinta lo antes posible, sin ni siquiera estar completamente seguro de haber comprendido lo anterior.
Todos estas ideas estaban rondando mi cabeza pero no me había parado a pensarlas con claridad hasta que me he topado con el blog  Immagini & parole, donde Andrea Giorgio hablaba de este tema en su última entrada. No se refería sólo al leer una buena novela, a digerirla y entender qué has aprendido y sentido con ella, también hablaba de como entendemos la información. ¿Somos capaces de leer un artículo de prensa o nos quedamos en los fogonazos de los titulares? Esta mañana me he puesto a leer el periódico, todavía no había encontrado el blog de Andrea, y me he puesto a leer saltando sistemáticamente de noticia en noticia, parándome a ver alguna foto y poco más. De hecho, no estoy seguro de haberme informado de nada con ese periódico. Todo lo que sé de las noticias de hoy lo he visto en el telediario. Y ahí viene la pregunta: ¿todavía leo? E incluso la puedo extrapolar a más gente ¿se lee de verdad? Evidentemente hay gente que sí, como por ejemplo nuestra compañera blogger Ana, que con su blog “Si me muerdo la lengua me enveneno” prueba que lee y con sus grandes reseñas que entiende perfectamente lo que ha leído. Puedo parecer algo obvio, pero no lo es tanto cuando a mi alrededor me encuentro casos como el mío de forma constante. Andrea hablaba de un autor llamado John Miedema, y de su libro “Slow reading”. Siguiendo con el concepto del “slow food”, Miedema nos remite a una vuelta a la lentitud a la hora de leer. Igual que apreciamos un plato de haut cuisine o los garbanzos de la abuela, lo mismo con una novela de calidad. Deleitarse con cada párrafo e incluso volver a atrás si algo no ha quedado del todo claro. Releer. Qué lejos me quedan estas cosas últimamente.
 Y he seguido buscando información sobre el tema y he encontrado un artículo en The Guardian llamado “The Art of Slow Reading”. Y me ha llamado mucho la atención la primera frase del artículo: “Si estás leyendo este artículo impreso, tienes la mitad de posibilidades de acabarlo. En cambio, si lo estás leyendo online, tienes una quinta parte”. De hecho, y siguiendo con esta idea, dudo mucho que la gente que ha empezado a leer este post haya llegado hasta este punto a la primera. En parte por mi forma de escribir, por supuesto, pero también por esta urgencia del siglo XXI que nos obliga a sintetizar. El artículo dice que “nuestros hábitos hiperactivos online pueden estar dañando las facultades mentales que necesitamos para procesar y entender largos textos informativos”. ¿Somos más estúpidos ahora o qué? Supongo que se habrán desarrollado otras habilidades u otras facultades mentales, no creo que acabemos como en la película Idiocracia…o quizás sí, vete tú a saber.
Yo en mis clases lo tengo muy claro, mis alumnos no se enteran la mayoría de nada de lo que leen. Y no es un tópico, está reflejado en estudios realizados durante el curso. Tiene su lógica, si cada día necesitamos estímulos visuales más frecuentes, como no los íbamos a necesitar textuales. SMS, Tuenti, Twitter (el rey de esta nueva literatura), Facebook, Wikipedia si necesitamos hacer un trabajo de cierta extensión. La realidad es que estamos expuestos a tanta información que el pararnos un segundo a digerirla se hace cada día más difícil. A ver, si queda alguien todavía ahí, haced la prueba. Meteos en el periódico que queráis El Mundo, El País, El Diario Montañés…el que más rabia os de y pinchad en la primera noticia que se os ocurra. Luego responded sinceramente si la hemos leído, comprendido y asimilado. Yo lo he hecho y me he tenido que esforzar, lo reconozco.
John Miedema habla de autores clásicos o contemporáneos con cierto renombre, pero no creo que se refiera sólo a la “buena literatura”. Ahora yo también tengo una idea un poco personal sobre esto. Creo que este aceleramiento en la lectura se refleja también en los libros más leídos y más comentados. Libros de fácil lectura y a mi parecer, de fácil olvido también. Sigo varios blogs sobre libros, que no es lo mismo que literario, y la mayoría de las reseñas suelen ser sobre novedades muy ligeras. Libros donde la acción pesa sobre las ideas, libros muy visuales donde el lector no necesite un esfuerzo extra. No los culpo, al contrario yo pertenezco a ese grupo de lectores…un poco a mi pesar, eso sí. Vampiros, hombres lobo, intrigas palaciegas mezcladas con líos de faldas, la biografía de no sé quien cuyos derechos están adquiridos para no se qué productora y no sé qué actriz está totalmente encantada con irse a las Antillas a rodar…echad un vistazo por los blogs de libros más vistos y lo comprobaréis. Da la impresión que no hay espacio para saborear las líneas y recapacitar sobre lo que nos está diciendo… Pero no me malinterpretéis, no digo que esa literatura esté mal. De hecho suele ser muy entretenida, se lee fácil…quizás ahí está el problema, que no tenemos tiempo para intrahistorias ni para dobles sentidos. 
La verdad es que he escrito esta entrada más por mi, que para denunciar un problema. Siempre me ha gustado leer mucho, siempre me han gustado las librerías y tener tiempo para hojear los libros. Noto que mi atención y mi concentración disminuyen, quizás sea sólo que me estoy volviendo más idiota, lo cual no sería un gran problema. Pero sí lo sería si esto le pasara a la mayoría de la gente, que es lo que me temo.
P.D. Señalaros sólo un blog dedicado al “Slow reading”, el de Tracy Seeley.

P.D. (2) Por supuesto, todo lo dicho arriba son opiniones personales y pueden ser discutidas en cualquier momento. Lo que sí tengo muy claro es que no sólo se encuentra este fenómeno en la literatura. El cine también lo sufre y la música, madre mía…la música si me pongo a hablar sobre la falta de buenos discos completos no paro…os dejo con una de las mejores canciones de la historia…muy del tipo Slow reading..disfrutad de cada nota y de cada susurro de esta versión del  tema de Leonard Cohen por Jeff Buckley

El hombre de la flor en la boca

   Hace unas semanas nos tuvimos que aprender para mis clase de teatro un monólogo. Había para elegir a montones, como comprenderéis la variedad es enorme, desde clásicos hasta contemporáneos, cómicos, dramáticos, trágicos, absurdos…de todo vaya. Entonces caí así por casualidad con esta pieza corta (tan sólo una escena) de  Luigi Pirandello, titulada El hombre de la flor en la boca. Es una pieza preciosa, que partiendo de un punto de un punto quizás banal, llega a plantearse la futilidad de la vida y de sus sacrificios. La pieza, en la que sólo intervienen dos personajes, empieza cuando uno de ellos (El parroquiano pacífico) llega tarde a una estación de tren aislada, y pierde el tren. Allí debe esperar al siguiente tren que le llevará a la costa, donde su mujer y sus hijas le esperan para pasar las vacaciones. Mientras espera entabla conversación un extraño personaje (El hombre) que está pasando el rato. Es un texto bellísimo, sobre todo por las profundas reflexiones que El hombre va haciendo sobre la existencia, la suya propia y lo que nos rodea. En el enlace que os he dejado arriba podéis leer la obra en su integridad, tanto en español como en italiano.
      De esta obra es muy conocido el monólogo final de El hombre… : “….si la muerte, señor, fuera como uno de esos insectos extraños, repugnantes, que a veces uno descubre encima de sí…”, aunque también se suele representar un solo monólogo basado en la pieza que se llama “Sala de espera”.
      Se pueden encontar varias adaptaciones de la obra en dos actos. Pero a mi la que más me gusta es la que hizo el genial Vittoria Gassman para la televisión italiana allá por las 60. Está en italiano y no es fácil seguirlo para todo el mundo, pero si leéis la obra primero y luego véis el video, seguro que no tendréis problemas. Una joya del teatro del siglo XX.

Se trata justo del último monólogo, lo último que dice El hombre antes de irse

Def Leppard & Taylor Swift

Como fan acérrimo de los Def Leppard (High n’ dry fue el primer vinilo que me compré allá por el siglo XIV o así..), no podía dejar pasar la oportunidad que nos daba el programa de la CMT (Country Music Television), Crossroads. Va a dar la impresión que soy un gran fan de la música country….cuando NO es así, de hecho me repele bastante, salvo honrosas excepciones, claro está. Este programa tiene una premisa bastante interesante, el unir un artista o artistas que se incluyan dentro del género country, con otros que estén dentro del rock. No es que sean mundos muy alejados, pero aún así el resultado resulta muy variado desde “me abuuuuuuuuurro” hasta “pero cómo no se había hecho esto antes, ¡por Dios!”. Algunos de los shows más llamativos han sido Robert Plant & Allison Krauss (hay un discazo por ahí que lo demuestra), Kid Rock & Hank Williams Jr., Elvis Costello & Lucinda Williams, Dave Matthews & Emmylou Harris y otros.
Funciona muy simplemente, unos tocan sus temas más significativos acompañados de otros y viceversa. Algunas versiones son realmente interesantes. Los Def Leppard actuaron con la jovencita Taylor Swift, una chica muy mona, con una voz muy dulce, y que (como se demuestra en el video) no le va a quitar el puesto ni Xtina Aguilera ni a Lady GaGa. Entre canción y canción se emite una entrevista-coloquio conjunta y aunque está llena de tópicos, siempre hace gracia ver ciertos comentarios. Por ejemplo cuando Taylor Swift (20 años más menos) dice que su madre era “a huge fan of  Def Lep’ in the 80’s” y la cara del pobre Joe Elliot como diciendo “sí, eran buenos tiempos”. 

Los Leppard están en buena forma, no os perdáis su disco de versiones “Yeah” (2008), una auténtica gozada. Y se les ve muy bien con la pizpireta Swift. Os pongo dos videos. Primero el clásico “Hysteria” de los Lep’ y luego, el hit single de Taylor Swift “Love story” (donde el grandullón Elliot evita decir aquello de …I‘ll be the princess, con bastante soltura)

Marionetas

Una de las cosas que más me atraen del teatro es la utilización de marionetas. Me fascina el poder contar una historia a partir de objetos inertes que cobran vida a través de tu propio movimiento. Siempre recordaré el la escena de “Being John Malkovich” en la que John Cusack juega con una marioneta. Una escena sensacional.

Yo siempre he querido hacer mis propias marionetas, y de hecho lo he intentado, y en cuanto tenga más tiempo lo volveré a “seguir intentándo”, porque lo que es hacer una marioneta…pues solamente una vez, y el resultado fue poco estimulante. El caso es que buscando en la red he encontrado el blog de Cecilia Plaza. Una artista como la copa de un pino. Hizo un tutorial sobre hacer marionetas de lo más ilustrativo. Más que recomendado, yo voy a seguirlo porque tiene unas creaciones realmente espectaculares.

Las 100 mejores películas en lengua no inglesa, porque el cine se divide en eso, inglés y no inglés…ya know?

 Empire es una de mis revistas favoritas (tanto en papel como online). LLevo leyéndola ya muchos años y siempre ha destacado por sus artículos interesantes, intelingentes e ingeniosos. Es inglesa, y por tanto, su principal fuente de información viene del cine americano y del propio británico, aunque suele presentar una apertura al “World Cinema” que quizás no encontraremos en las revistas americanas. Pero no nos engañemos, esto no es “Cahiers du cinéma”.  Para los que no la hayan leído nunca, recomiendo encarecidamente su lectura. Acceder a la página web y buscad algún artículo interesante. No es un inglés fácil, usa muchos giros idiomáticos, los phrasal verbs están a la orden del día y el vocabulario en sí es bastante variado. Personalmente me encanta la sección sobre las 10 mejores….donde se habla de diez momentos del cine relacionados con un tema (los 10 mejores jardineros, las diez mejores peleas, las diez mejores recetas de cocina, los diez mejores trabajos de Troy McClure….)
  La revista suele hace cada cierto tiempo un ranking con las mejores películas de la historia, el último que hicieron fue sobre las 500 mejores películas de la historia.. como todo, es discutible. Especialmente cuando ves que las primeras cinco películas parecen salidas de algún episodio de “Dawson crece”…Pero no se puede negar la participación popular, nada de preguntar a sesudos críticos, que también, las votaciones las hacen los lectores y su opinión cuenta muchísimo.
   A lo que nos ocupa. Este mes, Empire ha publicado las 100 mejores películas del World Cinema, o sea, las mejores películas de habla no inglesa. Si hay alguien que se pregunte cuantas españolas hay…la respuesta es cinco : “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (78), “Un perro andaluz” (65)” (aprovecho para poner el famoso fotograma….)
“Todo sobre mi madre” (53), “El espíritu de la colmena” (23), y “El laberinto del fauno” (5)… Eso es lo que hay, ha tenido que venir Guillermo del Toro para que alguien nos meta en el top 10. Podéis entrar y dar vuestra opinión. Además incluso se puede valorar si cada una de las películas debería estar más alto o más abajo en la lista. Decir además que la nº 1 es “Los 7 Samurais” de Kurosawa, que hay muchas películas orientales, muchas de países del este, sobre todo Polonia (Kieslowski y Polanski tienen muchas cosas que decir pero, obviamente, no son los únicos) y bastante cine africano, lo cual me ha llamado la atención y me he puesto a la ardua tarea de buscar esas películas de Mali o Senegal que mi manifiesta incultura desconocían.
  Apenas hay películas en español, sólo las españolas y la mejicana “Y tu mamá también”…quizás haya alguna más, ahora no la recuerdo, pero desde luego no abundan. Todo el mundo podría decir algo en esta lista, al fin y al cabo es mucho más complicada que dar una lista de las 100 mejores películas así en general, ya que en buena parte íbamos a completarlas con películas made in hollywood. Estoy de acuerdo con la lista de películas incluidas aquí, aunque no con el orden. En los comentarios, los lectores de Empire nombran muchas películas que han quedado excluidas, la mayoría me parecen obras maestras, pero yo incluiría Orfeo Negro (con una banda sonora espectacular, y unas imágenes de Rio inolvidables) y por supuesto, una, dos o tres películas de Berlanga, orgullo nacional donde los haya.
Orfeo Negro:
Plácido (vaya plano secuencia, y luego hablamos de Orson Welles)
Al final, lo que resulta de todo este ranking es la clara distinción que se hace entre el cine entendido por los americanos y el resto del mundo. Desde el punto de vista anglosajón, claro está. ¿Cómo se puede hacer una lista de las 100 mejores películas en lengua no inglesa? ¿Acaso el cine no es un lenguaje universal? ¿Las películas mudas en qué lista entrarían? Esta lista, aunque repleta de obras maestras, está también muy estereotipada, centrada en películas que han tenido una buena acogida en Reino Unido o Estados Unidos, y obviando las que no han dado ese salto. Cierto es que hacer una lista es un trabajo harto complicado, si quieres hacerla con un poco de criterio, pero aún así se ve un regusto demasiado conservador y un poco corto de miras (la número dos es “Amélie”).
De todas formas, yo recomiendo el echarle un vistazo y que cada uno pueda dar su opinión. Y que por supuesto os acerquéis a las que no conozcáis, que seguro que sorprenden. Una de mis favoritas es El salario del miedo (Le salaire de la peur o The wages of fear, de Clouzot, en el puesto 9) que es una auténtica maravilla de thriller psicológico, con una trama centrada en un transporte de explósivos a través de unos ruinosos caminos  en América del Sur.
A lo mejor me pongo hacer mi propia lista de las 100 mejores películas, sin incluir españolas o americanas, a ver que sale…

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Kasey Chambers

Descubrí a Kasey Chambers allás por el 2002 cuando vivía en Irlanda. Allí compraba un par de revistas muy conocidas llamadas  Mojo y Uncut, de gran prestigio ambas, aunque habrá muchos que opinen que si no tienes barba y camisa de leñador, nunca podrás tener una buena crítica de tu disco.

  En fin, el caso es que compré un día la Uncut en cuestión y entre las críticas leí una sobre una cantautora australiana emergente llamada Kasey Chambers, que promocionaba su disco del 2001 Barricades & Brickwalls. Yo me lo compré inmediatamente, aún sin apenas saber nada de la tal Kasey. Ese disco me enganchó desde la primera escucha. Estaba bastante alejado de lo que solía escuchar por entonces, pero la voz de esta aussie, sus letras simples pero emocionantes y esa fuerza que pone hasta en las composiciones más simples me volvieron loco. Hay que decir que si queréis alguna etiqueta para esta mujer, ésa es la de country rock. Su voz, poco habitual en el mundo del pop-rock más cercano a nosotros,  siempre tiene ese timbre tan característico del country, pero queda totalmente incorporado a unas melodías emocionantes.
  Volviendo a Barricades & Brickwalls, aquel disco empezaba con la canción homónima. Recuerdo como sonó la primera vez que la oí, la voz aniñada de Kasey te desorientaba en un principio, para más tarde introducir unas guitarras más propias de un hard-rock. Después viene una de mis favoritas, “Not pretty enough”, una canción preciosa, tierna, sencilla, íntima…una pequeña maravilla. Poco a poco se van abriendo otras pequeñas joyas, como la sugestiva “Nullabor song”, dedicada a Nullabor Plain, una vasta zona bastante árida de Australia Occidental donde se crió Kasey. Desde entonces he seguido la carrera de esta chica con devoción.
  Hija de un cazador de zorros (supongo que en Australia los oficios no son exactamente los mismos que por aquí), de pequeña ya tuvo mucha relación con la música, de hecho su padre era un músico amateur (y muchas otras cosas más por lo que pone su biografía). Cuando era adolescente formó parte de la Dead Ringer Band, acompañada de varios miembros de su familia. Tuvieron cierto éxito en Australia, hasta que a finales de los 90, la joven Kasey se fue por su cuenta. Su primer disco salió en 1999, se llamó The Captain. Luego llegaron los premios, el reconocimiento fuera de Australia, sobre en Estados Unidos donde su estilo tiene más cabida, y en el Reino Unido. Por el resto de Europa, pues no viene mucho la verdad. En el 2004 apareció Wayward Angel, con canciones tan estupendas como “Pony”, “Stronger” y, sobre todo, “More than ordinary” (mi favorita). En el 2006, Kasey publicó Carnival, cuya tema inicial “Colour of a carnival” es de los que te enganchan a la primera escucha, otra obra maestra. Y finalmente, en el 2008, salió Rattlin’ bones, su disco más folk (no quiero decir country porque yo lo metería más cercano al bluegrass o incluso a ciertas músicas más cercanas a lo que entedemos como música celta). Este disco lo hizo con Shane Nicholson, su pareja actual tanto artísica como sentimental, con la que tuvo un hijo en el 2006.
    En el 2009, Kasey sacó un disco y un libro para niños llamado “Little Kasey and the Lost Music”, donde aparece prácticamente toda su familia, e incluso su primer hijo Talon, de tan solo siete años. De momento no hay noticias sobre un nuevo disco en solitario, pero sus conciertos y proyectos paralelos se suceden, aunque siempre en los límites (enormes) de su Australia natal.
En internet podéis ver varios videos musicales y actuaciones en directo. Ésta es una canción que gusta especialmente, “A million tears”. Supongo que Kasey no será del gusto de todos, pero si os acercáis a sus discos, dadle una oportunidad, porque merece la pena.

Million Tears @ Yahoo! Video

P.D. Si buscáis información sobre Kasey, aparte de su página web, podéis echar un vistazo al blog de Camarillo Brillo. Allí encontraréis una entrada dedicada a Kasey con un link donde poder descargar un montón de su material.