El jardín de bronce, de Gustavo Malajovich

Título: El jardín de Bronce
Autor: Gustavo Malajovich
Editorial: Random House (2013)
Encuadernación: Tapa dura
Páginas: 592
ISBN: 9788415725022
*Valoración 8/10

La pesadilla recurrente de cualquier padre o madre: tu hijo ha desaparecido ante tus ojos y apenas puedes reaccionar. Ha sido un segundo, has mirado un momento un coche que ha entrado muy rápido por tu calle, te has puesto a sujetar esa sombrilla que parece que el viento quiere llevarse, has estado comprobando si esa oferta de champús del supermercado merece realmente la pena…y ya no está. Primero intentas mantener la calma, no puede haber ido muy lejos, pero poco a poco vas acelerando el paso, al mismo tiempo que tu respiración, empiezas a levantar la voz entre la gente, o a pedir ayuda una vez superada la vergüenza o la culpa de haber perdido a tu hijo. Estás asustado, todos tus peores miedos ya están fuera de control, ojalá pudieras tener ese poco de sentido común para darte cuenta que el niño solo ha querido ir a hacer pis detrás de aquel árbol o a por esas galletas con chocolate que ha visto en el pasillo anterior. Son minutos, incluso menos, pero la angustia parece eterna. Ni siquiera hace falta que sea tu hijo, este sentimiento es universal, pero es algo que no piensas nunca hasta que existe la posibilidad de que pueda pasar. Ni me quiero imaginar la pesadilla de que el niño se pierda de verdad, o de que se lo lleven. Pues justamente es esto lo que pasa en la novela del argentino Gustavo Malajovich.

El jardín de bronce es la primera novela de este autor, publicada en argentina en el 2012 y en España un año después. Malajovich es un arquitecto convertido en guionista y escritor. En el 2002 fue el guionista de una serie con bastante éxito, Los Simuladores. Aquí se mete de lleno en el mundo del thriller, creando la primera historia del rastreador (que no detective) Fabián Danubio. En el 2018 se publicó la segunda aventura, o el segundo caso, de Danubio, El hombre de niebla. En cuanto a la novela que nos ocupa, HBO realizó una serie de ocho capítulos basados en El jardín de bronce, con bastante éxito y que ya cuenta con su segunda temporada. Ignoro cómo de fiel a la novela es esta serie, he preferido no verla hasta leer el libro.

La historia de este thriller duro y realista transcurre en Argentina, buena parte de ella en la ciudad de Buenos Aires, a principios del siglo XXI. Personalmente, he estado leyendo el libro tomando notas constantemente tanto de las localizaciones (y buscando en google) como del lenguaje usado. Luego hablaré de estos dos aspectos. Fabián y Lila son padres de una niña de cuatro años llamada Moira. Es una pareja que no está en su mejor momento, con crisis continuas y que no auguran nada bueno. Fabián es un arquitecto con un padre que no quiere salir de casa y un hermano que vive en Canadá y que, a pesar de todo, le dice cómo tiene que vivir su vida. Lila es una mujer que añora su pasado universitario, procedente del sur del país. Un día, Moira desaparece con Cecilia, una joven peruana que limpia en casa y cuida de Moira. A partir de aquí toda la investigación se centra en encontrar la niña sin descartar ninguna posibilidad, pero el tiempo pasa y la investigación no parece avanzar. La desesperación de los padres es incontrolable. A lo largo de la historia irán pasando distintos personajes con mayor o menor importancia, a destacar la irrupción del detective privado César Doberti, sin duda uno de los personajes más importantes de la novela.

El jardín de bronce es una novela que te engancha desde el principio. El autor nos presenta unos personajes atractivos y con un halo de misterio de los que no podemos dejar de sospechar en ningún momento. Buenos Aires es una ciudad enorme con una estructura social compleja: policías, gente burguesa con una clara idea de la separación de clases, inmigrantes metidos en problemas, o no, mafiosos traficantes de blancas, vagabundos que intentan ganarse la vida en una ciudad para la que son invisibles. No conozco Buenos Aires, pero la habilidad de Malajovich ha sido crucial para entenderla. Eso y Google Maps. Está claro que los policías no salen bien parados en esta historia. Personal inoperante, con tendencia a la corrupción y a la desidia. El honor recae en los más humildes, quizás porque ya no tienen nada que perder. La primera parte de esta historia ( se divide en 5 partes, o fases) es especialmente oscura y deprimente. El tono de la novela cambia con la aparición del detective privado Doberti. Es ocurrente, algo cínico, pero rápido y atrevido. Contrasta con todo lo que hemos leído hasta ahora. Un soplo de aire fresco, porque la novela nos estaba ahogando en este punto. A través de él vamos a conocer otra parte de Buenos Aires, menos oficial y mucho más viva, pero también peligrosa. Con él, Fabián va a formar un tándem para poder continuar la búsqueda de Moira. Los diálogos entre estos dos personajes son de lo mejor de la novela. Precisamente en los diálogos es en donde más se aprecia el vocabulario coloquial, la mayoría de la jerga policial, el lunfardo, expresiones muy vivas que solo se nos presentan a través de la conversación, ya que el autor mantiene un tono bastante neutro durante el resto de la obra y fácil de comprender para cualquier hispanohablante.

Ya he comentado que la novela está estructurada en 5 fases, cada una con un título. La primera fase se llama “El mes más cruel”, claramente haciendo referencia al mes de abril del poema de La tierra baldía de T. S. Elliot. Abril es el mes del nacimiento de la primavera (en el hemisferio norte, no en Argentina), es el mes de la esperanza, de las grandes ideas, pero que pueden acabar en fracaso. Puede ser el mes de la decepción. Y es justo en abril cuando Moira desaparece. Toda la novela está contada con narrador en tercera persona, pero no omnisciente. No tenemos una historia que vaya dando muchas pistas al lector, al menos pistas evidentes. Como decía, está contada en tercera persona salvo el principio de algunas fases. Ahí aparece un texto en primer persona y en cursiva. No sabemos muy bien lo que es, puede ser un monólogo interior o un diario. Tampoco sabemos si es un personaje que aparece en algún momento de la novela o alguien completamente nuevo. Sabemos que es un ser atormentado y violento, que acaba de matar a su padre. Es algo confuso al principio, pero te deja con la intriga y las ganas de saber más. Me ha gustado también cómo trata el tema social, cómo aparecen retratados los inmigrantes y todos los prejuicios que sufren, prejuicios y perjuicios. Quizás lo que menos me haya interesado es el abuso de ciertos personajes, principalmente los policías y la familia de Fabián. En muchos casos no aportan nada y en otros solo sirven como recurso deus ex machina que rechina un poco. En general, me ha parecido un gran drama policial que no se resuelve de manera sencilla, que no busca complacer al espectador y que te plantea serios dilemas morales. Muy recomendable para aquellos que busquen leer algo de novela negra que se salga de los territorios ya conocidos.

Como banda sonora, un poco de rock argentino variado, cuanto más sucio mejor. Me quedo con este temazo de Soda Stereo:

Imperium, de Christian Kracht

La historia de August Engelhardt, un hombre que lo dejó todo en su país para llevar una plantación de cocos al otro lado del mundo y de paso perder la cabeza

Imperium (2012), de Christian Kracht

Escrito en alemán, publicado por Editorial Bruguera en el 2013, traducido por Ana Guelbenzu.

Tapa blanda, 208 páginas

Valoración: 7/10

Algo ha ocurrido con este libro que no me suele pasar, quizás porque no lo hago nunca. Iba a ponerle un 4, dentro de esta valoración absolutamente subjetiva que hago basándome en criterios personales y mutables, pero al final creo que se merece un 7, incluso podría ser más. Hay veces que te pones a leer una historia, una buena historia como es este caso, y no conectas por lo que sea. Muchas veces es el propio lector el que no tiene el día y no terminas entrando en el juego del escritor, por muy bueno que sea. Dejé reposar un poco la lectura antes de escribir nada, aunque esto no es verdad del todo, ya que algo escribí en Goodreads, pero unos días después volví a leer ciertos pasajes que me habían confundido o no me habían parecido interesantes. Ahí conecté mejor con este Imperium y entendí un poco más lo que pretendía el autor, Christian Kracht.

Cuando elegí este libro, me dejé llevar por la sinopsis en la contraportada: Imperium nos adentra en una espiral narrativa en la que sobrevuelan los fantasmas de Thomas Mann, Corto Maltés, Kafka, Hitler y Einstein”. Leyendo esto, no pude resistirme y me lancé a por él. ¿Qué esperaba? Pues quizás El corazón en las tinieblas, o una Locura de Almayer de Joseph Conrad, un poco de Kipling, de Stevenson, de Jean Rhys o incluso de Coetzee. Es decir, una novela que nos llevara a lugares exóticos, con gente singular que toma decisiones erróneas y que terminan engullidos por su propio sueño. Todo ello con aventuras de por medio pero con un poso filosófico que nos haga cuestionar la naturaleza humana. También algo de acción, violencia, historia y humor negro. Eso es lo que me esperaba según la sinopsis que había leído y dejándome llevar por la portada de la edición que tenía en mis manos. Y más o menos fue así, solo que el cóctel no vino presentado en el vaso que a mí me apetecía. Quizás ese es el problema, que estoy demasiado acostumbrado a una forma de leer novelas y cuando exigen algo más, llega la decepción.

¿Quién es Christian Kracht? Este escritor suizo, educado entre Canadá y los Estados Unidos, ha escrito ya varios libros basados en viajes, pero muy cercanos a la ficción histórica (como Imperium). También ha colaborado en Der Spiegel, el Frankfurter Allgemeine Zeitung o la revista literaria Der Freund. Su obra ha sido traducida a más de 30 idiomas, siendo Imperium su novela más conocida.

¿De qué va Imperium? Está basada en la historia real de August Engelhardt (aunque no termina igual el libro y, bueno, la historia real) un alemán que decidió huir de Berlín para ir a vivir a la isla de Kabakon, en el archipiélago de Bismarck, que hoy pertenece a Papúa Nueva Guinea. A principios de siglo XX aún pertenecía al Imperio alemán, por lo que muchos de los nombres de los lugares están todavía en alemán (caso de Herbertshöhe, ahora Kopoko, el puerto principal de acceso a la pequeña isla de Kabakon). August ha decidido abandonarlo todo para llevar una plantación de cocos, siguiendo el sueño colonial que le sirva para escapar de una realidad alemana cada vez más triste. Durante el trayecto a la isla va conociendo diferentes personajes que nos ayudan a entender el carácter habitual de los colonos, gente abusiva y con aires de grandeza, aunque muchos de ellos no son sino fugitivos de la realidad que les ha tocado vivir. August no quiere hacerse un gran terrateniente, al contrario, quiere crear un mundo más justo y en varios momentos hace referencia al maltrato que reciben los aborígenes de estas islas, si bien en un momento dado se acerca al antisemitismo, como tantos otros contemporáneos. Empieza a interesarse por el veganismo y a crear un culto en el que solo te alimentas de sol, aire y cocos, mientras deambulas desnudo por la isla. A partir de ahí, todo empieza a desvariar y el protagonista empieza a no distinguir muy bien la realidad de la ficción.

¡Una isla propia en la que crecían y prosperaban los cocos en la naturaleza virgen! Engelhardt aún no había adquirido plena conciencia de ello, pero ahora que la barca se acercaba desde mar abierto a las aguas tranquilas y transparentes de una pequeña bahía, con la arena resplandeciente rodeada de majestuosas palmeras, el corazón le empezó a palpitar como un gorrión agitado. ¡Dios mío, todo aquello era suyo!¡Todo!

¿Qué me parece Imperium? La historia de Engelhardt es fascinante. A partir de la novela he estado buscando más información de este hombre y tiene de todo para hacer una novela como esta o una película donde las alucinaciones tengan un papel destacado. Sin embargo, creo que Imperium se pierde entre datos y personajes que no aportan mucho a la historia. De hecho, August es el protagonista, pero algunas veces parece que es un secundario. Es por esto que no termino de entender la transición de Engelhardt de soñador a líder de una secta basada en el cocovorismo y la luz solar, para convertirse después en caníbal antisemita. En realidad, pasan bastantes cosas en apenas 200 páginas. Eso es algo que me echó para atrás en un primer momento: muchos personajes, localizaciones distintas, muchos datos históricos que no siempre manejaba y luego los personajes principales aparecen un poco difuminados. La novela no sigue un ritmo lineal en la primera parte, va saltando de un momento a otro en la vida de Engelhardt para explicarnos las razones por las que decidió dar el salto y abandonar su vida anterior. Quizás en este párrafo final del capítulo 4 se pueda entender de dónde viene esa necesidad de cambio:

“Unas paradas más allá, en Alexanderplatz, un berlinés empapado se apoya contra la pared de un edificio y come, masticando como hipnotizado, una de esas salchichas sosas. Lleva escrita en el rostro toda la miseria de su pueblo. Ese desconsuelo indiferente con exceso de grasas, la triste lamentación que entona el pelo cortado como un erizo, las manchas aceitosas de la salchicha entre sus gruesos dedos… un día los alemanes serán retratados así. Engelhardt, igual de obnubilado, lo mira fijamente mientras que el autobús atraviesa traqueteando la pared de agua. Por un segundo es como si un rayo claro y brillante los uniera, al iluminado y al súbdito.”

Para ir resumiendo, lo que menos me ha gustado de esta novela es la estructura, el exceso de personajes superfluos y la falta de profundidad en el personaje principal y, en especial, esa relación con su único amigo en la isla, Makeli. Sí me ha gustado la ambientación y cómo va dándonos pistas del tipo de personajes que nos vamos a encontrar en esta colonia germana, también de sus costumbres (y vicios). Me gusta como nos da una idea general del lugar y sus gentes con pocas frases, sin grandes descripciones que sí serían más necesarias en novelas de aventuras del XIX. Creo que Kracht no quiere hacer una descripción exhaustiva porque pronto deja de ser un lugar real y fácil de encontrar en cualquier buscador de Internet, para ser la isla de Engelhardt, para bien o para mal.

Qué es el Afrofuturismo y por qué ya has escuchado hablar de él

Este es el título del último episodio que he grabado para mi podcast literario, Páginas particulares. Inicialmente, el Páginas era una sección dentro del Invita la casa que hacía mensualmente. Hicimos dos programas anteriores a este. Uno sobre los libros del Holocausto y otro sobre Gianni Rodari. Los dos están con entradas en este mismo blog.

El Afrofuturismo nació oficialmente en 1993, con el artículo de Mark Dery Black to the future (aquí), donde se hablaba de un movimiento artístico dentro de la cultura negra afroamericana que buscaba reclamar la identidad negra a través del arte, la cultura y la resistencia política. Ya antes de los noventa se pueden encontrar antecedentes como son Octavia E. Butler y Samuel Delany. También en música tenemos ejemplos tan antiguos como Sun Ra o George Clinton y sus Parliament. También Prince, Beyoncé o más recientemente, Janelle Monáe.

En literatura, tenemos autores más recientes que están expandiendo un género cada vez más variado. El afrofuturismo no es solo un subgénero de la ciencia-ficción, también está conformado por otras ramas como pueden ser el Africanfuturism, Africanjujuism o la Black Fantasy. Autores más recientes como Tade Thompson (premiado con el Arthur C. Clarke), Colson Whitehead, Temi Oh, Akwaeke Emezi, Tomi Adeyemi y, sobre todo, las multipremiadas N.K. Jemisin (Nebula, Locus, Hugo) y Nnedi Okorafor (Wole Soyinka Prize for Literature in Africa, Nebula, Locus, Hugo), son un claro ejemplo de que el movimiento está muy vivo y presente.

Estado de mi nación lectora (VI): Lecturas de agosto

Me he encontrado a bastantes lectores que han dicho que no podían concentrarse durante el confinamiento de esta primavera. Estamos hablando de estrés, de ansiedad por la incertidumbre del confinamiento y de lo que podría pasar después. No es sencillo ponerse a leer cuando tu trabajo está en peligro o tu salud. O las dos cosas. Decía Italo Calvino que “la lectura es un acto necesariamente individual, mucho más que el escribir. Admitiendo que la escritura logre superar la limitación del autor, sólo seguirá teniendo un sentido cuando sea leída por una persona aislada y atraviese sus circuitos mentales”. Pues bien, en este tiempo tan extraño la soledad no era, quizás, algo que realmente nos hiciera mucho bien. Buscábamos la compañía de los que nos rodeaban, y si no, la de aquellos al otro lado del zoom o cualquier otro programa parecido. Leer exigía una dedicación y un ejercicio de concentración que no todo el mundo podía tener. A mí no me pasó, seguramente porque yo ya había tenido un entrenamiento previo. Como dicen en mi pueblo: “ca’uno es ca’uno y ca’ do’ una canoa”.

Este mes de agosto ha sido difícil para mí. He tenido una pérdida importante y al principio de mes mi cabeza estaba cualquier sitio, menos en el que tenía que estar. El caso es que para mí leer siempre ha sido un momento de paz, un refugio, un lugar feliz. El que la tele me acompañe es algo que no suelo hacer, soy más de radio, y los libros ocupan esa distracción. Sin embargo, me ha costado mucho seguir esa dinámica este mes. Supongo que como a cualquiera. Pero como he dicho, leer es mi forma de escaparme y de evadirme. Adoro el cine y también me dejo llevar por una película, pero el libro, el libro me lo llevo a cualquier parte. Ahí hago mi parada que pueden ser de cinco minutos mientras me tomo un café, o de dos horas mientras se hace de noche. Me costó volver a leer, pero encontré el libro adecuado en el momento oportuno y este me salvó. Como siempre.

Toda esta introducción parece que no tiene nada que ver con un resumen de lecturas mensuales, pero así son las cosas en este blog. El divagar es marca de la casa. Este agosto sigo, como todo el año, con el reto de Javier Miró en su Liga de las Lecturas Extraordinarias, leyendo cosas variadas y entretenidas (adelanto: este mes me he centrado en la evasión) y hemos vuelto a tener tertulia del club Qwerty, con una novela que dio mucho juego. Vamos con ese repaso:

  • “Sistemas críticos” (Diarios de Matabot 1), de Martha Wells. Una novela corta de ciencia ficción con un personaje principal (Matabot) lo suficientemente interesante como para que vuelva a leer más. Un robot como protagonista puede aportar puntos de vista muy curiosos. La autora tiene una larga obra detrás, pero es con esta serie con la que empieza a publicarse en España.
  • “L’empire des signes”, de Roland Barthes. Un precioso librito de la editorial Points Essais. No es tanto una guía del Japón, como una serie de textos en los que el filósofo y semiólogo francés habla sobre las sensaciones y la extrañeza que le provocaban la cultura nipona y, sobre todo, su lenguaje.
  • “Alejandro Magno”, de Mary Renault. La historiadora y novelista británica tiene una famosa trilogía de novela histórica dedicada a Alejandro Magno (Fuego en el paraíso, El muchacho persa y Juegos funerarios), pero este libro es una biografía más aséptica. Muchos datos condensados en un texto relativamente corto (256 páginas) pero que te abre el camino para nuevas lecturas. Es posible que se haya quedado algo anticuado (1975), pero sigue siendo una vida apasionante.
  • “The Boys. Omnibus. Vol.1”, de Garth Ennis. No estoy leyendo mucho cómic este año. Como todo, esto también va por rachas. Esta vez me he centrado en dos cómics de los que estoy siguiendo su adaptación televisiva. La serie de Amazon Prime es muy gamberra, pero la historia de Ennis lo es todavía más. Salvaje y divertida.
  • “The Umbrella Academy. Vol. 2: Dallas”, de Gerard Way y Gabriel Bá. Segundo cómic basado en otra serie. En este caso, The Umbrella Academy está en Netflix. Era (y soy) muy seguidor del grupo My Chemical Romance, por lo que no dudé en lanzarme a leer cualquier cosa que publicase su cantante, Gerard Way. A lo mejor esto no tiene mucho sentido, pero oye, es lo que hice. Leí su revisión de Doom Patrol (ahora también en HBO) y el primero de la Umbrella Academy. Este segundo volumen coincide en parte con la segunda temporada de la serie. El cómic tiene identidad propia para disfrutarlo gracias a los dibujos del brasileño Gabriel Bá, que le da una visión muy distinta a la de la serie.
  • “Como una historia de terror”, de Jon Bilbao. Recopilación de cuentos del autor asturiano, en el que ya me había fijado de un tiempo a esta parte. No todos los relatos me han gustado, pero sí demuestran que Jon Bilbao es un escritor que iba a dar mucho que hablar. Mi favorito es el último y el que da el título a la recopilación.
  • “The illustrated Man”, de Ray Bradbury. Este mes se cumplía un siglo del nacimiento del gran Ray Bradbury. Nada mejor para celebrarlo que leer algunos de sus cuentos. Me he puesto con esta colección de cuentos con un hilo argumental tan extraño como un hombre repleto de tatuajes (que él no quiso hacerse) y cuentan historias del futuro. Hay de todo, como en cualquier colección de relatos, pero la mano de Bradbury siempre deja momentos brillantes. Zero hour es mi favorito de los 18 que forman esta colección.
  • “Diario del Viajero” y “Virus Z”, de Iván Gilabert. En cinco días me leí estos dos libros del autor barcelonés. Son de esos que te enganchan desde el principio, con personajes atractivos y giros de guión sin que creas que se están riendo de ti. Diario del viajero es más un thriller de ciencia-ficción que una novela de supervivencia zombie, como es el caso de Virus Z. Creo que se pueden leer de forma independiente, sobre todo porque esta segunda parte de la bilogía del viajero te pone en antecedentes rápidamente. Quizás prefiera la primera parte,me gustó más la parte de thriller que la de muertos vivientes que aparece como una amenaza en la primera y una presencia total en la segunda. He visto algunos errores en estos libros, errores gramaticales que se podrían subsanar en una futura edición.
  • “El jardín de bronce”, de Gustavo Malajovich. Este thriller fue el elegido para la tertulia del mes en el club de lectura Qwerty. Es la historia de la desaparición de una niña y la angustia que provoca. Además de mantener la tensión durante más de 500 páginas ( me lo leí en dos días), también plantea problemas morales y suscita debates. Recomendable.
  • “Momo”, de Michael Ende. Momo fue el libro que me sacó de mi letargo. Volver a leer esta obra cargada de simbolismo, pero tan sencilla, con los ojos de un adulto es una experiencia maravillosa. Me lo leí de un tirón, pero haciendo pausas para tomar notas que comentaré en una entrada posterior en el blog. Pero me lo leí como lo había hecho 30 años antes. Este 28 de agosto se cumplieron 25 años de la desaparición del gran Michael Ende y mi intención era la de dedicarle un podcast homenaje, además de volver a leer sus obras principales.

No ha estado mal este mes de agosto, quizás uno de los más raros que hemos vivido, como todo este año. En mi caso ha sido un periodo difícil, pero los libros me ayudaron a recordarlo con algo más de cariño. A ver qué tal se nos da este septiembre que pinta tan incierto como todos meses anteriores.

Etimología en su salsa 2: La sandía.

Algo más tarde de lo que hubiéramos deseado, hemos vuelto a grabar nuestro podcast sobre etimología y curiosidades. Mi amigo Raúl y un servidor nos hemos acercado a la historia de este manjar veraniego y hemos encontrado datos interesantes. Sandía es un nombre que solo se ha dado en España, en castellano, catalán, gallego y euskera. Aquí usamos el apellido del melón que venía de la región del Sind, en Pakistán. En otros idiomas han calado otras variantes, como la pastèque francesa (pateca, patilla), que también viene del árabe. En Portugal, ahora usan melancia. Curioso el caso de italia, con dos términos fuertes sinónimos pero marcados por el territorio, cocomero y anguria. Luego, por supuesto, tenemos el término general melón de agua (melon d’eau, melone d’acqua, watermelon, Wassermelone, etc.).

A continuación hablamos sobre algunos usos que ha tenido la sandía a través de la historia. Comentamos cómo se utilizó como una herramienta racista contra la población negra tras la esclavitud, o cómo el no querer

pagar por una sandía desencadenó una revolución en el Panamá de mediados del siglo XIX. Por último, comentaremos la curiosa historia (o leyenda) del nacimiento del pueblo de Malpartida, en la provincia de Salamanca.

Os dejo aquí el enlace para poder escucharlo. Espero que os guste.

Contenidos:
000:00 Presentación y definición de sandía
031:40 Anécdotas históricas con la sandía
– La sandía y el racismo en los Estados Unidos
– El incidente de la tajada de sandía en Panamá.
– El origen de Malpartida, en Salamanca.
057:30 Despedida

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La música del programa está descargada con la licencia Creative Commons en http://www.jamendo.com, salvo si está indicado.

Reseña de “To be taught, if fortunate”, de Becky Chambers

Título original: To be taught, if fortunate

Editorial: Hodder & Stoghton (Kindle, 1 agosto 2019)

Páginas: 136 páginas

Idioma: Inglés

Valoración: 8.5


En los últimos tiempos, el nombre de Becky Chambers aparece una y otra vez gracias a las buenas críticas (y premios) que está cosechando con su trilogía de la Peregrina (publicada en español por Insólita). Se alaba el conocimiento científico que la escritora aporta, pero sobre todo su humanización, el corazón que le pone a sus personajes e historias a pesar de estar en terreno desconocido. Tengo esta trilogía más que pendiente ya que me llamó la atención desde el primer día, con ese título tan evocador (El largo viaje a un pequeño planeta iracundo), pero me he encontrado con esta novela corta que, de momento, no ha sido traducida al castellano, y me he lanzado a por ella. He visto que era una de las novellas nominadas en los premios Hugo de este año, pero que al final se lo llevó la extraordinaria This is how you lose the time war, de la que yo comenté algo aquí. Esta historia de Becky Chambers comparte temas y narrativa con su famosa trilogía, pero no está relacionada en cuanto argumento. Se puede leer sin saber nada de la Peregrina.


A principios del siglo XXII, la nave Merian y sus cuatro tripulantes (Ariadne O´Neill, Chikondi Daka, Elena Quesada y Jack Vo) están inmersos en una importante misión de reconocimiento interplanetario. Forman parte de la OCA (Open Cluster Aeronautics), una agencia internacional financiada por capital privado y apolítica. Su tarea consiste en visitar planetas para estudiarlos y ver la posibilidad de ser habitados por la humanidad. La forma de hacerlo no es transformando el planeta, adaptándola a las necesidades del ser humano (terraforming) sino haciendo que los futuros colonos se adapten a ese planeta (somaforming). El cuerpo ya no es un límite para la expansión espacial. Dicha misión se llama Lawki 6, que viene siendo un acrónimo de Life as we know it, y consiste en explorar cuatro planetas habitables que se encuentran a 15 años luz. La tripulación, compuesta por cuatro expertos en su campo, permanecen en estado de letargo durante los viajes, con lo que el tiempo pasa para ellos, pero mucho más para la Tierra, que poco a poco va cambiando.


“…sometimes we go, and we try, and we suffer, and despite it all, we learn nothing. Sometimes we are left with more questions than when we started. Sometimes we do harm, despite our best efforts. We are human. We are fragile.”


Esta primera incursión en el mundo de Becky Chambers me ha encantado. Me ha parecido una mezcla perfecta de conocimiento científico bien aplicado, aunque sea en buena parte especulativo, y sentimientos. Los problemas filosóficos que plantea son perfectamente comprensibles y permiten al lector empatizar con los cuatro protagonistas, especialmente con Ariadne (Ari) que es quién lleva el hilo narrativo principal. La autora emplea un lenguaje cercano, a pesar de ciertos tecnicismos, pero no se hace para nada impostado. Las reflexiones que plantea son sobrecogedoras. Si habéis visto la famosa escena de Interstellar, donde el personaje de Matthew McConaughey rompe a llorar ante la información que recibe de la Tierra, entonces comprenderéis lo duro que se puede hacer para estos cuatro tripulantes. Me ha parecido especialmente conseguido como la autora te va llevando de la misión científica, los pormenores, los detalles de su origen y su objetivo, a la presión que tienen los astronautas, a cómo perciben los cambios que se producen en la Tierra y al miedo a caer en el olvido. Toda la misión tiene lugar alrededor de la estrena Zhenyi cuatro planetas (y lunas): Aecor, Mirabilis, Opera y Votum. Cada uno de ellos nos da una pequeña lección. Los nombres no están elegidos al azar: Aecor es la superficie del mar, Mirabilis significa milagroso, Opera por el sonido de las criaturas que encuentran y Votum, que significa voto o promesa, por algo que no desvelaré ya que es importante en la trama.

To be taught, if fortunate es un libro emocionante, sensible y que provoca en el lector la necesidad de hacerse preguntas, de no darlo todo por sentado. También de replantearse nuestra relación con nuestro entorno y cómo nuestra presencia puede afectar, para bien o para mal. Creo que la sensibilidad de la autora es su punto fuerte, pero sin caer en la lágrima fácil o en la sensiblería. Por cierto, el título de la novela viene explicado en un texto final que tampoco desvelaré, pero me parece un mensaje precioso. Muy recomendable.

Como banda sonora de esta pequeña historia para Chambers, pero grande para todos nosotros, creo que le viene muy bien todo The Soft Bulletin de The Flaming Lips, en especial este What is the light?.

Estado de mi nación lectora (v): Lecturas de julio

Leer siempre ha sido para el verano. También para otras cosas, seguramente mucho más excitantes, pero aquí hablamos de libros. Los últimos meses no habían sido especialmente fructíferos en lo que se refiere a las lecturas. Había leído bastante menos de lo habitual y ninguno de estos libros había dejado una huella especial. Este mes de julio me he podido concentrar algo más y he podido sacar más tiempo. Sigo con el reto de Javier Miró y su Liga de las Lecturas Extraordinarias, pero he añadido otro reto para este mes de julio. He seguido el reto Black History Month de Trotalibros. Ha sido una buena ocasión para ponerme con esos eternos pendientes o descubrir nuevos autores. Tengo que confesar que de todos los libros que había previsto para este #blackhistoryjuly, solo he podido con uno. Esto de hacer listas de libros y luego hacerles caso no se me da muy bien. Para este reto de literatura negra haré una entrada especial, ya que han tenido bastantes ideas en común con ciertos matices que ya comentaré.

Vamos a hacer la revision mensual pertinente con un pequeño comentario que ya desarrollaré en próximas entradas:

  • So you want to talk about race, de Ijeoma Oluo. Además del año de la Covid, también ha sido el año donde, de nuevo, estamos asistiendo a manifestaciones por la muerte de un negro a manos de la policía. Cuestiones sobre el racismo que está tan irraigado en nuestras sociedades se han puesto a la orden del día. Al leer este texto de Oluo, no puedo negar que en más de una ocasión me he sentido muy alejado de lo que la autora manifestaba, incluso ofendido. Me ha parecido bastante interesante en su mayor parte, una realidad paralela a la mía que solo parezco comprender a través de la ficción.
  • And Still I Rise, de Maya Angelou. Una recopilación de poemas de la gran autora estadounidense. Es una recopilacion irregular con algunos textos muy potentes.
  • Pequeños relatos tortuosos, de Arima Rodríguez Vega. Una recopilación de relatos de terror psicológico en su mayor parte con voz propia.
  • La canción de los vivos y los muertos, de Jesmyn Ward. Uno de los libros que más me han gustado este mes, gran descubrimiento gracias al reto de #blackhistoryjuly. Una historia con una prosa muy colorista y poética, pero que a veces te hace sentir muy mal. Costumbrismo puro en una sociedad injusta.
  • Afrofuturism: The World of Black Sci-fi and Fantasy Culture, de Ytasha L. Womack. Segundo ensayo del mes, también dentro del reto, pero esta vez enfocado a un tema que me interesa especilmente: el movimiento de la ciencia ficción que bebe de las raíces africanas con la esperanza de un futuro distinto.
  • Jim Botón y Lucas el Maquinista, de Michael Ende. Se cumplen este año del vigésimoquinto aniversario del fallecimiento del gran autor alemán. He querido volver a leer esta primera obra suya y que tanto disfruté cuando era pequeño. Ahora la he leído con mi hijo y sigue siendo una historia sorprendente donde Ende ya muestra de lo que iba a ser capaz. Hoy en día, hay aspectos que pueden chirriar, pero decir que es una obra racista me parece excesivo.
  • El demonio vestido de azul, de Walter Mosley. Pura novela negra sin aditivos ni conservantes. Estupenda la recreación de los personajes del maestro Mosley.
  • With the fire on high, de Elizabeth Acevedo. Novela juvenil ambientada en un barrio de Filadelfia, dentro de la cultura puertorriqueña y con la cocina como premisa principal. Me ha parecido demasiado ligera y superficial para los temas que trataba, pero no todo va a ser tratados sobre la crisis existencial.
  • Black, de Kwanza Osajyefo y Jamal Igle. Cómic que tiene la premisa de un mundo donde solo ciertos negros pueden tener superpoderes, lo que conlleva el recelo de las autoridades y que presenta conflictos raciales evidentes. El desarrollo no me ha convencido demasiado.
  • Una nueva historia del mundo clásico, de Tony Spawforth. Abarcar en un solo libro la historia de Grecia y Roma es, cuanto menos, pretencioso. Una vez que aceptamos que un libro así no puede ser muy detallista, Spawforth hace un manual para novatos y, no tanto, bastante riguroso y con un lenguaje muy ameno y fluido. Muy recomendable.
  • The uncommon reader, de Alan Bennett. Este ha sido la sorpresa y el ganador de este mes de julio. Un pequeño divertimento con la estructura de un monólogo teatral que profundiza en el conflicto de la persona pública y la privada. Todo ello a través de la literatura, lo que es una gozada. Humor muy sutil e inteligente.
  • En un lugar del Atlántico, de Fatou Diome. Último libro del reto #blackhistoryjuly y uno de mis favoritos también. La verdad es que he tenido una buena racha final porque me han gustado bastante. Este relato sobre la inmigración conectando la isla Niodior con Estrasburgo es una primera novela semiautobiográfica y con la que conecté desde el principio. Sin ser especialmente melodramática, tiene unos pasajes realmente preciosos. Quiero seguir leyendo libros de esta autora senegalesa. El próximo en versión original.
  • Botchan, de Natsume Soseki. Una novela japonesa publicada en 1906 que tiene mucho que ver con la novela picaresca española pasada por la batidora con La conjura de los necios. Un sentido del humor que aún funciona y una gran disección de la sociedad rural japonesa durante la guerra rusojaponesa. Es muy difícil traducir este tipo de textos, así que hay que alabar el trabajo del traductor José Pazó (algo que habría que alabar siempre).
  • To be taught, if fortunate, de Becky Chambers. Por fin he podido leer algo de Becky Chambers, y por una vez, sin que sirva de precedente, las recomendaciones eran buenas. Esta novela corta, cuyo título viene explicado al final, es una muy buena puerta de entrada al universo Chambers, una ciencia ficción muy humana cargada de reflexiones filosóficas. Es la ciencia-ficción que más me gusta. Vanessa , en su podcast Librorum, la ha recomendado en varias ocasiones y se lo agradezco.

Así que ha sido un buen mes con grandes lecturas, alguna inolvidable. El reto de Trotalibros ha sido un extra, pero las cuatro últimas novelas han sido de las que crean afición: ciencia-ficción, drama, comedia, terror, novela negra, ensayos … no le hago ascos a nada. La cuestión es seguir disfrutando de esta afición que tanto nos gusta

P.S. Esta entrada la he escrito con el móvil y será la última así, porque vaya lío.