Persépolis, de Marjane Satrapi

Reservoir Books (2020), 352 páginas.

Esta no será otra canción de amor, aunque he de reconocer que no me importa decir lo que todos ya saben“, así comenzaba una famosa canción de La Habitación Roja. Yo podría empezar esta entrada con la misma frase: esta no será otra reseña literaria, aunque he de reconocer que no me importa decir lo que todos ya saben, y es que Persépolis es una pequeña joya del siglo XXI.

Hace veinte años que me acercaba por primera vez a Persépolis. El primer tomo de los cuatro que compondrían esta historia de aprendizaje apareció a principios del año 2000, publicado por la editorial L’Association. El último saldría allá por el 2003. Después vendría la película, que conseguiría el Premio del Jurado en Cannes en el 2007, dirigida por Marjane Satrapi, la propia autora del cómic. Hacía ya algunos años que había abandonado el mundo del tebeo y se había centrado en su carrera de artista gráfica y cineasta. Su última película, Radioactive, es una versión personal de la vida de Marie Curie, quien aparece referenciada en el propio Persépolis como uno de los modelos de Marji, la protagonista del libro que no es otra que la propia autora.

Como decía, hace veinte años de mi primer encuentro con esta historia con la que he disfrutado y aprendido tanto todo este tiempo. Llevaba poco tiempo en Francia y mi nivel de idioma no era muy alto. Cuando tenía un rato libre en medio de un horario de clases bastante dispar me pasaba por la biblioteca de humanidades de Lille 3 para ir adelantando trabajos o estudiar. No sé cómo fueron otros Erasmus, pero el mío estuvo cargado de asignaturas. Yo quería leer algo en francés pero se me hacía todavía un poco cuesta arriba leer una novela, así que me pasé a los comics. Ya sabéis que la bande dessinée en Francia y Bélgica es algo muy importante. Hasta entonces mi relación con los tebeos había estado basada en los de Marvel, DC y Bruguera. Era un acercamiento basado en el puro entretenimiento, casi infantil, ni me había planteado que el cómic era un vehículo tan bueno como otro cualquiera para aprender. Y ahí me tropecé con aquel primer tomo, apenas 80 páginas, con un estilo simple, minimalista, en blanco y negro y cargado de mensajes que transcendían en el tiempo.

El mundo ha cambiado mucho en este tiempo, no hace falta que haga la lista, pero sí me gustaría hablar de lo inocente que era y cuánto ignoraba: ¿qué sabía yo verdaderamente de Irán? ¿hablaban árabe? ¿y esos problemas con Irak? ¿no eran lo mismo? Leyendo Persépolis descubrí que no sabía nada de nada, que solo tenía la referencia de alguna noticia suelta en las noticias a la que no prestaba demasiada atención. Al fin y al cabo, el mundo fuera de mi pueblo nunca había tenido mucha importancia. Allí mismo, en aquella biblioteca con alumnos de todos los colores, con idiomas de los que nunca había escuchado hablar y con decoración de hospital empecé a darme de cuenta de que el mundo es muy grande y nosotros muy pequeños.

La historia de Marjane Satrapi, su despertar a la vida en una familia burguesa de un Irán en plena crisis y donde el totalitarismo se había hecho con el poder, es un ejemplo de cómo las cosas no siempre ocurren como tenemos pensado (de hecho, rara vez lo hacen), pero hay que seguir viviendo por que eso es todo lo que tenemos. También es una lección para los demás, para no dar por sentado lo que tenemos, para luchar por nuestros derechos y por los de nuestros semejantes. También nos enseña a no dejarnos llevar por los prejuicios, algo tan en boga en estos tiempos convulsos, ni a poner en un pedestal a civilizaciones supuestamente superiores pero que pueden estar tan podridas como la que más. Persépolis, con su dibujo simple en blanco y negro, quizás influenciado por el estilo de David B. (fundador de L’Association, gran amigo de Satrapi en su estancia en Francia), está llena de momentos de los que marcan una vida, momentos duros y tensos,también tiernos y llenos de melancolía. Con su sencillez, Marjane Satrapi construye algo maravilloso y atemporal. Esto no será otra reseña literaria, aunque he de reconocer que Persépolis es imprescindible para entender nuestro tiempo.

Reseña: LaGuardia, de Nnedi Okorafor, Tana Ford & James Devlin

Nnedi Okorafor ha creado una metáfora sobre la inmigración a partir de la ficción especulativa pero tratando temas sociales muy actuales. LaGuardia está nominado a mejor cómic en los premios Hugo.

Berger Books, 2019 129 p.

7/10

Nnedi Okorafor es una escritora nigeriano-americana que ya me había sorprendido gratamente con la trilogía de Binti, la historia que me permitió conocer Afrofuturismo y el afroyuyuismo, este útlimo término lo he traducido de manera libre porque no he encontrado una correcta y oficial. Los términos son Afrofuturism, Africanfuturism y Africanjujuism. Se trata de unir el folklore de algunos países africanos con la fantasía (jujuism) o la ciencia-ficción (afrofuturism). La cantidad de autores y, sobre todo, autoras que están haciendo crecer este género es cada vez mayor. Okorafor es una de las más importantes, que sigue la estela de otras grandes autoras de la ciencia-ficción, como LeGuin y, especialmente, Octavia Butler. Tiene obras tanto para adultos como para un público más juvenil, habiendo recibido los premios más importantes de la industria: Nebula, Hugo, World Fantasy, Locus, Lodestar e incluso el Wole Soyinka que premia a los mejores autores africanos del año.

Nnedi Okorafor ya ha participado como guionista en cómics. Ha sido guionista de Black Panther y de la serie dedicada a su hermana Shuri, por la que también ha recibido premios. Así que no es ninguna novata en este terreno y se maneja con soltura. Le acompaña en este caso la dibujante Tana Ford, que ya ha trabajado con Marvel en Silk , una de las últimas superheroínas, y un personaje que ha encontrado una gran acogida.

LaGuardia nos enseña un mundo donde los humanos conviven con extraterrestres venidos de diferentes mundos y por diferentes motivos. Todo empezó en Nigeria, tal y como Nnedi Okorafor contaba en su novela Lagoon. En ese sentido, LaGuardia es una secuela de la novela. El título hace referencia al aeropuerto de Nueva York, que se ha convertido en un puerto interestelar, punto de entrada desde todo el universo. Eso ha creado una cierta tensión entre los locales Estados Unidos ha decidido prohibir la entrada a ciudadanos ilegales, incluyendo estas nuevas especies. La protagonista es Future Nwafor Chukwuebuka, una científica embarazada que ha entrado en el país por razones algo misteriosas a través del aeropuerto de LaGuardia, pero introduciendo un floral (una forma de vida parecida a una planta), a la que llama Letme Live (Déjame Vivir). Future se queda con su abuela en un apartamento del Bronx. Allí convivirá con humanos en situación irregular venidos de Sudán y con extraterrestres, alguno de ellos cambiaformas.

El conflicto en la historia viene en un primer momento a raíz de los misteriosos motivos que llevan a Future a alejarse de Lagos y volver con su abuela a Estados Unidos. Pero la historia tiene un trasfondo mucho más social que se basa en las prohibiciones que ahora mismo está haciendo el gobierno de Trump, el considerar ilegales seres humanos (o extraterrestres) por considerarlos inferiores. Los nuevos llegados traen tecnología y abren el futuro a la Tierra, pero el miedo a la diferencia crece entre una ciudadanía llena de inseguridades y miedos. Quizás lo que menos me ha gustado es la forma a veces demasiado obvia con la que la autora nos muestra el racismo imperante en la sociedad: la llegada al aeropuerto, carteles prohibiendo entrada a no humanos. Hay un momento en el que Letme Live cuenta algo muy importante de su especie en la Tierra, Future contesta que no lo sabía a pesar de trabajar con varios florales, Letme dice que porque conozca unos pocos no significa qué sepa todo de ellos, y Future responde diciendo que ha sido muy presuntuosa. Ese mensaje va para todos los que alguna vez hemos dado por supuesto cosas por el mero hecho de haber oído de ellas. Ese tipo de comentarios y frases se repiten con cierta frecuencia y me ha sacado fuera de la historia más de una vez. Esa falta de sutileza no quiere decir que no sea legítimo y que la historia no esté bien estructurada, al contrario. Los personajes están muy bien construidos y son muy sólidos, al menos los principales. Es cierto que algunas historias quedan un poco superfluas y no terminan de tener mucho sentido dentro de la trama, salvo la del relleno. Sin duda, buena parte del encanto de este cómic reside en el trabajo de Tana Ford, creando unas expresiones faciales en humanos y no humanos realmente conseguidas. Y el trabajo de James Devlin, que se encarga de darle color a las viñetas y aportar todos esos matices que la historia necesita.

En definitvia, LaGuardia es un cómic prometedor, con una historia que se sale de lo tradicional y que sin embargo tiene mucho que ver con el panorama actual. Cuenta con la inventiva de una gran autora y el saber hacer de una no menos brillante dibujante que ponen su arte para denunciar injusticias en un contexto divertido y estimulante.

Reseña: “Diario de Italia”, de David B.

Diario de Italia
David B.
Impedimenta
304 páginas

Hace unos cuantos años realicé un curso sobre el cómic. Se trataba de descubrir autores que estuvieran fuera de lo convencional, por lo menos para el gran público. Allí fue donde leí L’ascension du haut mal o Epiléptico, como se publicó en España. Era mi primer contacto con David B. y me hizo ver el cómic de una manera muy distinta, un medio que podía transmitir de una manera sorprendente y compleja a la vez. Seguí leyendo Marvel y DC, no os voy a engañar, pero me abrí a géneros y temas muy diferentes.

Este Diario de Italia contiene los dos volúmenes de Journal d’Italie publicados en 2010 y 2018. El primer volumen tiene lugar durante un viaje por Trieste, Bolonia y Venecia. El segundo cuenta el periplo de David B. en Hong Kong y Osaka. No es un diario en el sentido estricto de la palabra, David B. sí que cuenta momentos y encuentros de su día a día con su esposa Ilaria o con distintos personajes que va encontrando, pero a partir de ahí el autor deja volar su imaginación y nos lleva por su mundo de sueños y pesadillas que tanto ha reflejado en obras anteriores. En su diario por Hong Kong y Osaka, David B. nos habla de mitología china y japonesa, siempre dentro de ese mundo irreal que se mezcla con lo cotidiano.

En Diario de Italia, David B. nos presenta datos curiosos de los lugares que frecuenta pero siempre bajo su enfoque personal. A veces se trata de una deformación de la realidad que nos da la impresión de estar dentro de un sueño, o de un lisérgico gracias al consumo de algún postre en mal estado. Cuando no estás familiarizado con la obra de David B., todo resulta algo extraño y confuso. Él mismo ironiza con eso cuando explica como su amigo Frédéric Boilet le pide que haga un trabajo sobre lo vivido en Osaka y él solo puede hablar de espíritus y fantasmas.

A mí me fascinan los personajes grotescos y alucinógenos que dibuja David B. Es como si pudieras explorar la mente del dibujante, “lo que sucede en mi cerebro” como dice él mismo. Me gusta mucho su reflexión sobre el aprender de lo que uno se encuentra cuando camina. Nos describe el mundo bajo el prisma de su mirada personal, que incluye sus miedos y sus fobias. Desde hechos banales y quizás secundarios para los demás (una cena con amigos, un encuentro casual que lleva a una charla sobre el impresionismo, una rata que pasa por la calle), David B. tiene la necesidad de expresar cómo ve la realidad que le rodea. No es fácil de ver, hay que entrar en el juego surrealista que propone, pero las hipnóticas viñetas tienen esa extraordinaria seducción de lo extraño pero familiar.

Como acompañamiento musical, he escogido este tema de los Subsonica, “Incantevole”. Algo sugerente y que invita a recordar los buenos momentos y a las personas con los que los has compartido, independientemente del camino en el que te encuentres ahora.

Crossed, de Garth Ennis y Jacen Burrows.

Garth Ennis podrá gustarte más o menos, pero al lector de cómic novato le puede suponer un auténtico “destroyer”. Sus guiones no dejan indiferente a nadie, tiene una forma de narrar historias que te hacen perder la fé en la especie humana. Tanto en Preacher como en The Boys ya hemos visto parte de la habilidad narrativa de Ennis, pero aquí en Crossed, el tipo roza el nihilismo, cuando no se mete de lleno. Aquí cuenta con la espectacular ayuda del dibujante Jacen Burrows que ya había trabajado con Ennis en Chronicles of Wormwood. Todo ello amparado por Avatar Press, mejor lugar no había para albergar semejante locura.

El mundo se ha vuelto loco, una vez más. Un grupo de supervivientes intenta escapar a través de un escenario terrible. Una plaga vuelve a los seres humanos animales sin ningún tipo de raciocinio que no sea el de la cruelda. Es como si todos los instintos más bajos estuvieran sin control, siendo la lujuria y la violencia asesina los predominantes. Stan, Kelly y Thomas se unirán a la dura Cindy y a su hijo para escapar como sea, preguntándose qué está pasando. A su alrededor, imágenes de violaciones, mutilaciones, el horror más absoluto. Pronto se darán cuenta que mediante los fluidos la plaga se propaga y es lo que están buscando, de una manera desordenada en un principio, mucho más controlada después, pero siempre salvaje. El grupo de supervivientes pasará por un auténtico calvario a lo largo de los nueve números que conforman esta primera serie (la única que tiene a Ennis como guionista), teniendo como objetivo el llegar a Alaska en la creencia que allí tendrán una oportunidad. 
No es difícil ver como esta historia se enmarca dentro de la oleada zombie que estamos viviendo, en todos sus formatos. Si cabe, estos “crossed” de Ennis y Burrows me parecen aún más terribles que los propios zombies. El muerto viviente es una deformación del ser humano, terrible y perturbadora, pero tú no tienes porqué ver su “humanidad”. Ennis nos presenta aquí unos seres terribles, sin remordimientos, sin sentimientos, pero de apariencia espantosamente humana. Vemos estos seres como un reflejo de nosotros mismos con todas nuestras perversiones expuestas en nuestro propio rostro con esa terrible cruz de sangre y pus. No hay treguas, no hay descanso, los autores nos ofrecen una visión apocalíptica del mundo y sin esperanzas. Llega un momento en la narración que los supervivientes empiezan a plantearse la vieja diatriba en este tipo de historias llamadas “survival”: ¿tenemos derecho a seguir viviendo cuando una raza superior nos están extinguiendo, no es eso la evolución? 
No es un cómic para gente sensible. Cada portada viene seguida de otra de una crueldad hiriente. No se escapa nadie de la posibilidad de ser masacrado, y no hay contemplaciones en el guión tampoco. La historia es tan simple como parece, es un corre que te pillo contínuo. Salpicado, eso sí, con jugosos flashbacks y suculentas confesiones fuera de lo común, que crean un retrato bastante colorido de los protagonitas. Hay imágenes que se te quedan en la memoria mucho tiempo, quizás demasiado. El empleo del gore está sobreexplotado, creo que una vez puesta en marcha, la historia no necesitaba tanta carga de violencia para continuar, aunque eso irá en gustos imagino. Al final te quedas con una historia contundente, sin demasiados matices, que te deja algo frío al final, si bien no creo que fuera la intención del autor el hacerlo de otra manera. Hay que recordar que ya hay cuatro series de Crossed. Family Values, 3D y Psychopath. Son historias paralelas a la de Ennis, que transcurre unos diez meses después del primer brote, pero no mantienen ninguna continuidad en la trama. Por cierto, el año pasado se dijo que se iba a hacer una película con Kevin Spacey. No sé nada del proyecto, pero no lo veo. Creo que no hay película, y menos mainstream, que pueda transmitir tan fielmente lo que Crossed nos cuenta. Para el que disfrute del cómic sin grandes pretensiones, pero con buen estómago.

Polina, de Bastien Vivès

Bastien Vivès sigue con la etiqueta de niño prodigio del cómic francés. Cada obra suya es esperada con ansia creciente, esperando que vuelva a enseñarnos nuevas formas de narrar historias. Historias cotidianas, cercanas, no hay lugar para la fanfarria o la fantasía desatada aquí. Y sin embargo están llenas de poesía (urbana, eso sí), emociones cotidianas. Ya comenté en una entrada anterior sobre El gusto del cloro, una historia tan común y “poco especial” que resultaba emocionante el poder disfrutar de detalles tan cercanos. 
Ahora, Vivès nos trae Polina, publicado en España por Diabolo Ediciones, en una edición tan bien cuidada como siempre en esta editorial madrileña. La original se puede encontrar en la francesa Casterman. Polina es una niña que ingresa en la Academia de Baile del señor Bojinski, conocido por su dureza y su visión ortodoxa del ballet clásico. El personaje de Polina tiene el nombre los bellos rasgos de la bailarina rusa Polina Semionova, nacida como el autor en 1984. Polina tiene una fantástica disposición para la danza, pero la rigidez del sistema de Bojinski, heredero directo de la extrema perfección de la antigua URSS, le hará plantearse su futuro. Seguiremos a Polina a lo largo de su vida académica, como se va formando en distintas escuelas, además de sus encuentros y desencuentros amorosos. Bojinski se convierte en un pilar básico de su formación aunque no pueda entenderlo en un primer momento. Incluso cuando el camino que Polina Oulinov vaya por la contemporánea y las enseñanzas de su viejo profesor queden ancladas en el pasado como algo lejano pero imprescindible. Las últimas viñetas son extremadamente sensitivas.
Una de las características que tenía El gusto del cloro era la perfección de los movimientos (en aquel momento era la natación), quizás el dibujo no era del todo claro e incluso se veía difuminado, pero se entendía perfectamente el movimiento del personaje, con todo detalle. Aquí tenemos mucho más, la danza en todo su esplendor. En los agradecimientos, Vivés habla de las clases a las que pudo asistir. Fue un magnífico observador, a tenor de la fantástica meticulosidad que emplea para dibujar el cuerpo en movimiento. Su estilo minimalista (en muchas ocasiones, tan solo percibimos las  figuras de los bailarines) transmite una emoción sin distracciones. Luego también refleja el dolor, la tranquilidad del gesto de Polina contrasta con el dolor que sufre su cuerpo en los ensayos (los profanos en la materia ya habíamos visto algo así en Cisne negro este año). Puede que no te guste o nunca te hayas interesado en la danza clásica, visto que la contemporánea es lo que está mandando en estos días, pero no puedes evitar dejarte llevar por el torbellino de sensaciones que quiere transmitir Vivès. No hay lágrima fácil ni mucho menos, de hecho se le podría tachar de frío en algunos momentos, en muy pocas ocasiones se deja llevar por una gran pasión, que solo se deja entrever en ciertos momentos. Es el recorrido vital de Polina, su crecimiento de niña a mujer. Hay un momento especialmente brillante al final de la historia: Polina llega a su antigua academia como una artista consolidada, las niñas se arremolinan junto a ella para poder aprender, necesitan verla y levantan las manos de forma incontrolable pues es tal el deseo de estar junto a su ídolo. Luego está la entrevista con el viejo profesor Bojinski, siempre con gafas y barba, de repente en un ligero movimiento de esas gafas podemos apreciar como su pelo ha encanecido, al igual que su característica barba. Pasamos de la imagen idealizada de Polina a la real del paso del tiempo. Sublime. Sólo puedo recomendar esta historia, leedla con paciencia, disfrutando de cada detalle, y luego volved a leerla porque necesitaréis acompañar a Polina una vez más. Muy emocionante.

Locke & Key: Crown of Shadows

Joe Hill, guionista de la serie, fue premiado en la última edición de los Eisner al Mejor Escritor por esta serie, Locke and Key, que ya está en su cuarto volumen. Puede que este reconocimiento pueda darle algo más de popularidad, aunque parece que el piloto no ha suscitado el entusiasmo necesario como para llevar a cabo la adaptación a la pequeña pantalla (quizás a la grande, ya veremos). De todas formas, que premien una obra de la calidad de L&K no debería extrañar a nadie, aunque entiendo que el dibujo de Gabriel Rodríguez pueda ser demasiado convencional para una historia tan oscura, todo eso sin despreciar su trabajo, que me parece brillante. También estaba nominado para la categoría de mejor dibujante, pero ganó Skottie Young por su trabajo en The Marvelous land of Oz, que tiene una pinta realmente buena.
Centrándonos un poco en este tercer volumen, Crown of Shadows, la serie sigue manteniendo un buen ritmo, aunque no sé muy bien a donde quiere ir. Si bien el primer volumen me parecía más oscuro, el segundo más misterioso, este tiene un punto más melodramático. Lo habíamos dejado todo con el ataque a Duncan Locke, hermano de de Rendell Locke, el padre de familia asesinado en el primer número y por lo que su familia debía mudarse a una vieja casa llena de llaves y secretos en Lovecraft. Los personajes principales eran la madre Nina Locke, muy afectada por el ataque que sufrió donde murió su marido y que ahora pasa sus días con sus miedos y el alcohol, Tyler, Kinsey y Bode Locke, los tres hermanos que intentan llevar su nueva vida con más o menos normalidad, haciendo nuevos amigos, no siempre de fiar. Como Dodge, el siniestro personaje que guarda todos los secretos y que necesita urgentemente la llave del pozo donde había estado encerrado en su forma femenina hasta la llegada de los Locke. 
Hay personajes que no aparecen en este volumen que deberían aparecer más tarde o no, como Ellie, la profesora que aloja muy a su pesar a Locke, o el tío Duncan. Tampoco sabemos si su importancia va a crecer o simplemente no tendrán más relevancia. No es el caso de las nuevas apariciones, como los amigos de Kinsey que le enseñan la cueva donde está escrito el nombre de su padre junto con otros que no puede identificar. También tiene más importancie el detective con el que contacta Nina. En realidad, los personajes más importantes siguen siendo los mismos que en las dos primeras entregas, con alguna novedad en el primer número de este tercer volumen, que ayuda a entender ciertas motivaciones de Dodge. 
Pero no todas, obviamente, porque Joe Hill sigue siendo un maestre en el arte de enredar la trama o de despistarte con acciones paralelas que parecen no llevar a ningún sitio. La parte oscura de la historia, las acciones de Dodge, están muy bien llevadas, pero creo que donde mejor funciona el tándem Hill-Rodríguez, son con las viñetas donde se muestra el sufrimiento de la madre. Lejos de ser un cliché, intentan que comprendamos por lo que está pasando Nina, tanto o más que el resto de personajes. Su adicción al alcohol puede resultar patética, la muestra como una persona totalmente destruida, sin posibilidad de recuperación. El último número sirve perfectamente como ejemplo. En una pequeña viñeta, casi minúscula con el tamaño del resto, Hill y Rodríguez nos dan las claves para entender por lo que esta mujer está pasando. Luchando por intentar que su familia no se pierda, pero incapaz de evitar que su dolor salga y se convierta en rechazo, principalmente en el personaje de Kinsey, la adolescente cuya rebeldía se hace aún más patente. 
El trabajo de Rodríguez es fantástico. Los números 3 y 4, donde se relata la pelea con las sombras son una genialidad. Aunque quizás sea justo ahí la parte del guión que menos me gusta. Me parece un recurso demasiados sencillo el hecho de que un personaje como Dodge se pueda mover tan fácilmente y, sin embargo, sea tan torpe en otras acciones. Ahí es donde veo ciertos fallos de guión, no de dibujo, que está perfectamente ejecutado, en la poca coherencia de ciertas progresiones. Cada dibujo suyo expresa tantas emociones que apenas una secuencia basta para entender todo lo que le pasa a cualquier personaje. Sigue siendo el dibujante perfecto para Joe Hill, que al parecer planea llegar a los 68 números, lo cual es un poco desesperante teniendo en cuenta que van por el 24 del 4º volumen. Quizás sean demasiados, no sé si esta historia llena de misterios que sigue sin desvelarnos para qué son todas esas llaves, por qué están ahí y por qué Rendell Locke quería guardarlas con tanto cuidado. Pero qué tonterías digo, ahí está la emoción, pero cuidado, habrá que ser muy hábil para no saturar al pobre lector cuya capacidad de atención empieza a bajar de forma alarmante.

Descubriendo a Bastien Vivès con "Le goût du chlore"

Le goût du chlore es obra del nuevo prodigio del cómic francés Bastien Vivès, que con apenas 24 años ya apunta maneras de futuro icono de la BD francesa y europea. Sus obras son un éxito de crítica y público, y son rápidamente traducidas a otros idiomas. Le goût du chlore (El gusto del cloro) fue publicado en Francia en el 2008 por Casterman, dentro de su serie KSTR. Es ésta una serie muy interesante, con un estilo provocador tanto visual como argumentalmente, con ediciones muy cuidadas (como todas en Francia). Aquí en España, la obra de Vivès está siendo publicada por Diábolo ediciones.
Éste es el argumento: chico con problemas de espalda va a nadar los miércoles para curarse. Allí conoce chica muy atractiva con la que entabla amistad. 
Poco más se puede decir de la historia que se desarrolla en unas 140 páginas.  Y sin embargo al leer el cómic se perciben cientos de sensaciones diferentes que te llevan por caminos muy distintos. Lo primero que hay que decir es que es una obra casi muda. Nos encontramos páginas y páginas enteras sin que aparezca más que una corta frase. No quiere decir que no nos cuente nada el joven Vivès, al contrario. Si en algo destaca esta historia y la obra del francés en general, es por su gran maestría en el arte de los gestos. La información que te dan esos personajes poco definidos no es poca. Y el autor nos deja a los lectores el interpretar todo lo que está sucediendo. La trama se desarrolla prácticamente en su totalidad en la piscina. Todo el cómic tiene ese color azulado/verdoso propio de esos entornos de piscina pública. Me parece muy interesante como los personajes son definidos en el agua, a veces es simplemente una figura apenas percibida en medio de una masa verdosa que parece no tener fin. La soledad del chico protagonista queda bien reflejada en estas viñetas. Y sin embargo, a pesar de tener una línea poco clara de dibujo, de difuminar a propósito el contorno de los personajes para que no estén verdaderamente definidos, resulta sorprendente la forma detallada con la que muestra la natación. Es una aproximación casi perfecta a la posición que debemos tomar en cada brazada, en cada movimiento de piernas. 
Son como pequeñas instantáneas donde se muestra cada movimiento, cada expresión, cada mirada que no son normalmente percibidas cuando no estamos pendientes. Es como cuando vemos unas fotografías y nos sorprendemos de la cara que había puesto fulanito o menganito, la cual no habíamos visto antes ya que estábamos a otra cosa. Es cierto que no parece suceder mucho en esta historia, pero sin embargo se cuenta una historia universal que a nadie nos parece banal si esa misma historia nos pareciera a nosotros. La poca gana con la que el chaval sigue el consejo de fisioterapeuta y se va a nadar, el interés que siente por esa chica que va creciendo conforme empiezan a entablar amistad. Como se percibe el amor que siente por ella, pero se hace de forma sutil, sin estridencias, como la vida misma. Los diálogos no son gran cosa, es cierto. Pero es que son diálogos reales. Aquí no se ponen a hablar de los problemas del cultivo de patata en el sur de Kentucky, no. Hablan de nadar… y a partir de ahí surgen nuevas conversaciones, más personales, propias de una relación más estrecha, donde se forja una confianza que sólo parece existir dentro de la piscina. Es como esas relaciones que mantienes con gente que, en un lugar en concreto, son muy cercanas aparentemente, cuando mantienes algo en común, pero que se diluyen al salir del contexto y ya todo eso que compartíais no parece tan importante. Es triste, pero son lecciones de la vida. ¿Hay algo más interesante que eso? 
P.D. Sólo me quedo con las ganas de saber qué le dice la chica debajo del agua al chico…si alguien lo sabe, pues eso…

Otras opiniones….
Rafus, de Malabares en su Tinta
Banda aparte, de La Tormenta en un vaso
Fran G. Lara, de El pequeño misántropo en el país de los sueños
EduXavi, de Trazos en el bloc
Pequeño saltamontes