No mires atrás con ira o cómo las lecturas salvaron mi 2020

Se acabó

Ya está, adiós 2020. So long, and thanks for all the fish. No va a cambiar mucho el mundo, pero mentalmente nos viene muy bien dejar atrás este número tan redondo que resultó ser una trampa. Que ha sido el año más raro de la mayoría de todos nosotros, cuando no el peor, eso ni cotiza. Que para algunos no habrá sido un periodo tan malo, eso también hay que tenerlo en cuenta. En mi caso, yo estoy en el primer grupo con matices. Debido a mi situación personal, el confinamiento no me supuso un gran cambio al principio. Luego se demostró que todo pasa factura, pero no hablemos de eso ahora. Para mí no fue un problema tener más tiempo para dedicarle al cine, a las series, a arreglar enchufes y… a leer. Según Goodreads, este año he leído 152 libros y más de 38000 páginas, lo que viene a ser casi el doble con respecto al año pasado. Es verdad que lo que importa no es la cantidad, sino la calidad. Y con los libros, esta máxima siempre se cumple.

Balance literario del 2020

Este año ha estado marcado por mi incursión en los clubs literarios de Telegram y a las lecturas conjuntas. Leer con otros siempre ha sido un placer. Nunca se valora lo suficiente todo lo que se puede aprender de comparar opiniones con otros lectores, afines o no. Por supuesto yo ya estaba en el Club Qwerty, donde seguimos leyendo un libro al mes desde hace ya unos cuantos años. Gracias a este club he podido leer clásicos que tenía apartados como Los mares del Sur, de Vázquez Montalbán, o Frankenstein (que era relectura para mí). También descubrí thrillers atípicos como El jardín de bronce o El Chef ha muerto. En definitiva, una reunión de amigos en la que nos hemos hecho compañía, además de echado unas risas. Y que continúa: para este mes tenemos que leer nada más y nada menos que la Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.

En plena pandemia me hice patreon de Insólita, donde he descubierto una comunidad de lectores de literatura fantástica, ciencia-ficción y de terror enorme. Estoy encantado con la cantidad de consejos y recomendaciones. Mi cartera no lo está tanto y la pila de pendientes no para de crecer, pero sarna con gusto no pica. He leído dos libros de la editorial: Ciudad nómada, rebaño miseria (aquí la reseña) y Ojalá tú nunca (otra reseña), y ahora mismo estoy leyendo Meddling kids, de Edgar Cantero. Me encanta el tipo de literatura que nos trae esta editorial.

Mi primera lectura conjunta la hice gracias a Gema Moratalla y su grupo de Telegram. Fue Los cuclillos de Midwich, de John Wyndham, el libro en el que se basó la película El pueblo de los malditos y su posterior remake de John Carpenter en 1994. Tenía mis dudas con lo de la lectura conjunta, esto de seguir un patrón no va mucho conmigo, pero la verdad es que se disfruta mucho. Tanto que me he metido a cinco lecturas conjuntas en enero. Una locura, pero de las buenas. Poco después me apunté al Club literario Atreyu, un club con base en Telegram donde se organizan muchas lecturas conjuntas de todo tipo. En diciembre me inicié con ellos leyendo Rebecca y Asesinato en el Orient Express.

También participé en el reto lector de La liga de las lecturas extraordinarias, de Javier Miró. Consistía en sumar puntos según el tipo de libros que leyeses y siempre se destacaba si salías de tus libros habituales. No sé si ha sido por este reto, pero desde luego ha funcionado. Este 2020 ha sido, sin duda, mi año más variado.

Como reto personal, me había puesto la meta de leer 20 novelas de ciencia-ficción en este 2020. Lo he conseguido por los pelos, apenas 21, lo que demuestra la variedad de géneros de este año. Entre las novelas que han destacado están la trilogía Binti, The Illustrated Man, Babel-17 o La Guerra Interminable. Ha sido un buen año de ciencia-ficción, desde luego.

Por último, me he animado a escuchar audiolibros de manera regular. He aprovechado las ofertas de Storytel y Audible para ir “leyendo” mientras hacía deporte, limpiaba el baño o caminaba dos horas entre la cocina y la habitación hasta conseguir el mínimo de pasos diario. El confinamiento y sus TOCs. Empecé con un libro sobrecogedor: La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger, para luego seguir con On writing: A memoir of the craft, leído por el mismo Stephen King (este lo recomiendo encarecidamente) o la última novela de Elena Ferrante, La vita bugiarda degli adulti.

Algo que he dejado de lado este año han sido los cómics. Al menos en parte. Apenas he leído unos 20, una cifra muy, pero que muy inferior a la de otros años. También me he olvidado un poco de la poesía, algo que quiero retomar y convertirlo en una costumbre. Como punto positivo es que he vuelto a escribir. Sobre todo han sido microrrelatos, algunos no tan micro, y poemas. De momento no son gran cosa, pero como elemento catalizador han sido realmente útiles.

Leer en tiempos de Covid

Como digo en el título, leer me ha salvado el año. Durante el confinamiento me quedé solo en casa durante dos meses por razones que ahora no vienen al caso y el poder ponerme a leer un libro, sin televisor o radio que me metiera más desasosiego, fue todo un placer. No tuve ningún problema en leer ficción sobre pandemias y mundos post-apocalípticos. Ahí cayeron Anna, de Niccolò Ammaniti, o el cómic Extremity, y muchos más. También he leído ensayos como L’empire des signes, de Roland Barthes, Afrofuturism: The World of Balck Sci-Fi and Fantasy Culture, de Ytasha Womack o The Age of the Vikings, de Anders Winroth.

¿Sabéis aquello que dicen que con los libros puedes viajar? Este año nos ha hecho falta más que nunca. Empecé el año en una isla semiabandonada cerca del Polo sur en La pell freda, viajando de planeta en planeta buscando a un enemigo desconocido en Babel-17, me pasée por las calles de Estocolmo recordando la Grecia de la infancia en Otra vida por vivir, el Hong Kong colonial de los años 20 en Incienso o el Antiguo Egipto con Ramsès: Le fils de la lumière. Estuve en la Sicilia de Camilleri, seguí hasta el Ártico al monstruo creado por Mary Shelley, me moví por el Golfo del Misisipi en La canción de los vivos y los muertos y me volví loco con los cocoteros de Papúa Nueva Guinea en Imperium. Por supuesto, no me olvido de los viajes temporales de This is how you lose the time war o montado en una locomotora viviente junto a Jim Botón y Lucas el Maquinista. He leído en castellano, francés, italiano, catalán e inglés. También he tenido varias decepciones como Voz, de Christina Dalcher u Ojos de muñeca, de Ingrid Desjours. Ha sido el año de Rodari, pero también de Henning Mankell y de Michael Ende. Por último, me he encontrado con relecturas fantásticas que no han hecho sino confirmar el cariño que sentía hacia esos libros, como Persépolis o Momo. Y no me quiero olvidar del libro que me ha acompañado más tiempo: El camino de los Reyes, de Brandon Sanderson. Dos meses tardé en formar parte de los lectores Cosmere. No fue quizás todo lo atractivo que esperaba, pero sí me picó la curiosidad con la suficiente intensidad como para volver.

En definitiva, este ha sido un gran año de libros, con su crisis lectora incluida. No podía ser de otra manera. No tengo pensado hacer ningún ranking en especial de los libros que más me han gustado, como mucho comentar algunos que me hayan marcado de alguna manera, al fin y al cabo cada libro tenía su momento especial. Esperemos que este 2021 siga la racha positiva. En todos los sentidos.

El jardín de bronce, de Gustavo Malajovich

Título: El jardín de Bronce
Autor: Gustavo Malajovich
Editorial: Random House (2013)
Encuadernación: Tapa dura
Páginas: 592
ISBN: 9788415725022
*Valoración 8/10

La pesadilla recurrente de cualquier padre o madre: tu hijo ha desaparecido ante tus ojos y apenas puedes reaccionar. Ha sido un segundo, has mirado un momento un coche que ha entrado muy rápido por tu calle, te has puesto a sujetar esa sombrilla que parece que el viento quiere llevarse, has estado comprobando si esa oferta de champús del supermercado merece realmente la pena…y ya no está. Primero intentas mantener la calma, no puede haber ido muy lejos, pero poco a poco vas acelerando el paso, al mismo tiempo que tu respiración, empiezas a levantar la voz entre la gente, o a pedir ayuda una vez superada la vergüenza o la culpa de haber perdido a tu hijo. Estás asustado, todos tus peores miedos ya están fuera de control, ojalá pudieras tener ese poco de sentido común para darte cuenta que el niño solo ha querido ir a hacer pis detrás de aquel árbol o a por esas galletas con chocolate que ha visto en el pasillo anterior. Son minutos, incluso menos, pero la angustia parece eterna. Ni siquiera hace falta que sea tu hijo, este sentimiento es universal, pero es algo que no piensas nunca hasta que existe la posibilidad de que pueda pasar. Ni me quiero imaginar la pesadilla de que el niño se pierda de verdad, o de que se lo lleven. Pues justamente es esto lo que pasa en la novela del argentino Gustavo Malajovich.

El jardín de bronce es la primera novela de este autor, publicada en argentina en el 2012 y en España un año después. Malajovich es un arquitecto convertido en guionista y escritor. En el 2002 fue el guionista de una serie con bastante éxito, Los Simuladores. Aquí se mete de lleno en el mundo del thriller, creando la primera historia del rastreador (que no detective) Fabián Danubio. En el 2018 se publicó la segunda aventura, o el segundo caso, de Danubio, El hombre de niebla. En cuanto a la novela que nos ocupa, HBO realizó una serie de ocho capítulos basados en El jardín de bronce, con bastante éxito y que ya cuenta con su segunda temporada. Ignoro cómo de fiel a la novela es esta serie, he preferido no verla hasta leer el libro.

La historia de este thriller duro y realista transcurre en Argentina, buena parte de ella en la ciudad de Buenos Aires, a principios del siglo XXI. Personalmente, he estado leyendo el libro tomando notas constantemente tanto de las localizaciones (y buscando en google) como del lenguaje usado. Luego hablaré de estos dos aspectos. Fabián y Lila son padres de una niña de cuatro años llamada Moira. Es una pareja que no está en su mejor momento, con crisis continuas y que no auguran nada bueno. Fabián es un arquitecto con un padre que no quiere salir de casa y un hermano que vive en Canadá y que, a pesar de todo, le dice cómo tiene que vivir su vida. Lila es una mujer que añora su pasado universitario, procedente del sur del país. Un día, Moira desaparece con Cecilia, una joven peruana que limpia en casa y cuida de Moira. A partir de aquí toda la investigación se centra en encontrar la niña sin descartar ninguna posibilidad, pero el tiempo pasa y la investigación no parece avanzar. La desesperación de los padres es incontrolable. A lo largo de la historia irán pasando distintos personajes con mayor o menor importancia, a destacar la irrupción del detective privado César Doberti, sin duda uno de los personajes más importantes de la novela.

El jardín de bronce es una novela que te engancha desde el principio. El autor nos presenta unos personajes atractivos y con un halo de misterio de los que no podemos dejar de sospechar en ningún momento. Buenos Aires es una ciudad enorme con una estructura social compleja: policías, gente burguesa con una clara idea de la separación de clases, inmigrantes metidos en problemas, o no, mafiosos traficantes de blancas, vagabundos que intentan ganarse la vida en una ciudad para la que son invisibles. No conozco Buenos Aires, pero la habilidad de Malajovich ha sido crucial para entenderla. Eso y Google Maps. Está claro que los policías no salen bien parados en esta historia. Personal inoperante, con tendencia a la corrupción y a la desidia. El honor recae en los más humildes, quizás porque ya no tienen nada que perder. La primera parte de esta historia ( se divide en 5 partes, o fases) es especialmente oscura y deprimente. El tono de la novela cambia con la aparición del detective privado Doberti. Es ocurrente, algo cínico, pero rápido y atrevido. Contrasta con todo lo que hemos leído hasta ahora. Un soplo de aire fresco, porque la novela nos estaba ahogando en este punto. A través de él vamos a conocer otra parte de Buenos Aires, menos oficial y mucho más viva, pero también peligrosa. Con él, Fabián va a formar un tándem para poder continuar la búsqueda de Moira. Los diálogos entre estos dos personajes son de lo mejor de la novela. Precisamente en los diálogos es en donde más se aprecia el vocabulario coloquial, la mayoría de la jerga policial, el lunfardo, expresiones muy vivas que solo se nos presentan a través de la conversación, ya que el autor mantiene un tono bastante neutro durante el resto de la obra y fácil de comprender para cualquier hispanohablante.

Ya he comentado que la novela está estructurada en 5 fases, cada una con un título. La primera fase se llama “El mes más cruel”, claramente haciendo referencia al mes de abril del poema de La tierra baldía de T. S. Elliot. Abril es el mes del nacimiento de la primavera (en el hemisferio norte, no en Argentina), es el mes de la esperanza, de las grandes ideas, pero que pueden acabar en fracaso. Puede ser el mes de la decepción. Y es justo en abril cuando Moira desaparece. Toda la novela está contada con narrador en tercera persona, pero no omnisciente. No tenemos una historia que vaya dando muchas pistas al lector, al menos pistas evidentes. Como decía, está contada en tercera persona salvo el principio de algunas fases. Ahí aparece un texto en primer persona y en cursiva. No sabemos muy bien lo que es, puede ser un monólogo interior o un diario. Tampoco sabemos si es un personaje que aparece en algún momento de la novela o alguien completamente nuevo. Sabemos que es un ser atormentado y violento, que acaba de matar a su padre. Es algo confuso al principio, pero te deja con la intriga y las ganas de saber más. Me ha gustado también cómo trata el tema social, cómo aparecen retratados los inmigrantes y todos los prejuicios que sufren, prejuicios y perjuicios. Quizás lo que menos me haya interesado es el abuso de ciertos personajes, principalmente los policías y la familia de Fabián. En muchos casos no aportan nada y en otros solo sirven como recurso deus ex machina que rechina un poco. En general, me ha parecido un gran drama policial que no se resuelve de manera sencilla, que no busca complacer al espectador y que te plantea serios dilemas morales. Muy recomendable para aquellos que busquen leer algo de novela negra que se salga de los territorios ya conocidos.

Como banda sonora, un poco de rock argentino variado, cuanto más sucio mejor. Me quedo con este temazo de Soda Stereo:

Reseña de Carbono Modificado, de Richard Morgan

Takeshi Kovacs es un mercenario emisario espacial que llega a la tierra tras haber sido arrestado y almacenado para ayudar a descubrir la verdad tras un supuesto suicidio. “Carbono modificado” es una fiesta cyberpunk lleno de violencia, sexo y acción, con interesantes ideas sobre el futuro que nos espera, al igual que con unas cuantas pesadillas.

Gigamesh, 2016. 464 páginas

7,5/10

La primera parte de la trilogía Takeshi Kovacs, Carbono Modificado fue publicada por primera vez en el 2002. Fue la primera novela de Richard Morgan, lo que es sorprendente visto la fuerza que desprenden estas páginas. Es una fantasía cyberpunk, repleta de acción, violencia y mucho sexo, con un gusto clásico de novela negra. Si te gusta este cocktail, adelante. Además, Morgan plantea un futuro donde nadie tiene por qué morir del todo si tienes los medios necesarios. Una novela de ciencia-ficción que se plantea dudas existenciales mientras lees sobre asesinatos brutales. No me extraña que se haya convertido en una serie de Netflix. Serie que aún no he visto, por cierto.

DE QUÉ VA CARBONO MODIFICADO


Estamos en el siglo XXVI y la humanidad ha conseguido establecerse en varios puntos de la galaxia. Uno de ellos es la Tierra de Harland, de donde procede Takeshi Kovacs, un ex-mercenario y antiguo emisario espacial (una especie de supersoldado modificado) que ha sido capturado y almacenado por una serie de crímenes. ¿Qué es eso de almacenado? Todos los humanos llevan una pila incrustada en la nuca que registra su vida, sus memorias, su carácter. Podríamos decir que registra su alma. Cuando mueres, si tienes los medios para ello, te pueden reenfundar, es decir, pueden incrustar esa pila en otro cuerpo y seguir con tu vida. También existe la posibilidad de crear cuerpos sintéticos, aunque la mayoría prefiere un cuerpo natural. Si eres arrestado, tu cuerpo queda almacenado por un lado y tu pila por otro, con lo que te espera una estancia en un cárcel virtual. Kovacs ha sido contratado por un estrafalario millonario de la Tierra, Laurens Bancroft que lo trae a Bay City (antigua San Francisco) para investigar su suicidio (recuerda que te puedes reenfundar) del que no recuerda nada, pero que sospecha pudo ser un asesinato. Takeshi tendrá que lidiar con la agente de policía Kristin Ortega, la mujer de Bancroft o una panda de asesinos que buscan resarcirse.

Carbono modificado también tuvo su versión en cómic

OPINIÓN


Aquí hay una historia de novela negra enmarcada en un contexto de ciencia-ficción, con su aliño de distopía y humor negro. La premisa básica es muy interesante, ¿morimos del todo si nuestro cuerpo es pulverizado pero se convserva la pila y podemos tener una “funda” mejor? ¿Qué nos hace verdaderamente humanos si hoy podemos estar en el cuerpo de un hombre, mañana en el de una mujer y pasado en un reloj? El debate que nos presenta Richard Morgan me parece lo mejor de la novela. También resulta interesante el cuerpo de emisarios, aunque no termina de estar totalmente explicado en esta novela, quizás en las siguientes. Otra pregunta muy pertinente es cómo cambiaría la humanidad a millones de años luz de distancia. Si las diferencias ahora nos parecen enormes, ¿tendríamos algo en común? ¿Seríamos si quiera la misma especie evolucionando en un ambiente tan distinto y sin intercambio genético? Muchas preguntas, sí. En un momento dado una secta llamada “Católicos” tiene un papel importante en la historia. En este futuro distópico donde cualquiera puede cambiar de un día para otro, la religión ha perdido su importancia para la mayoría y ha caído en el olvido. El resto ven como unos auténticos tarados el hecho de no querer ser reenfundado porque pierdes tu alma, que es lo que quieren los cristianos. Hay algún guiño simpático (o no, según se mire) a España. Parece que Morgan vivió en España y su mujer es española.

Como decía, me ha gustado mucho la idea inicial. La trama de novela negra, algo menos. Creo que en este aspecto es demasiado repetitiva y da muchas vueltas para llegar a la solución final. El lenguaje es otro punto fuerte, muy explícito y descarado. No sé si la serie de Netflix habrá seguido este ritmo, porque algunas veces es demencial. Hay un episodio dedicado a la tortura de un personaje que se te queda grabado. El personaje de Kovacs es de los que amas u odias: prepotente hasta decir basta, chulo, antipático, pero con un pasado interesante que hace que todo tenga sentido. Todo gira en torno a él, así que el resto de criaturas que deambulan por Bay City sirven para su trama, ya sea para tener sexo brutal y desenfrenado, para intentar matarlo de cualquier manera posible o para echarle la culpa de todo lo que pase. Creo que ahí es donde más falla la novela, en la repetición, en la recreación en lo brutal, y en la contribución que la mayoría de los personajes tienen en la historia. A pesar de todo, es una historia potente. Volveré al universo Kovacs.

This is how you lose the time war, de Amal El-Mohtar y Max Gladstone. Reseña.

Red y Blue son dos agentes enfrentados en una guerra intertemporal que comienzan una curiosa relación a través de unas cartas que se van dejando. Tienen todo en su contra, pero también mucho en común.

Publicado por Jo Fletcher Books, 2019

209 páginas (edición ebook)

8/10

Escuché por primera vez oír hablar de This is how you lose the time war en las nominaciones a los premios Hugo de este año, concretamente en la categoría de novela corta. De Max Gladstone ya había escuchado hablar y tengo un par de libros suyos pendientes (de la saga The Craft Sequence), no tanto de Amal El-Mohtar, aunque la tendré bastante en cuenta a partir de ahora.

De momento no se ha traducido al español, así que me lancé a leerlo en inglés viendo que se trataba de una novella y que ya tenía muchas ganas. Yo soy de impulsos, puedo tener una lista de pendientes gigante (así es, la verdad) que como vea un título que me guste, me lanzo de cabeza. Suelo leer en inglés a menudo, principalmente novelas cortas o relatos, aunque si la narración no es muy farragosa, me lanzo a por novelas más largas. Tengo un buen nivel de inglés, pero no soy bilingüe y mi trabajo me cuesta, aunque lo de matar dos pájaros de un tiro siempre es interesante. Uno el ansia por leer esa novela que tanto te ha llamado la atención y el otro mejorar tu inglés, el eterno propósito de Año Nuevo.

Amal & Max

RESUMEN


Esta es casi la parte difícil. No quiero decir mucho de la novela sin estropear la experiencia lectora. Red y Blue son dos agentes enfrentados en una guerra intertemporal. Viajan a través del tiempo y el espacio para intentar transformar la historia según las necesidades de su sociedad. En un momento dado, Red encuentra una carta de Blue y a partir de ahí entablan un juego epistolar que puede traer trágicas consecuencias.

OPINIÓN


Me ha costado leer esta novela, a pesar de ser relativamente corta. No se dan muchas explicaciones sobre lo que está pasando, sobre quienes son los jefes de Red y Blue, Garden y Agency, sobre qué quieren exactamente, sobre dónde tienen lugar estos combates, de los que sabemos que son cruentos. No sabemos qué pasó realmente para que esta guerra empezase, o solo tenemos pequeños detalles, ni siquiera estamos seguros de que Red y Blue sean humanas. Digo humanas porque en el texto usan constantemente she/her aunque no parece que el hecho de ser mujeres pueda ser relevante para la historia.

“Letters are structures, not events. Yours give me a place to live inside”

Pero no quiero desanimar a los futuros lectores, This is how you lose the time war es un texto lleno de sugerencias e ideas muy atractivas. A los que nos gusta la ciencia-ficción, estamos acostumbrados a leer textos sorprendentes, que juegan con el lenguaje y con todas las convenciones literarias. Aquí tenemos una novela epistolar en medio de una insólita guerra del tiempo donde todo parece extraño e inhumano. Justo ahí, en mitad de esos campos de batalla de difícil localización aparecen esas cartas a través de las cuales, casi como si se tratase de una novela del siglo XVIII, vemos crecer y cambiar la relación de estos dos misteriosos personajes. Estas cartas (de donde salen o cómo se entregan lo dejo para vosotros, pero la imaginación siempre nos ayudará) están llenas de referencias a lo mejor de la humanidad, al patrimonio que hemos dejado y que nos ha hecho lo que somos, de amor a la naturaleza, de jugos de palabras y un sutil sentido del humor, de medias verdades y mentiras piadosas. A través de un medio tan olvidado hoy en día, o quizás transformado gracias a la mensajería instantánea, apreciamos esa relación que va ganando en confianza y en riego para las protagonistas. La referencia a Romeo y Julieta es evidente, aunque no es la única que tenemos de Shakespeare, pero es que las historias de amor imposible siempre han sido un caldo de cultivo espectacular en la literatura de cualquier género. El conflicto está servido y la preocupación del lector casi garantizada. Si a eso añadimos una gracia especial por parte del autor, la capacidad de hacernos empatizar con estos personajes de los que sabemos tan poco, prácticamente solo aquellos que nos cuentan o la información que el narrador nos da, quizás objetiva pero más aséptica, tendremos un cócktel como mínimo atractivo. No es una novela sencilla, es compleja y quizás no sea lo que el lector espera, pero la sorpresa siempre será bienvenida.

“At the end as at the start, and through all the inbetweens, I love you”

A pesar de estar dentro de un marco de ciencia-ficción, a veces donde la tecnología domina el discurso, yo me quedo con la parte más sentimental de la novela. La relación de Red y Blue es lo que más deja huella, quizás por ser lo más cercano a nosotros, lo que vemos verdaderamente tangible. A lo mejor justamente por eso no he parado de pensar en las canciones de Belle & Sebastian como una buena banda sonora para This is how you lose the time war.

Belle & Sebastian – I fought in a war.

Gianni Rodari, el maestro que hacía reír

El 14 de abril de 1980 moría Giovanni (Gianni) Rodari a los 60 años tras un problema de corazón. Este año también se cumple un siglo de su nacimiento allá por el norte de Italia, cerca de Novara y del lago Orta. En el programa 122 de Invita la Casa, en la sección literaria que llevo, Páginas Particulares, he hablado de Rodari y de lo que significa para la literatura infantil.

Tuvo una vida bastante azarosa, casi como todo el mundo que tuvo padecer la Segunda Guerra Mundial. Hijo de panaderos, fue huérfano de padre a los 9 años. Su madre lo envió a un seminario para hacer la Secundaria, incluso llegó a militar en las filas de Azione Cattolica. Ya entonces empezó a escribir y publicó algunos cuentos para un diario del partido. A los 17 años consiguió su diploma para poder ser maestro. Le encantaba la música y estuvo estudiando violín unos años. Sus ideas políticas fueron cambiando también. Empezó a leer a Nietzsche, Schopenhauer, Lenin o Stalin. Después de la guerra y la caída del fascismo, se inscribió en el Partido Comunista. Durante este tiempo empezó a trabajar como periodista para distintos diarios. El PC le pide que dirija una revista infantil llamada Pioniere. Es ahí (1950), cuando hace su primer viaje a la URSS. Es algo curioso ahora, pero en aquella época tendría todo el sentido del mundo, pero fue en aquel país donde Rodari tendría más éxito fuera de Italia. Sus cuentos y poemas fueron publicados enseguida e incluso tuvieron adaptación televisiva. Pero como siempre hay dos caras de la misma moneda, algunos no se tomaron muy bien esto de que un antiguo miembro de Azione Cattolica estuviese de tournée por la Unión Soviética: algunas de sus obras fueron quemadas en los patios de las iglesias italianas acusándolo de todo lo que se podía acusar a un escritor de cuentos infantiles. En los 60 se dedicó de lleno a la literatura consiguiendo un gran éxito en su país y fuera de él. En 1970, Gianni Rodari sería galardonado con el premio Hans Christian Andersen, el gran reconocimiento internacional de la literatura infantil y juvenil.

La mayor parte de su obra la encontramos en forma de cuentos y poemas humorísticos y que desbordan imaginación, llamados retahílas (filastrocche). Los Cuentos por teléfono, las Novelas hechas a máquina o los Cuentos para jugar son solo un ejemplo de la extraordinaria imaginación, sentido del humor y comprensión de la visión que el niño tiene del mundo. También tenemos novelas un poco más largas como Érase dos veces el barón Lamberto y tantas otras.

Contraportada de Escuela de fantasía (Blackie Books, 2015)

Además de escritor, Rodari fue un gran maestro y pedagogo, dedicándose toda su vida al fomento de la lectura de una manera práctica y amena. Gramática de la fantasía o la recopilación Escuela de Fantasía son dos de los principales escritos que dejó sobre lo que significaba el oficio de contar cuentos. Tenía una visión de la infancia y de la escuela realmente moderna. Hay tantos escritos que hoy en día defienden una escuela gamificada, donde el niño controle su propio aprendizaje. Bien, Gianni Rodari ya veía en los 60 la necesidad de alejarse de esa escuela dura y seria en la que él se había criado, quería que el colegio fuese un lugar divertido donde aprender jugando fuese la norma. A través de los cuentos y de esos poemas tan característicos tenía la posibilidad de acceder a los niños porque los abordaba desde el mismo plano, el de la imaginación sin límites. Y todo eso lo hacía sin alejarse tanto de la realidad. Rodari no escondía los problemas a los que se podía enfrentar un niño en una Italia todavía en reconstrucción. A partir de esa realidad que bien podía ser el hambre, el paro, la guerra incluso, construía un mundo fantástico y divertido en el que los niños podían jugar con libertad. Cuarenta años después de su muerte, Gianni Rodari sigue siendo tan actual como lo era en su momento. Sus historias se siguen contando por la noche en todo el mundo, ahora no solo por teléfono, también por Zoom.

Reseña de Half a King (Medio Rey), de Joe Abercrombie

Novela de iniciación que tiene a Yarvi como protagonista. Hijo de reyes, pero con una mano tullida, es visto por todos como una carga. Una historia llena de traiciones, de crímenes y combates, aunque también de honor y amistad. Half a King (Medio Rey) es la primera novela del Shattered Sea (Mar Quebrado) y está enmarcada dentro de la literatura juvenil.

HARPER COLLINS (2015), 416 páginas

En España la ha publicado FANTASCY, 384 páginas y traducida por Manuel Viciano.

7/10


Lo primero que quisiera decir es que no soy buen lector de fantasía, de ningún subgénero, ni épica, ni heroica, ni baja fantasía, ni grimdark. Recuerdo haber leído El Señor de los Anillos y el Hobbit, tres libros de Canción de Hielo y Fuego, alguna de Sanderson y algo de Sapkowski. No es que no me interese el género, pero es verdad que libros río tan gruesos no suelen interesar si no hay una historia que realmente me atraiga. He dejado muchos por el camino que me habían recomendado, que quizás retome en el futuro. Leer va mucho por rachas, hay que aprovecharlas.

Este año no paro de escuchar el nombre de Joe Abercrombie por todas partes. Su nueva novela, Un poco de odio, ha sido muy publicitada y, quieras que no, a uno le pica la curiosidad. El primer libro que tenía a mano, aunque fuese virtualmente, era este Medio Rey, primera parte de una trilogía llamada del Mar Quebrado y que he empezado a leer en inglés. Hay que decir, que si sueles leer en inglés, no es especialmente difícil. Este libro lo descubrí gracias a Librorum, un podcast de reseñas literarias muy recomendable. Vanessa es muy seguidora de Abercrombie, así que me convenció, y seguro que a mucha más gente. Ahí descubrí que esta obra de Abercrombie es algo distinta a sus otros trabajos. Se enmarca dentro de la literatura juvenil, por lo que los hechos no son tan cruentos ni el lenguaje es tan explícito como en el resto de sus libros.

Joe Abercrombie en una entrevista para Jotdown.
Fotografía: Begoña Rivas

Medio Rey cuenta la historia de Yorvi, un muchacho que nació con una mano tullida y al que todo el mundo lo ve como débil. El problema es que es hijo de un rey, al que acaban de matar en combate junto con su hermano y futuro heredero. Empieza la novela con Yorvi preparándose para convertirse en rey, de la mano de su madre y su tío. Pero él sabe que todos recelan de alguien que no es capaz de blandir una espada como el linaje merece, ¿cómo va a defenderlos en la batalla ante tantos enemigos que hay a otro lado del Mar Quebrado? Yorvi deberá afrontar traiciones y conspiraciones por el poder, además poder sacar lo mejor de sí mismo cuando los momentos sean más duros.


OPINIÓN


La novela sigue la clásica historia de iniciación y el viaje del héroe: Yorvi lleva una vida rutinaria, pensando en convertirse en ministro, algo así como religioso al servicio del reino. Una serie de acontecimientos trágicos le obligan a tomar una responsabilidad para la que no estaba pensado. En su nueva situación, Yorvi debe adaptarse, romper con lo establecido para alguien como él. Encontrará enemigos, algunos inesperados, pero también amigos y un maestro del que aprender. Su viaje debe completarse en el destino final que será el punto de partida. A lo largo del viaje vemos cómo cambia el personaje, cómo debe reconstruirse para afrontar los desafíos que se le han impuesto.

Estoy seguro que este viaje ya lo hemos visto antes, como pasa con la mayoría de los libros que leemos hoy en día. La cuestión es en cómo te lo cuentan. No hay nada mejor que ver un buen cuentacuentos contándote un relato, aunque te lo sepas al dedillo. Lo disfrutamos como niños y lo podemos hacer de adultos, excepto cuando las cortapisas que nos ponemos nosotros mismos no nos dejan hacerlo. Yorvi es un chico desamparado, que se ha metido en un inmenso problema a todas luces injusto, es fácil ponerse de su lado. Abercrombie tiene mucho talento para crear buenas historias y buenos personajes. Es capaz de dar un contexto rico en matices e incluso de sorprenderte con comportamientos inesperados o, para mí, muy humanos. No todo el mundo puede reaccionar de la misma manera, no todo el mundo puede ser un héroe.

“If life has taught me one thing, it’s that there are no villains.

Only people, doing their best.”

Tiene un lenguaje bastante rico, con diálogos que acompañan muy bien la historia. Es interesante como las mejores reflexiones vienen de la madre de Yorvi. Este recuerda a su madre que le va dando lecciones aún estando separados. Es un recurso que a veces puede ser algo pesado, el que los consejos de la madre aparezcan ante cada situación, pero las mejores frases salen de ahí. Es una historia llena de aventuras, que empieza algo más lento, pero va tomando velocidad de crucero. De hecho, tardé mucho en leerme las primeras páginas, sin embargo, Abercrombie te atrapa y no te suelta deseando saber el desenlace de la trama. Algo positivo de Medio Rey, algo que me suele echar para atrás en mucha literatura fantasy, es que tiene un final cerrado. Es cierto que quedan dos partes más en esta trilogía, pero se puede leer perfectamente con la sensación de que la historia ha acabado.

En resumen, diré que me ha gustado mi primera incursión en el mundo Abercrombie. Tengo muchas ganas de enfrentarme con sus obras más duras y, seguramente, auténticas. He descubierto un autor que sabe contar muy bien las historias a pesar de estar en terrenos demasiado explorados, que sabe interesar al lector.

Una banda sonora apropiada podría ser el último disco de Myrkur, que recuerda a esos ambientes vikingos que quiere reproducir Abercrombie.

Reseña de Banda Sonora, de Jordi Sierra i Fabra

La historia de un chico que sueña con dedicarse al rock en la Barcelona de los noventa, siguiendo los pasos de su padre, si bien este no fue nunca un buen ejemplo.

SIRUELA 1993/2006

260 páginas

6/10


Jordi Sierra i Fabra es uno de los escritores más prolíficos que he leído. La cantidad de obras de ficción y no ficción que lleva escritas resulta sorprendente, abarcando prácticamente todos los géneros literarios. También ha dedicado buena parte de su trayectoria a escribir ensayos y biografías sobre el mundo del rock. Con Banda Sonora, Jordi Sierra une sus dos pasiones en una novela juvenil escrita originalmente en 1993. Esta es la novela que hemos leído este mes para el Club de Lectura Qwerty

Vic de 16 años que quiere dejar los estudios una vez acabada la ESO y dedicarse a la música. LLeva dos años aprendiendo a tocar la guitarra y se le da bastante bien. No las tiene todas consigo, vive con su madre y ella nunca aprobaría semejante decisión. Vicky, la madre, conoce bien esa vida de promesas del rock con malas compañías por culpa de Julián, el padre de Vic del que se separó y al que este no ve desde hace cuatro años. Precisamente Vic recurre a su padre para que convenza a su madre, a sabiendas que no se hablan y que hay viejas rencillas entre ellos. Vic ya tiene un grupo, formado por cuatro chicos y una chica. Luego está la relación con Sonia, su novia. Estamos en los años 90, con una escena musical barcelonesa bastante complicada y donde los gustos por el rock y el blues 70s no son demasiado populares.


OPINIÓN


Banda Sonora es el retrato de tantas bandas que empiezan poniendo mucha ilusión, y dinero, para encontrar su hueco. Los personajes son bastante reales porque Jordi Sierra los conoce bien, ha estado hablando de ellos durante mucho tiempo. Aparecen casi todos los estereotipos: el chico soñador, el viejo rockero que se ve reflejado en la joven promesa, la pareja paciente y sabia, la madre preocupada y con ideas para el futuro, la novia que no sabe qué hacer con su vida, los viejos músicos reconvertidos en empresarios a los que el talento no les interesa tanto como la imagen. El autor nos lleva en este historia con un lenguaje sencillo, diálogos y lugares comunes que son fácilmente reconocibles, cualquiera que haya vivido esa época y tenga fascinación por el rock se sentirá identificado. Sin embargo, creo que que peca de ingenuidad. A pesar de tocar por encima algunos temas que pudieran ser turbios, como el sexo y las drogas, no profundiza en ellos y se queda como una bonita canción que gusta escuchar, pero no te cala dentro.

A lo largo de la historia, Jordi Sierra nos va dando pistas para hacer una playlist estupenda con temas de los 70 y 80, pero uno de los grandes momentos llega con este Gimme some lovin’ de Spencer Davis Group.