No mires atrás con ira o cómo las lecturas salvaron mi 2020

Se acabó

Ya está, adiós 2020. So long, and thanks for all the fish. No va a cambiar mucho el mundo, pero mentalmente nos viene muy bien dejar atrás este número tan redondo que resultó ser una trampa. Que ha sido el año más raro de la mayoría de todos nosotros, cuando no el peor, eso ni cotiza. Que para algunos no habrá sido un periodo tan malo, eso también hay que tenerlo en cuenta. En mi caso, yo estoy en el primer grupo con matices. Debido a mi situación personal, el confinamiento no me supuso un gran cambio al principio. Luego se demostró que todo pasa factura, pero no hablemos de eso ahora. Para mí no fue un problema tener más tiempo para dedicarle al cine, a las series, a arreglar enchufes y… a leer. Según Goodreads, este año he leído 152 libros y más de 38000 páginas, lo que viene a ser casi el doble con respecto al año pasado. Es verdad que lo que importa no es la cantidad, sino la calidad. Y con los libros, esta máxima siempre se cumple.

Balance literario del 2020

Este año ha estado marcado por mi incursión en los clubs literarios de Telegram y a las lecturas conjuntas. Leer con otros siempre ha sido un placer. Nunca se valora lo suficiente todo lo que se puede aprender de comparar opiniones con otros lectores, afines o no. Por supuesto yo ya estaba en el Club Qwerty, donde seguimos leyendo un libro al mes desde hace ya unos cuantos años. Gracias a este club he podido leer clásicos que tenía apartados como Los mares del Sur, de Vázquez Montalbán, o Frankenstein (que era relectura para mí). También descubrí thrillers atípicos como El jardín de bronce o El Chef ha muerto. En definitiva, una reunión de amigos en la que nos hemos hecho compañía, además de echado unas risas. Y que continúa: para este mes tenemos que leer nada más y nada menos que la Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.

En plena pandemia me hice patreon de Insólita, donde he descubierto una comunidad de lectores de literatura fantástica, ciencia-ficción y de terror enorme. Estoy encantado con la cantidad de consejos y recomendaciones. Mi cartera no lo está tanto y la pila de pendientes no para de crecer, pero sarna con gusto no pica. He leído dos libros de la editorial: Ciudad nómada, rebaño miseria (aquí la reseña) y Ojalá tú nunca (otra reseña), y ahora mismo estoy leyendo Meddling kids, de Edgar Cantero. Me encanta el tipo de literatura que nos trae esta editorial.

Mi primera lectura conjunta la hice gracias a Gema Moratalla y su grupo de Telegram. Fue Los cuclillos de Midwich, de John Wyndham, el libro en el que se basó la película El pueblo de los malditos y su posterior remake de John Carpenter en 1994. Tenía mis dudas con lo de la lectura conjunta, esto de seguir un patrón no va mucho conmigo, pero la verdad es que se disfruta mucho. Tanto que me he metido a cinco lecturas conjuntas en enero. Una locura, pero de las buenas. Poco después me apunté al Club literario Atreyu, un club con base en Telegram donde se organizan muchas lecturas conjuntas de todo tipo. En diciembre me inicié con ellos leyendo Rebecca y Asesinato en el Orient Express.

También participé en el reto lector de La liga de las lecturas extraordinarias, de Javier Miró. Consistía en sumar puntos según el tipo de libros que leyeses y siempre se destacaba si salías de tus libros habituales. No sé si ha sido por este reto, pero desde luego ha funcionado. Este 2020 ha sido, sin duda, mi año más variado.

Como reto personal, me había puesto la meta de leer 20 novelas de ciencia-ficción en este 2020. Lo he conseguido por los pelos, apenas 21, lo que demuestra la variedad de géneros de este año. Entre las novelas que han destacado están la trilogía Binti, The Illustrated Man, Babel-17 o La Guerra Interminable. Ha sido un buen año de ciencia-ficción, desde luego.

Por último, me he animado a escuchar audiolibros de manera regular. He aprovechado las ofertas de Storytel y Audible para ir “leyendo” mientras hacía deporte, limpiaba el baño o caminaba dos horas entre la cocina y la habitación hasta conseguir el mínimo de pasos diario. El confinamiento y sus TOCs. Empecé con un libro sobrecogedor: La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger, para luego seguir con On writing: A memoir of the craft, leído por el mismo Stephen King (este lo recomiendo encarecidamente) o la última novela de Elena Ferrante, La vita bugiarda degli adulti.

Algo que he dejado de lado este año han sido los cómics. Al menos en parte. Apenas he leído unos 20, una cifra muy, pero que muy inferior a la de otros años. También me he olvidado un poco de la poesía, algo que quiero retomar y convertirlo en una costumbre. Como punto positivo es que he vuelto a escribir. Sobre todo han sido microrrelatos, algunos no tan micro, y poemas. De momento no son gran cosa, pero como elemento catalizador han sido realmente útiles.

Leer en tiempos de Covid

Como digo en el título, leer me ha salvado el año. Durante el confinamiento me quedé solo en casa durante dos meses por razones que ahora no vienen al caso y el poder ponerme a leer un libro, sin televisor o radio que me metiera más desasosiego, fue todo un placer. No tuve ningún problema en leer ficción sobre pandemias y mundos post-apocalípticos. Ahí cayeron Anna, de Niccolò Ammaniti, o el cómic Extremity, y muchos más. También he leído ensayos como L’empire des signes, de Roland Barthes, Afrofuturism: The World of Balck Sci-Fi and Fantasy Culture, de Ytasha Womack o The Age of the Vikings, de Anders Winroth.

¿Sabéis aquello que dicen que con los libros puedes viajar? Este año nos ha hecho falta más que nunca. Empecé el año en una isla semiabandonada cerca del Polo sur en La pell freda, viajando de planeta en planeta buscando a un enemigo desconocido en Babel-17, me pasée por las calles de Estocolmo recordando la Grecia de la infancia en Otra vida por vivir, el Hong Kong colonial de los años 20 en Incienso o el Antiguo Egipto con Ramsès: Le fils de la lumière. Estuve en la Sicilia de Camilleri, seguí hasta el Ártico al monstruo creado por Mary Shelley, me moví por el Golfo del Misisipi en La canción de los vivos y los muertos y me volví loco con los cocoteros de Papúa Nueva Guinea en Imperium. Por supuesto, no me olvido de los viajes temporales de This is how you lose the time war o montado en una locomotora viviente junto a Jim Botón y Lucas el Maquinista. He leído en castellano, francés, italiano, catalán e inglés. También he tenido varias decepciones como Voz, de Christina Dalcher u Ojos de muñeca, de Ingrid Desjours. Ha sido el año de Rodari, pero también de Henning Mankell y de Michael Ende. Por último, me he encontrado con relecturas fantásticas que no han hecho sino confirmar el cariño que sentía hacia esos libros, como Persépolis o Momo. Y no me quiero olvidar del libro que me ha acompañado más tiempo: El camino de los Reyes, de Brandon Sanderson. Dos meses tardé en formar parte de los lectores Cosmere. No fue quizás todo lo atractivo que esperaba, pero sí me picó la curiosidad con la suficiente intensidad como para volver.

En definitiva, este ha sido un gran año de libros, con su crisis lectora incluida. No podía ser de otra manera. No tengo pensado hacer ningún ranking en especial de los libros que más me han gustado, como mucho comentar algunos que me hayan marcado de alguna manera, al fin y al cabo cada libro tenía su momento especial. Esperemos que este 2021 siga la racha positiva. En todos los sentidos.

Ojalá tú nunca, de Javier Miró

Ojalá tú nunca

Javier Miró

Insólita Editorial (Octubre, 2020)

Ebook, 152 páginas


Leer un libro del que no sabes nada. Es un privilegio mucho más importante de lo que uno piensa. Hoy en día, con todas las redes sociales es mucho más difícil dejarse sorprender por una historia. El tiempo que tenemos no dejar de estar limitado por la cantidad de obligaciones que nos ocupan, algunas autoimpuestas. Hablo por experiencia propia, por supuesto, pero me permito generalizar de manera gratuita. ¿Cuánto tiempo hace que no vais a una librería o una biblioteca (obviando el tema del confinamiento pandémico) y escogéis un libro por el título, por la portada, por algún comentario ingenioso en la faja? Es muy raro que yo base mi elección en un amor a primera vista sin prejuicio alguno, antes he tenido que hacer alguna exploración previa que me termine de convencer. Es lo de siempre, tantos libros y tan poco tiempo. Toda esta introducción es para indicar que no deberíais leer nada sobre Ojalá tú nunca hasta haber leído el libro, por lo que esta reseña se convierte en un contrasentido en sí misma.

He conocido, de momento solo de manera virtual, a Javier Miró en este turbulento 2020. Lo conocí precisamente a través de su página web y de su iniciativa lectora con La liga de las lecturas extraordinarias, un reto literario que empezamos a principios de año y que me está llevando a leer por encima de mis posibilidades. Javier es muchas cosas más, como por ejemplo autor de otras dos novelas: Rebelión 20.06.19 (Triskel Ediciones, 2014) y La armadura de la luz (Minotauro, 2017). Además de haber sido el fundador de la revista literaria Libros prohibidos, hoy en día es director de la asesoría literaria Autorquía y tiene un canal de recursos para escritores en Youtube muy completo y actualizado. Vamos, que no para.

No os sintáis tentados de reutilizar elementos de las ruinas que todavía no han sido retiradas, por impresionantes y monumentales que parezcan. Vamos a dejarlas así, destrozadas, decayendo con el paso de los años. Son órdenes del líder. Serán las cicatrices de la ciudad para los hombres del futuro

Ojalá tú nunca es una nueva apuesta de Insólita para este 2020. Ni que decir tiene que el año no está siendo precisamente sencillo para las editoriales, especialmente para las pequeñas (ni para nadie), por eso se agradece el seguir publicando trabajos que son siempre arriesgados y aportan un plus. De la trama de la novela no quiero hablar mucho, justamente por ese punto de sorpresa que puede dar al lector. Solo comentaré brevemente lo que podéis leer en la propia página de la editorial: César está en peligro de muerte. Es perseguido por alguien que no conoce y no sabe muy bien lo que quiere de él. Vive en un Madrid imposible, el de los años 70 pero dividido por dos fuerzas invasoras. Por un lado la zona soviética y al otro la del Tercer Reich. Todo parece irreal, una pesadilla de la que resulta imposible escapar porque cada pregunta le lleva a otras muchas que no se atreve a plantear.

Madre también levantó el brazo. Nosotros la imitamos

Dice la RAE que la ucronía es una reconstrucción de la historia sobre datos hipotéticos. Es lo que en los cómics de marvel se llama el “what if”. Una de las ucronías más famosas es sin duda El hombre en el castillo, de Philip K. Dick, pero es un género bastante bien surtido. Solo hay que recordar Malditos bastardos, de Quentin Tarantino. Este mismo año se ha publicado Civilizaciones, de Laurent Binet. En esta ucronía se plantea qué habría pasado si hubieran sido los incas los que hubieran conquistado Europa. A mí me resulta un ejercicio apasionante, la verdad. La novela de Javier Miró nos lleva a un Madrid que nunca existió, pero el miedo a una España ocupada por las fuerzas invasoras sí que pudo ser una realidad, al menos como una especie paranoia colectiva animada por un gobierno dictatorial. Esto mismo también lo podemos ver en distopías como 1984 o incluso El cuento de la doncella. El Madrid que nos presenta Ojalá tú nunca es oscuro, aterrador por momentos. Sin duda, la ambientación y la particular descripción de los personajes es uno de los puntos fuertes del libro. El otro punto fuerte es la estructura, que contribuye a comprender al personaje protagonista. El estilo narrativo es directo y preciso, tanto como un reloj. Y justamente esa me parece la mejor comparación, la de ver Ojalá tú nunca como un reloj que solo puede funcionar bien cuando comprendes que lo llevas en la mano equivocada. Toda la novela me ha parecido un ejercicio muy interesante, narrado en presente que aumenta la tensión y la sensación de estar presente. Sin duda, una de las novelas que más me han gustado en lo que llevo de año.

Valoración 9/10

Para esta lectura me he puesto a MONO, una banda que siempre crea ambientes muy sugerentes con sus melodías intensas. Creo que Meet us where the night ends podría ser un buen título alternativo a Ojalá tú nunca.

Estado de mi nación lectora (VIII): Lecturas de octubre

Este mes de octubre es el mes que ,desde hace ya algunos años, se suele dedicar a la iniciativa #leoautoras. Se trata de dar visibilidad a escritoras de alguna, empezando por leerlas. Por mi parte, he hecho el ejercicio de revisar mi lista de en Goodreads, que es la única donde llevo apuntados los libros que leo, y la cosa ha salido así: de los 910 libros que tengo marcados como leídos, apenas 200 fueron escritos por una autora, casi el 20%. Está claro que la diferencia es notable. Supongo que si sacara el tanto por ciento de autores negros, asiáticos o incluso LGTBI el resultado sería aún mucho menor, quizás en algunos casos inexistente. Al final suelo acercarme a un tipo de autores con los que me siento más a gusto (la famosa zona de confort) y dejo de lado otros u otras de los que podría enriquecerme igual o más. Entiendo que es algo relativamente normal y todos tenemos nuestros sesgos literarios o de lo que sea. Lo interesante de este tipo de iniciativas es abrir tu campo de visión, conocer y reconocer otras literaturas, además de seguir disfrutando con lo que nos gusta, la cosa esa del leer.

Vamos con el resumen de lecturas de noviembre, que ha sido bastante variado. Ha estado marcado por la iniciativa del #leolecturas, pero no solo:

  • Ojos verdes, de Alicia Pérez Gil (Cazador de Ratas, 2019). Primer libro que leo de esta autora a la que le estoy siguiendo la pista bastante. Es una novela oscura que juega con la percepción de la realidad. Muy recomendable.
  • Yo soy aquel, de Alicia Pérez Gil (Cazador de Ratas, 2018). Cuento largo que nos habla de la amenaza de nuestra imagen reflejada. Bastante tétrico, sobre todo con la banda sonora de Raphael.
  • Colpisci il tuo cuore, de Amélie Nothomb (Frappe-toi le coeur, Voland, 2018). Enésima lectura que hago de la autora belga. Esta vez me ha llegado esta traducción del italiano, así que me la leí sin esperar al original en francés. La historia del conflicto padres-hijos con el estilo de la Nothomb, a veces demasiado pedante para mi gusto. A pesar de todo, esta novela corta (como todas las suyas) me ha gustado más que las últimas.
  • Ciudad nómada, rebaño miseria, de Pablo Loperena (Insólita, 2020). Tremenda novela post-apocalíptica de la que ya hice una reseña el mes pasado. Tuvimos la oportunidad de hacer un pequeño club de lectura con el autor y fue muy interesante. A descubrir.
  • Cuentos fantásticos, de Emilia Pardo Bazán (Eolas, 2020). Excelente recopilación de relatos fantásticos y de terror de la reina del naturalismo en España. Una escritora maravillosa a la que creo que no se le da el reconocimiento merecido. La colección está muy cuidada y es una pequeña joya.
  • The Blazing World, de Margaret Cavendish (Kindle, 2017, orginalmente 1666). Estoy preparando un programa del podcast Páginas particulares para esta autora pionera de la ciencia-ficción. Un libro difícil de leer con nuestros ojos de hoy en día, pero siempre me gusta descubrir a los autores que abrieron brecha. La edición en español es de Siruela y es estupenda.
  • Casa oscura y otros relatos de terror, de Marta Abelló (Amazon, 2016). Buena colección de relatos de terror variados, desde el horror más clásico hasta el gore. Como todas las recopilaciones de cuentos, el nivel es muy dispar.
  • Persépolis, de Marjane Satrapi (Reservoir Books, 2020). Nueva edición celebrando el 20º aniversario de esta historia autobiográfica. La nueva traducción está a cargo de Carlos Mayor Ortega. Ya escribí una reseña sobre esta obra maravillosa. Imprescindible.
  • Home, de Nnedi Okorafor (Mcmillan, 2017). Segunda parte de la trilogía Binti y de la que haré una reseña completa cuando lea la tercera entrega, The Night Masquerade. Ahonda mucho más en las raíces de Binti y su relación con su familia. No me ha entusiasmado, pero me deja con ganas de terminar la trilogía.
  • Evidence of the affair, Taylor Jenkins Reid (Amazon, 2018). Novela corta epistolar escrita de manera muy inteligente y ambientada en los 70. De esta autora tengo pendiente Todos quieren a Daisy Jones, que espero terminar pronto y hacer una reseña por aquí. Me gusta mucho la forma de escribir de Taylor Jenkins Reid, usando diferentes formatos pero sin dejar de contar una buena historia.
  • Realidad aumentada, de Bruno Nievas (B de Books, 2010). Este ha sido el libro del mes en el Club Qwerty. No ha sido un buen libro, sinceramente. Este thriller de ciencia-ficción aborda temas interesantes, como son la inteligencia artifical y su uso, pero no es suficiente. Se nota que es el primero del autor y se hace pesado, repetitivo y se ve lastrado por fallos de coherencia gramatical y semántica. Eso sí, ha vendido mucho así que olé por el autor.
  • Runaways, vol. 1: Find your way home, de Rainbow Rowell & Kris Anka (Marvel, 2018). Regreso de estos fugitivos a cargo de la escritora Rainbow Rowell y el ilustrador Kris Anka. El estilo de estos dos autores devuelve frescura a una de mis series favoritas. Una gozada de cómic.
  • Una semana de vacaciones, de Christine Angot (Une semaine de vacances, Anagrama, 2014, originalmente 2012). Novela corta pero muy cruda. En un estilo directo, sin sentimentalismos, sin amor, sin drama, nos cuenta una relación sexual muy turbia entre un profesor y una alumna. No es para todo el mundo.
  • Les fiancés de l’hiver, de Christelle Dabos (Folio, 2016, originalmente en 2013) Primer tomo de la trilogía La Passe-Miroir. La creación del mundo de la Citaccielle y los personajes que la habitan ya merecen la lectura (aunque aún no se ha traducido al castellano, o por lo menos no lo he encontrado). Sin embargo, la historia de Ophélie y su matrimonio de convivencia con Thorn de los Dragons se hace muy lenta y eso hace que cueste entrar.

No ha estado mal, ha habido descubrimientos interesantes y reencuentros maravillosos. De cara al próximo mes me voy a lanzar por fin con Brandon Sanderson. Voy a empezar a leer El Camino de los Reyes, de la decalogía (madre mía, ¡diez libros de más de mil páginas!) El Archivo de las Tormentas. Iré poco a poco con unas pocas páginas diarias, porque a mí, los libros tan tochos me dan una pereza enorme. También me he propuesto el reto de bajar la pila de libros pendientes que tengo en casa, ya sea en papel o en digital. A ver si aguanto hasta Navidad sin comprar ninguno. La triste realidad es que tengo un número ingente de libros en casa sin leer y esto ya está pasando de castaño a oscuro. Buenas lecturas a todos.

Ciudad Nómada, Rebaño Miseria – Pablo Loperena

Ciudades gigantes en un movimiento perpetuo siguiendo el ciclo de las cosechas. Un planeta totalmente domesticado al servicio de una humanidad que sigue marginando a los que no aceptan las nuevas reglas. Una joven abandonada a su suerte que busca venganza en un mundo cruel.

Insólita editorial (23/3/2020)

Prólogo de Mariano Villarreal

ISBN: 978-84-121043-4-9

368 páginas

Tapa blanda, 14 x 21,5 cm

 8 9-94797_pixel-sunglasses-png-glasses-icon-png


Hace tiempo que Insólita está publicando libros que son una amenaza para mi bolsillo, pero un deleite para mis ojos. Autores como Carlos Sisí, Fonda Lee o la exitosa Becky Chambers tienen obras publicadas en Insólita, pero también otros autores noveles muy interesantes como Pablo Loperena con su primer novela, Ciudad nómada, rebaño miseria.

La vida literaria de esta novela empezó allá por el 2016, cuando Pablo Loperena y su relato Ciudad nómada (lo que vendría a ser la primera parte o “Manual I” del libro final) ganaron el Certamen Alberto Magno de Ciencia-ficción en la categoría de Novela Corta. Apareció incluido en esta antología de la mano de Mariano Villarreal. A partir de ahí, el autor continuó la historia que tenía pensada para un relato tan prometedor. Sin embargo, como muchos de sus personajes, no tuvo mucha suerte. La novela iba a ponerse a la venta el 23 de marzo y una semana antes ya estaba en almacén lista para circular, pero ya todo el mundo sabe qué pasó por esas fechas. La pandemia de la Covid-19 y su confinamiento dejaron en stand-by (o en el olvido en el peor de los casos) muchos lanzamientos. Más tarde, a finales de mayo con la apertura de las librerías ha tenido una segunda vida y espero que tenga unas cuantas más.

La foto postureo de turno donde dejo constancia de los muchos post-it que coloqué durante la lectura.

¿De qué va Ciudad nómada, rebaño miseria? En un futuro más o menos lejano, la humanidad ha conseguido dominar la naturaleza hasta el punto de hacer la domesticación definitiva. Vivimos en un mundo marcado por los ciclos de las cosechas y donde gigantescas ciudades móviles surcan el territorio sembrando y recogiendo los cultivos. De ahí viene el nombre de ciudades nómada, pero también tenemos los rebaños miseria. Como en cualquier gran ciudad de nuestro tiempo, hay zonas que no se adaptan tan bien o simplemente son marginadas. Estos rebaños están formados por aquellos que no han podido acceder a la vida perfecta y sin sorpresas de las capas superiores. Son los desheredados, los parias, que han conseguido crear una sociedad dividida por tribus con funciones distintas. Tenemos los Bêtemaster, dedicada a la domesticación de bestias, los Che’guevarristas, tribu militarizada con deseos revolucionarios, los deMotorCabeza, especializados por la mecánica, los laPèrreMort, violentos y sedientos de poder, o los terribles Chombo Mchuuzi, tribu de carácter religioso especializada en el tráfico de órganos. Y luego están aquellos independientes que sobreviven como pueden, esquivando las provocaciones o los ataques despiadados de estos grupos, los parias como Salvaje, una joven del rebaño miseria de la ciudad nómada Behemot 5.0. La vida en los rebaños se presenta muy dura, siempre con el temor a perderla por una pelea o un asesinato premeditado a cargo de los Señores del Hampa, o a quedarte atrás en la peregrinación eterna de la ciudad y que los espantapájaros te conviertan en abono.

“Bo observó la tormenta, los cultivos iluminados de modo intermitente por los relámpagos, la chica con la mitad de la cara de un demonio que destruía espantapájaros con algo cercano a la apatía, y luego la puerta abierta de la carroza, su interior oscuro y seco. Tragó saliva y entró. Se arrastró a cuatro patas y cubierto de barro hasta un rincón, y se encogió en posición fetal con los ojos bien cerrados. Tapó sus orejas con las manos par no escuchar el sonido quebrado del trueno, que se fundía con el rumor de los espantapájaros.”

manual iii: Combustión ecológica (163)

He disfrutado mucho con Ciudad nómada, rebaño miseria, aunque me ha costado entrar en la historia. En las primeras páginas del libro se nos presenta un mundo post apocalíptico cuyas reglas no están muy claras para el lector. Esto no debe ser un impedimento ni mucho menos, siempre resulta excitante encontrarte ante un reto en el que no se hacen regalos a tu imaginación. El problema que encontraba era la cantidad de nombres extraños (crevitbovem, platígeno, proMaderaTM…) que no sabía exactamente si eran cosas que podía comparar con algo real o estábamos en un nivel muy distinto. Luego estaban los nombres propios, muy dispares aunque poco a poco vas viendo un patrón. Necesitaba entender cómo era el mundo en el que se movían los personajes para poder comprender a qué se enfrentaban y cuáles eran sus motivaciones. En realidad, no necesitaba nada de esto y podía dejarme llevar perfectamente y disfrutar de las coloridas descripciones de un mundo en decadencia pero que no nos es tan ajeno.

En cuanto pasas estas primeras dificultades (más semánticas que otra cosa), se te abre ante ti un mundo reconocible en tantas historias o películas del género: de Mad Max a Mortal Engines, que serían las más evidentes, pero no las únicas. En la novela hay dos grandes arcos argumentales que confluyen en un final apoteósico. Está dividida en cinco manuales, como si fuese un tecnomante (guardián del saber antiguo) el que nos contara la propia historia de Salvaje y su venganza contra todo y contra todos. En cada manual aparecen capítulos marcados por una temporalidad que nos es extraña, son los días que pasan entre las distintas cosechas.

El personaje de Salvaje es uno de los más atractivos. Vemos cómo empieza su viaje de venganza y de huida de la realidad que le ha tocado vivir. En un mundo tan cruel y violento, cargado de injusticias y donde las cicatrices están a la orden del día, Salvaje busca su propio equilibrio, luchando contra sus propios demonios y culpabilidad. Otro personaje que tiene una evolución importante es Diantre, un tecnomante cuyo mundo bascula con la presencia de la protagonista. Resulta muy atractiva toda esa amalgama de personajes atrapados en un mundo que está condenado a desaparecer pero que luchan por sobrevivir. Quizás vemos más humanidad en ellos que en los controlados e hiperseguros habitantes de la propia ciudad nómada. No hay espacio para la improvisación ni para la imaginación, son una pieza más de la maquinaria creada en este mundo donde todo está perfectamente calculado.

El libro plantea muchas preguntas sobre el futuro de nuestro planeta. ¿Cómo podremos adaptarnos a las necesidades de una población creciente a la que hay que alimentar? ¿Nos convertiremos en peones de una cadena industrial, sin voz ni voto? ¿Dejaremos que los marginados, los que no quieran doblegarse, sean eliminados sin más? ¿Seguiremos sin preocuparnos por los más desfavorecidos porque simplemente no sabemos de su existencia? Además de la acción, del humor negro, de la crítica social, este libro abre un debate que puede ser duro, pero necesario.

 

Qué es el Afrofuturismo y por qué ya has escuchado hablar de él

Este es el título del último episodio que he grabado para mi podcast literario, Páginas particulares. Inicialmente, el Páginas era una sección dentro del Invita la casa que hacía mensualmente. Hicimos dos programas anteriores a este. Uno sobre los libros del Holocausto y otro sobre Gianni Rodari. Los dos están con entradas en este mismo blog.

El Afrofuturismo nació oficialmente en 1993, con el artículo de Mark Dery Black to the future (aquí), donde se hablaba de un movimiento artístico dentro de la cultura negra afroamericana que buscaba reclamar la identidad negra a través del arte, la cultura y la resistencia política. Ya antes de los noventa se pueden encontrar antecedentes como son Octavia E. Butler y Samuel Delany. También en música tenemos ejemplos tan antiguos como Sun Ra o George Clinton y sus Parliament. También Prince, Beyoncé o más recientemente, Janelle Monáe.

En literatura, tenemos autores más recientes que están expandiendo un género cada vez más variado. El afrofuturismo no es solo un subgénero de la ciencia-ficción, también está conformado por otras ramas como pueden ser el Africanfuturism, Africanjujuism o la Black Fantasy. Autores más recientes como Tade Thompson (premiado con el Arthur C. Clarke), Colson Whitehead, Temi Oh, Akwaeke Emezi, Tomi Adeyemi y, sobre todo, las multipremiadas N.K. Jemisin (Nebula, Locus, Hugo) y Nnedi Okorafor (Wole Soyinka Prize for Literature in Africa, Nebula, Locus, Hugo), son un claro ejemplo de que el movimiento está muy vivo y presente.

Estado de mi nación lectora (VI): Lecturas de agosto

Me he encontrado a bastantes lectores que han dicho que no podían concentrarse durante el confinamiento de esta primavera. Estamos hablando de estrés, de ansiedad por la incertidumbre del confinamiento y de lo que podría pasar después. No es sencillo ponerse a leer cuando tu trabajo está en peligro o tu salud. O las dos cosas. Decía Italo Calvino que “la lectura es un acto necesariamente individual, mucho más que el escribir. Admitiendo que la escritura logre superar la limitación del autor, sólo seguirá teniendo un sentido cuando sea leída por una persona aislada y atraviese sus circuitos mentales”. Pues bien, en este tiempo tan extraño la soledad no era, quizás, algo que realmente nos hiciera mucho bien. Buscábamos la compañía de los que nos rodeaban, y si no, la de aquellos al otro lado del zoom o cualquier otro programa parecido. Leer exigía una dedicación y un ejercicio de concentración que no todo el mundo podía tener. A mí no me pasó, seguramente porque yo ya había tenido un entrenamiento previo. Como dicen en mi pueblo: “ca’uno es ca’uno y ca’ do’ una canoa”.

Este mes de agosto ha sido difícil para mí. He tenido una pérdida importante y al principio de mes mi cabeza estaba cualquier sitio, menos en el que tenía que estar. El caso es que para mí leer siempre ha sido un momento de paz, un refugio, un lugar feliz. El que la tele me acompañe es algo que no suelo hacer, soy más de radio, y los libros ocupan esa distracción. Sin embargo, me ha costado mucho seguir esa dinámica este mes. Supongo que como a cualquiera. Pero como he dicho, leer es mi forma de escaparme y de evadirme. Adoro el cine y también me dejo llevar por una película, pero el libro, el libro me lo llevo a cualquier parte. Ahí hago mi parada que pueden ser de cinco minutos mientras me tomo un café, o de dos horas mientras se hace de noche. Me costó volver a leer, pero encontré el libro adecuado en el momento oportuno y este me salvó. Como siempre.

Toda esta introducción parece que no tiene nada que ver con un resumen de lecturas mensuales, pero así son las cosas en este blog. El divagar es marca de la casa. Este agosto sigo, como todo el año, con el reto de Javier Miró en su Liga de las Lecturas Extraordinarias, leyendo cosas variadas y entretenidas (adelanto: este mes me he centrado en la evasión) y hemos vuelto a tener tertulia del club Qwerty, con una novela que dio mucho juego. Vamos con ese repaso:

  • “Sistemas críticos” (Diarios de Matabot 1), de Martha Wells. Una novela corta de ciencia ficción con un personaje principal (Matabot) lo suficientemente interesante como para que vuelva a leer más. Un robot como protagonista puede aportar puntos de vista muy curiosos. La autora tiene una larga obra detrás, pero es con esta serie con la que empieza a publicarse en España.
  • “L’empire des signes”, de Roland Barthes. Un precioso librito de la editorial Points Essais. No es tanto una guía del Japón, como una serie de textos en los que el filósofo y semiólogo francés habla sobre las sensaciones y la extrañeza que le provocaban la cultura nipona y, sobre todo, su lenguaje.
  • “Alejandro Magno”, de Mary Renault. La historiadora y novelista británica tiene una famosa trilogía de novela histórica dedicada a Alejandro Magno (Fuego en el paraíso, El muchacho persa y Juegos funerarios), pero este libro es una biografía más aséptica. Muchos datos condensados en un texto relativamente corto (256 páginas) pero que te abre el camino para nuevas lecturas. Es posible que se haya quedado algo anticuado (1975), pero sigue siendo una vida apasionante.
  • “The Boys. Omnibus. Vol.1”, de Garth Ennis. No estoy leyendo mucho cómic este año. Como todo, esto también va por rachas. Esta vez me he centrado en dos cómics de los que estoy siguiendo su adaptación televisiva. La serie de Amazon Prime es muy gamberra, pero la historia de Ennis lo es todavía más. Salvaje y divertida.
  • “The Umbrella Academy. Vol. 2: Dallas”, de Gerard Way y Gabriel Bá. Segundo cómic basado en otra serie. En este caso, The Umbrella Academy está en Netflix. Era (y soy) muy seguidor del grupo My Chemical Romance, por lo que no dudé en lanzarme a leer cualquier cosa que publicase su cantante, Gerard Way. A lo mejor esto no tiene mucho sentido, pero oye, es lo que hice. Leí su revisión de Doom Patrol (ahora también en HBO) y el primero de la Umbrella Academy. Este segundo volumen coincide en parte con la segunda temporada de la serie. El cómic tiene identidad propia para disfrutarlo gracias a los dibujos del brasileño Gabriel Bá, que le da una visión muy distinta a la de la serie.
  • “Como una historia de terror”, de Jon Bilbao. Recopilación de cuentos del autor asturiano, en el que ya me había fijado de un tiempo a esta parte. No todos los relatos me han gustado, pero sí demuestran que Jon Bilbao es un escritor que iba a dar mucho que hablar. Mi favorito es el último y el que da el título a la recopilación.
  • “The illustrated Man”, de Ray Bradbury. Este mes se cumplía un siglo del nacimiento del gran Ray Bradbury. Nada mejor para celebrarlo que leer algunos de sus cuentos. Me he puesto con esta colección de cuentos con un hilo argumental tan extraño como un hombre repleto de tatuajes (que él no quiso hacerse) y cuentan historias del futuro. Hay de todo, como en cualquier colección de relatos, pero la mano de Bradbury siempre deja momentos brillantes. Zero hour es mi favorito de los 18 que forman esta colección.
  • “Diario del Viajero” y “Virus Z”, de Iván Gilabert. En cinco días me leí estos dos libros del autor barcelonés. Son de esos que te enganchan desde el principio, con personajes atractivos y giros de guión sin que creas que se están riendo de ti. Diario del viajero es más un thriller de ciencia-ficción que una novela de supervivencia zombie, como es el caso de Virus Z. Creo que se pueden leer de forma independiente, sobre todo porque esta segunda parte de la bilogía del viajero te pone en antecedentes rápidamente. Quizás prefiera la primera parte,me gustó más la parte de thriller que la de muertos vivientes que aparece como una amenaza en la primera y una presencia total en la segunda. He visto algunos errores en estos libros, errores gramaticales que se podrían subsanar en una futura edición.
  • “El jardín de bronce”, de Gustavo Malajovich. Este thriller fue el elegido para la tertulia del mes en el club de lectura Qwerty. Es la historia de la desaparición de una niña y la angustia que provoca. Además de mantener la tensión durante más de 500 páginas ( me lo leí en dos días), también plantea problemas morales y suscita debates. Recomendable.
  • “Momo”, de Michael Ende. Momo fue el libro que me sacó de mi letargo. Volver a leer esta obra cargada de simbolismo, pero tan sencilla, con los ojos de un adulto es una experiencia maravillosa. Me lo leí de un tirón, pero haciendo pausas para tomar notas que comentaré en una entrada posterior en el blog. Pero me lo leí como lo había hecho 30 años antes. Este 28 de agosto se cumplieron 25 años de la desaparición del gran Michael Ende y mi intención era la de dedicarle un podcast homenaje, además de volver a leer sus obras principales.

No ha estado mal este mes de agosto, quizás uno de los más raros que hemos vivido, como todo este año. En mi caso ha sido un periodo difícil, pero los libros me ayudaron a recordarlo con algo más de cariño. A ver qué tal se nos da este septiembre que pinta tan incierto como todos meses anteriores.

Reseña de Voz, de Christina Dalcher

“Voz” nos presenta un mundo aterrador donde las mujeres son sometidas a una dictadura que se manifiesta con la limitación de sus palabras. La Dra. Jean McClellan debe superar el rechazo inicial para intentar adaptarse o desaparecer para siempre.

ROCA EDITORIAL, 2019 352 páginas

4/10

La premisa de esta Voz, de Christina Dalcher no podía ser más aterradora: una sociedad que limita la cantidad de palabras que un sector de la población puede decir, en este caso las mujeres. Esto conlleva una serie de implicaciones, no solo que no puedes hablar. Tu voz no es escuchada, no tienes opinión pero tampoco te dan la oportunidad de que tengas una ya que tu formación académica también empieza a no tener sentido. Estás atrapada y nadie puede cambiarlo porque es aceptado sin rechistar. Esto es una pesadilla en toda regla. Una pesadilla que es real en algunos estados y que a más de uno no lo importaría que se hiciera más popular. Todo está bien si tú formas parte del club privilegiado.

Christina Dalcher es una experta en lingüística y fonética que además habla muy bien español e italiano (idioma que tiene una gran importancia en la novela), que decidió aplicar sus conocimientos una novela distópica muy realista con influencias evidentes en otras grandes del género. La más cercana es, sin duda, El cuento de la criada (The hadmaid’s tale) de la gran Margaret Atwood, publicada originalmente en 1985, en plena era Reagan, y que acaba de tener una segunda parte, Los Testamentos (The Testaments). Pero también podemos buscar referencias de 1984, de George Orwell, y casi de cualquier otra gran distopía que tengamos en mente. Aún así, Dalcher usa su formación profesional para darle una credibilidad a la historia.

Voz nos presenta unos Estados Unidos que han caído en una dictadura religiosa (“Movimiento Puro”) en la cual las mujeres tienen limitado el número de palabras diarias a tan solo 100, pudiendo reducirse como castigo o llevarte a una especie de campo de concentración. Si te pasas de ese número, una pulsera te hace una serie de descargas eléctricas que se hacen insoportables. La Dra. Jean McClellan, que es la narradora, debe asumir su nuevo rol de ama de casa cuidando de sus hijos Steven, Sonia, Sam y Leo, además de su marido Patrick. Todo ello sin levantar la voz (o pasarse) con el objeto de convertirse en una verdadera Mujer Pura, lo que martiriza a Jean McClellan que trabajaba como una cualificada neurolingüista y esta dictadura se ha convertido en un tortura para ella y el resto de mujeres del país. Jean debe asistir a la complacencia de su marido ante las atrocidades que se cometen y como su propio hijo mayor, Steven, está cada vez más envuelto en el Movimiento. Los comentarios en la mesa mientras cenan son hirientes y ofensivos, quizás como los de cualquier adolescente rebelde, pero aquí sin posibilidad de defenderse. El propio Steven aprende que el sitio de las mujeres es el hogar, siendo sumisas y aceptando su misión divina. En un momento dado, unos representantes del Movimiento vienen porque el propio presidente necesita la ayuda de un neurolingüista y recurren a ella, entre otros. Es su oportunidad de hacer algo útil, fuera de su papel obligado en la casa. Con reticencias, Jean decide aceptar el trabajo. En un búnker secreto donde se trabaja para encontrar una cura, la protagonista encontrará un viejo amante, Lorenzo, con el que empezará a plantearse aún más su vida.

Lo único que hace falta para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada.

En un principio, esta primera novela de Christina Dalcher tenía todos los ingredientes para interesarme: distopía, lingüística, una heroína que tiene que superar todos los obstáculos habidos y por haber y que busca convertir a las mujeres en un una mera figura doméstica. Es una premisa asfixiante, dura y posible. No sería la primera vez que una dictadura religiosa suprime una parte de su población, no sería la primera vez que las mujeres se ven obligadas a ser madres y criadas sin ningún derecho ni voto en el futuro de sus hijos. Me gustan del libro ciertos detalles como la exposición del efecto que tiene en una niña pequeña la imposibilidad de hablar y de tener una educación limitada, qué problemas a nivel cognitivo puede generar. También me parece muy acertada la imagen que se crea en el sector privilegiado (en este caso, los hombres) del otro sector: las ven como personas que ya tienen suficientes derechos, que se quejan simplemente por crear un problema y que no cumplen la ley porque son criminales. En un momento de la novela asistimos a un momento de delación bastante duro, que es una prueba más de de lo injusto que es una sociedad así pero de eso solo te das cuenta cuanto te afecta directamente a ti. En general, la novela tiene muy buenas ideas y los personajes muy bien definidos. El hijo mayor totalmente adoctrinado por el movimiento que es capaz de despreciar a su madre por ir contra el poder, el padre que intenta controlar la situación con su mujer sin dejar de ser obediente con el régimen, la hija pequeña que está creciendo con varios problemas y que un momento dado ejemplifica perfectamente lo que es adaptarse a esta situación: en un parte de la novela, asistimos al triste episodio en que a Sonia se le da un premio por ser la alumna que menos palabras ha dicho, lo que la llena de orgullo. A su madre, y al lector, de rabia y pena.

Y sin embargo, un libro con tan buena premisa no me ha gustado. Por un lado está el hecho del parecido tan evidente con otras distopías que todos hemos leído o visto. Siempre hay algo original en todas, al menos para que funcionen, y aquí es la lingüística. El problema es que me parece que muchas veces está metida con calzador. Se entiende que la protagonista tiene un trabajo y una misión relacionados con este campo, pero lo explota en situaciones que a mí me sacan de la trama, siendo yo mismo un amante de este tema. Luego está la relación en el laboratorio con Lorenzo, que me parece de todo menos natural. En general, casi todos los personajes están a medio dibujar, especialmente los hombres. Es algo lógico, estos son los culpables de la situación, bien por acción o bien por omisión. Aún así me parecen todos personajes bastante estereotipados y aburridos. Ni siquiera los villanos puros tienen ese encanto que te haga odiarlos. Y luego está toda la parte final que me ha parecido no estar a la altura de lo que prometía, un thriller normalito con un final precipitado y algo decepcionante.

De la novela me quedo con las ideas principales, con bastantes citas a retener y que te hacen plantearte que un mundo así no está tan lejos (eso es la misión de la ciencia-ficción y la distopía) y con la primera parte del libro.

“sometimes I said sometimes I hear my voice And it’s been here Silent All These Years” Tori Amos