Ciudad Nómada, Rebaño Miseria – Pablo Loperena

Ciudades gigantes en un movimiento perpetuo siguiendo el ciclo de las cosechas. Un planeta totalmente domesticado al servicio de una humanidad que sigue marginando a los que no aceptan las nuevas reglas. Una joven abandonada a su suerte que busca venganza en un mundo cruel.

Insólita editorial (23/3/2020)

Prólogo de Mariano Villarreal

ISBN: 978-84-121043-4-9

368 páginas

Tapa blanda, 14 x 21,5 cm

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Hace tiempo que Insólita está publicando libros que son una amenaza para mi bolsillo, pero un deleite para mis ojos. Autores como Carlos Sisí, Fonda Lee o la exitosa Becky Chambers tienen obras publicadas en Insólita, pero también otros autores noveles muy interesantes como Pablo Loperena con su primer novela, Ciudad nómada, rebaño miseria.

La vida literaria de esta novela empezó allá por el 2016, cuando Pablo Loperena y su relato Ciudad nómada (lo que vendría a ser la primera parte o “Manual I” del libro final) ganaron el Certamen Alberto Magno de Ciencia-ficción en la categoría de Novela Corta. Apareció incluido en esta antología de la mano de Mariano Villarreal. A partir de ahí, el autor continuó la historia que tenía pensada para un relato tan prometedor. Sin embargo, como muchos de sus personajes, no tuvo mucha suerte. La novela iba a ponerse a la venta el 23 de marzo y una semana antes ya estaba en almacén lista para circular, pero ya todo el mundo sabe qué pasó por esas fechas. La pandemia de la Covid-19 y su confinamiento dejaron en stand-by (o en el olvido en el peor de los casos) muchos lanzamientos. Más tarde, a finales de mayo con la apertura de las librerías ha tenido una segunda vida y espero que tenga unas cuantas más.

La foto postureo de turno donde dejo constancia de los muchos post-it que coloqué durante la lectura.

¿De qué va Ciudad nómada, rebaño miseria? En un futuro más o menos lejano, la humanidad ha conseguido dominar la naturaleza hasta el punto de hacer la domesticación definitiva. Vivimos en un mundo marcado por los ciclos de las cosechas y donde gigantescas ciudades móviles surcan el territorio sembrando y recogiendo los cultivos. De ahí viene el nombre de ciudades nómada, pero también tenemos los rebaños miseria. Como en cualquier gran ciudad de nuestro tiempo, hay zonas que no se adaptan tan bien o simplemente son marginadas. Estos rebaños están formados por aquellos que no han podido acceder a la vida perfecta y sin sorpresas de las capas superiores. Son los desheredados, los parias, que han conseguido crear una sociedad dividida por tribus con funciones distintas. Tenemos los Bêtemaster, dedicada a la domesticación de bestias, los Che’guevarristas, tribu militarizada con deseos revolucionarios, los deMotorCabeza, especializados por la mecánica, los laPèrreMort, violentos y sedientos de poder, o los terribles Chombo Mchuuzi, tribu de carácter religioso especializada en el tráfico de órganos. Y luego están aquellos independientes que sobreviven como pueden, esquivando las provocaciones o los ataques despiadados de estos grupos, los parias como Salvaje, una joven del rebaño miseria de la ciudad nómada Behemot 5.0. La vida en los rebaños se presenta muy dura, siempre con el temor a perderla por una pelea o un asesinato premeditado a cargo de los Señores del Hampa, o a quedarte atrás en la peregrinación eterna de la ciudad y que los espantapájaros te conviertan en abono.

“Bo observó la tormenta, los cultivos iluminados de modo intermitente por los relámpagos, la chica con la mitad de la cara de un demonio que destruía espantapájaros con algo cercano a la apatía, y luego la puerta abierta de la carroza, su interior oscuro y seco. Tragó saliva y entró. Se arrastró a cuatro patas y cubierto de barro hasta un rincón, y se encogió en posición fetal con los ojos bien cerrados. Tapó sus orejas con las manos par no escuchar el sonido quebrado del trueno, que se fundía con el rumor de los espantapájaros.”

manual iii: Combustión ecológica (163)

He disfrutado mucho con Ciudad nómada, rebaño miseria, aunque me ha costado entrar en la historia. En las primeras páginas del libro se nos presenta un mundo post apocalíptico cuyas reglas no están muy claras para el lector. Esto no debe ser un impedimento ni mucho menos, siempre resulta excitante encontrarte ante un reto en el que no se hacen regalos a tu imaginación. El problema que encontraba era la cantidad de nombres extraños (crevitbovem, platígeno, proMaderaTM…) que no sabía exactamente si eran cosas que podía comparar con algo real o estábamos en un nivel muy distinto. Luego estaban los nombres propios, muy dispares aunque poco a poco vas viendo un patrón. Necesitaba entender cómo era el mundo en el que se movían los personajes para poder comprender a qué se enfrentaban y cuáles eran sus motivaciones. En realidad, no necesitaba nada de esto y podía dejarme llevar perfectamente y disfrutar de las coloridas descripciones de un mundo en decadencia pero que no nos es tan ajeno.

En cuanto pasas estas primeras dificultades (más semánticas que otra cosa), se te abre ante ti un mundo reconocible en tantas historias o películas del género: de Mad Max a Mortal Engines, que serían las más evidentes, pero no las únicas. En la novela hay dos grandes arcos argumentales que confluyen en un final apoteósico. Está dividida en cinco manuales, como si fuese un tecnomante (guardián del saber antiguo) el que nos contara la propia historia de Salvaje y su venganza contra todo y contra todos. En cada manual aparecen capítulos marcados por una temporalidad que nos es extraña, son los días que pasan entre las distintas cosechas.

El personaje de Salvaje es uno de los más atractivos. Vemos cómo empieza su viaje de venganza y de huida de la realidad que le ha tocado vivir. En un mundo tan cruel y violento, cargado de injusticias y donde las cicatrices están a la orden del día, Salvaje busca su propio equilibrio, luchando contra sus propios demonios y culpabilidad. Otro personaje que tiene una evolución importante es Diantre, un tecnomante cuyo mundo bascula con la presencia de la protagonista. Resulta muy atractiva toda esa amalgama de personajes atrapados en un mundo que está condenado a desaparecer pero que luchan por sobrevivir. Quizás vemos más humanidad en ellos que en los controlados e hiperseguros habitantes de la propia ciudad nómada. No hay espacio para la improvisación ni para la imaginación, son una pieza más de la maquinaria creada en este mundo donde todo está perfectamente calculado.

El libro plantea muchas preguntas sobre el futuro de nuestro planeta. ¿Cómo podremos adaptarnos a las necesidades de una población creciente a la que hay que alimentar? ¿Nos convertiremos en peones de una cadena industrial, sin voz ni voto? ¿Dejaremos que los marginados, los que no quieran doblegarse, sean eliminados sin más? ¿Seguiremos sin preocuparnos por los más desfavorecidos porque simplemente no sabemos de su existencia? Además de la acción, del humor negro, de la crítica social, este libro abre un debate que puede ser duro, pero necesario.

 

Qué es el Afrofuturismo y por qué ya has escuchado hablar de él

Este es el título del último episodio que he grabado para mi podcast literario, Páginas particulares. Inicialmente, el Páginas era una sección dentro del Invita la casa que hacía mensualmente. Hicimos dos programas anteriores a este. Uno sobre los libros del Holocausto y otro sobre Gianni Rodari. Los dos están con entradas en este mismo blog.

El Afrofuturismo nació oficialmente en 1993, con el artículo de Mark Dery Black to the future (aquí), donde se hablaba de un movimiento artístico dentro de la cultura negra afroamericana que buscaba reclamar la identidad negra a través del arte, la cultura y la resistencia política. Ya antes de los noventa se pueden encontrar antecedentes como son Octavia E. Butler y Samuel Delany. También en música tenemos ejemplos tan antiguos como Sun Ra o George Clinton y sus Parliament. También Prince, Beyoncé o más recientemente, Janelle Monáe.

En literatura, tenemos autores más recientes que están expandiendo un género cada vez más variado. El afrofuturismo no es solo un subgénero de la ciencia-ficción, también está conformado por otras ramas como pueden ser el Africanfuturism, Africanjujuism o la Black Fantasy. Autores más recientes como Tade Thompson (premiado con el Arthur C. Clarke), Colson Whitehead, Temi Oh, Akwaeke Emezi, Tomi Adeyemi y, sobre todo, las multipremiadas N.K. Jemisin (Nebula, Locus, Hugo) y Nnedi Okorafor (Wole Soyinka Prize for Literature in Africa, Nebula, Locus, Hugo), son un claro ejemplo de que el movimiento está muy vivo y presente.

Estado de mi nación lectora (VI): Lecturas de agosto

Me he encontrado a bastantes lectores que han dicho que no podían concentrarse durante el confinamiento de esta primavera. Estamos hablando de estrés, de ansiedad por la incertidumbre del confinamiento y de lo que podría pasar después. No es sencillo ponerse a leer cuando tu trabajo está en peligro o tu salud. O las dos cosas. Decía Italo Calvino que “la lectura es un acto necesariamente individual, mucho más que el escribir. Admitiendo que la escritura logre superar la limitación del autor, sólo seguirá teniendo un sentido cuando sea leída por una persona aislada y atraviese sus circuitos mentales”. Pues bien, en este tiempo tan extraño la soledad no era, quizás, algo que realmente nos hiciera mucho bien. Buscábamos la compañía de los que nos rodeaban, y si no, la de aquellos al otro lado del zoom o cualquier otro programa parecido. Leer exigía una dedicación y un ejercicio de concentración que no todo el mundo podía tener. A mí no me pasó, seguramente porque yo ya había tenido un entrenamiento previo. Como dicen en mi pueblo: “ca’uno es ca’uno y ca’ do’ una canoa”.

Este mes de agosto ha sido difícil para mí. He tenido una pérdida importante y al principio de mes mi cabeza estaba cualquier sitio, menos en el que tenía que estar. El caso es que para mí leer siempre ha sido un momento de paz, un refugio, un lugar feliz. El que la tele me acompañe es algo que no suelo hacer, soy más de radio, y los libros ocupan esa distracción. Sin embargo, me ha costado mucho seguir esa dinámica este mes. Supongo que como a cualquiera. Pero como he dicho, leer es mi forma de escaparme y de evadirme. Adoro el cine y también me dejo llevar por una película, pero el libro, el libro me lo llevo a cualquier parte. Ahí hago mi parada que pueden ser de cinco minutos mientras me tomo un café, o de dos horas mientras se hace de noche. Me costó volver a leer, pero encontré el libro adecuado en el momento oportuno y este me salvó. Como siempre.

Toda esta introducción parece que no tiene nada que ver con un resumen de lecturas mensuales, pero así son las cosas en este blog. El divagar es marca de la casa. Este agosto sigo, como todo el año, con el reto de Javier Miró en su Liga de las Lecturas Extraordinarias, leyendo cosas variadas y entretenidas (adelanto: este mes me he centrado en la evasión) y hemos vuelto a tener tertulia del club Qwerty, con una novela que dio mucho juego. Vamos con ese repaso:

  • “Sistemas críticos” (Diarios de Matabot 1), de Martha Wells. Una novela corta de ciencia ficción con un personaje principal (Matabot) lo suficientemente interesante como para que vuelva a leer más. Un robot como protagonista puede aportar puntos de vista muy curiosos. La autora tiene una larga obra detrás, pero es con esta serie con la que empieza a publicarse en España.
  • “L’empire des signes”, de Roland Barthes. Un precioso librito de la editorial Points Essais. No es tanto una guía del Japón, como una serie de textos en los que el filósofo y semiólogo francés habla sobre las sensaciones y la extrañeza que le provocaban la cultura nipona y, sobre todo, su lenguaje.
  • “Alejandro Magno”, de Mary Renault. La historiadora y novelista británica tiene una famosa trilogía de novela histórica dedicada a Alejandro Magno (Fuego en el paraíso, El muchacho persa y Juegos funerarios), pero este libro es una biografía más aséptica. Muchos datos condensados en un texto relativamente corto (256 páginas) pero que te abre el camino para nuevas lecturas. Es posible que se haya quedado algo anticuado (1975), pero sigue siendo una vida apasionante.
  • “The Boys. Omnibus. Vol.1”, de Garth Ennis. No estoy leyendo mucho cómic este año. Como todo, esto también va por rachas. Esta vez me he centrado en dos cómics de los que estoy siguiendo su adaptación televisiva. La serie de Amazon Prime es muy gamberra, pero la historia de Ennis lo es todavía más. Salvaje y divertida.
  • “The Umbrella Academy. Vol. 2: Dallas”, de Gerard Way y Gabriel Bá. Segundo cómic basado en otra serie. En este caso, The Umbrella Academy está en Netflix. Era (y soy) muy seguidor del grupo My Chemical Romance, por lo que no dudé en lanzarme a leer cualquier cosa que publicase su cantante, Gerard Way. A lo mejor esto no tiene mucho sentido, pero oye, es lo que hice. Leí su revisión de Doom Patrol (ahora también en HBO) y el primero de la Umbrella Academy. Este segundo volumen coincide en parte con la segunda temporada de la serie. El cómic tiene identidad propia para disfrutarlo gracias a los dibujos del brasileño Gabriel Bá, que le da una visión muy distinta a la de la serie.
  • “Como una historia de terror”, de Jon Bilbao. Recopilación de cuentos del autor asturiano, en el que ya me había fijado de un tiempo a esta parte. No todos los relatos me han gustado, pero sí demuestran que Jon Bilbao es un escritor que iba a dar mucho que hablar. Mi favorito es el último y el que da el título a la recopilación.
  • “The illustrated Man”, de Ray Bradbury. Este mes se cumplía un siglo del nacimiento del gran Ray Bradbury. Nada mejor para celebrarlo que leer algunos de sus cuentos. Me he puesto con esta colección de cuentos con un hilo argumental tan extraño como un hombre repleto de tatuajes (que él no quiso hacerse) y cuentan historias del futuro. Hay de todo, como en cualquier colección de relatos, pero la mano de Bradbury siempre deja momentos brillantes. Zero hour es mi favorito de los 18 que forman esta colección.
  • “Diario del Viajero” y “Virus Z”, de Iván Gilabert. En cinco días me leí estos dos libros del autor barcelonés. Son de esos que te enganchan desde el principio, con personajes atractivos y giros de guión sin que creas que se están riendo de ti. Diario del viajero es más un thriller de ciencia-ficción que una novela de supervivencia zombie, como es el caso de Virus Z. Creo que se pueden leer de forma independiente, sobre todo porque esta segunda parte de la bilogía del viajero te pone en antecedentes rápidamente. Quizás prefiera la primera parte,me gustó más la parte de thriller que la de muertos vivientes que aparece como una amenaza en la primera y una presencia total en la segunda. He visto algunos errores en estos libros, errores gramaticales que se podrían subsanar en una futura edición.
  • “El jardín de bronce”, de Gustavo Malajovich. Este thriller fue el elegido para la tertulia del mes en el club de lectura Qwerty. Es la historia de la desaparición de una niña y la angustia que provoca. Además de mantener la tensión durante más de 500 páginas ( me lo leí en dos días), también plantea problemas morales y suscita debates. Recomendable.
  • “Momo”, de Michael Ende. Momo fue el libro que me sacó de mi letargo. Volver a leer esta obra cargada de simbolismo, pero tan sencilla, con los ojos de un adulto es una experiencia maravillosa. Me lo leí de un tirón, pero haciendo pausas para tomar notas que comentaré en una entrada posterior en el blog. Pero me lo leí como lo había hecho 30 años antes. Este 28 de agosto se cumplieron 25 años de la desaparición del gran Michael Ende y mi intención era la de dedicarle un podcast homenaje, además de volver a leer sus obras principales.

No ha estado mal este mes de agosto, quizás uno de los más raros que hemos vivido, como todo este año. En mi caso ha sido un periodo difícil, pero los libros me ayudaron a recordarlo con algo más de cariño. A ver qué tal se nos da este septiembre que pinta tan incierto como todos meses anteriores.

Reseña de Voz, de Christina Dalcher

“Voz” nos presenta un mundo aterrador donde las mujeres son sometidas a una dictadura que se manifiesta con la limitación de sus palabras. La Dra. Jean McClellan debe superar el rechazo inicial para intentar adaptarse o desaparecer para siempre.

ROCA EDITORIAL, 2019 352 páginas

4/10

La premisa de esta Voz, de Christina Dalcher no podía ser más aterradora: una sociedad que limita la cantidad de palabras que un sector de la población puede decir, en este caso las mujeres. Esto conlleva una serie de implicaciones, no solo que no puedes hablar. Tu voz no es escuchada, no tienes opinión pero tampoco te dan la oportunidad de que tengas una ya que tu formación académica también empieza a no tener sentido. Estás atrapada y nadie puede cambiarlo porque es aceptado sin rechistar. Esto es una pesadilla en toda regla. Una pesadilla que es real en algunos estados y que a más de uno no lo importaría que se hiciera más popular. Todo está bien si tú formas parte del club privilegiado.

Christina Dalcher es una experta en lingüística y fonética que además habla muy bien español e italiano (idioma que tiene una gran importancia en la novela), que decidió aplicar sus conocimientos una novela distópica muy realista con influencias evidentes en otras grandes del género. La más cercana es, sin duda, El cuento de la criada (The hadmaid’s tale) de la gran Margaret Atwood, publicada originalmente en 1985, en plena era Reagan, y que acaba de tener una segunda parte, Los Testamentos (The Testaments). Pero también podemos buscar referencias de 1984, de George Orwell, y casi de cualquier otra gran distopía que tengamos en mente. Aún así, Dalcher usa su formación profesional para darle una credibilidad a la historia.

Voz nos presenta unos Estados Unidos que han caído en una dictadura religiosa (“Movimiento Puro”) en la cual las mujeres tienen limitado el número de palabras diarias a tan solo 100, pudiendo reducirse como castigo o llevarte a una especie de campo de concentración. Si te pasas de ese número, una pulsera te hace una serie de descargas eléctricas que se hacen insoportables. La Dra. Jean McClellan, que es la narradora, debe asumir su nuevo rol de ama de casa cuidando de sus hijos Steven, Sonia, Sam y Leo, además de su marido Patrick. Todo ello sin levantar la voz (o pasarse) con el objeto de convertirse en una verdadera Mujer Pura, lo que martiriza a Jean McClellan que trabajaba como una cualificada neurolingüista y esta dictadura se ha convertido en un tortura para ella y el resto de mujeres del país. Jean debe asistir a la complacencia de su marido ante las atrocidades que se cometen y como su propio hijo mayor, Steven, está cada vez más envuelto en el Movimiento. Los comentarios en la mesa mientras cenan son hirientes y ofensivos, quizás como los de cualquier adolescente rebelde, pero aquí sin posibilidad de defenderse. El propio Steven aprende que el sitio de las mujeres es el hogar, siendo sumisas y aceptando su misión divina. En un momento dado, unos representantes del Movimiento vienen porque el propio presidente necesita la ayuda de un neurolingüista y recurren a ella, entre otros. Es su oportunidad de hacer algo útil, fuera de su papel obligado en la casa. Con reticencias, Jean decide aceptar el trabajo. En un búnker secreto donde se trabaja para encontrar una cura, la protagonista encontrará un viejo amante, Lorenzo, con el que empezará a plantearse aún más su vida.

Lo único que hace falta para el triunfo del mal es que los hombres buenos no hagan nada.

En un principio, esta primera novela de Christina Dalcher tenía todos los ingredientes para interesarme: distopía, lingüística, una heroína que tiene que superar todos los obstáculos habidos y por haber y que busca convertir a las mujeres en un una mera figura doméstica. Es una premisa asfixiante, dura y posible. No sería la primera vez que una dictadura religiosa suprime una parte de su población, no sería la primera vez que las mujeres se ven obligadas a ser madres y criadas sin ningún derecho ni voto en el futuro de sus hijos. Me gustan del libro ciertos detalles como la exposición del efecto que tiene en una niña pequeña la imposibilidad de hablar y de tener una educación limitada, qué problemas a nivel cognitivo puede generar. También me parece muy acertada la imagen que se crea en el sector privilegiado (en este caso, los hombres) del otro sector: las ven como personas que ya tienen suficientes derechos, que se quejan simplemente por crear un problema y que no cumplen la ley porque son criminales. En un momento de la novela asistimos a un momento de delación bastante duro, que es una prueba más de de lo injusto que es una sociedad así pero de eso solo te das cuenta cuanto te afecta directamente a ti. En general, la novela tiene muy buenas ideas y los personajes muy bien definidos. El hijo mayor totalmente adoctrinado por el movimiento que es capaz de despreciar a su madre por ir contra el poder, el padre que intenta controlar la situación con su mujer sin dejar de ser obediente con el régimen, la hija pequeña que está creciendo con varios problemas y que un momento dado ejemplifica perfectamente lo que es adaptarse a esta situación: en un parte de la novela, asistimos al triste episodio en que a Sonia se le da un premio por ser la alumna que menos palabras ha dicho, lo que la llena de orgullo. A su madre, y al lector, de rabia y pena.

Y sin embargo, un libro con tan buena premisa no me ha gustado. Por un lado está el hecho del parecido tan evidente con otras distopías que todos hemos leído o visto. Siempre hay algo original en todas, al menos para que funcionen, y aquí es la lingüística. El problema es que me parece que muchas veces está metida con calzador. Se entiende que la protagonista tiene un trabajo y una misión relacionados con este campo, pero lo explota en situaciones que a mí me sacan de la trama, siendo yo mismo un amante de este tema. Luego está la relación en el laboratorio con Lorenzo, que me parece de todo menos natural. En general, casi todos los personajes están a medio dibujar, especialmente los hombres. Es algo lógico, estos son los culpables de la situación, bien por acción o bien por omisión. Aún así me parecen todos personajes bastante estereotipados y aburridos. Ni siquiera los villanos puros tienen ese encanto que te haga odiarlos. Y luego está toda la parte final que me ha parecido no estar a la altura de lo que prometía, un thriller normalito con un final precipitado y algo decepcionante.

De la novela me quedo con las ideas principales, con bastantes citas a retener y que te hacen plantearte que un mundo así no está tan lejos (eso es la misión de la ciencia-ficción y la distopía) y con la primera parte del libro.

“sometimes I said sometimes I hear my voice And it’s been here Silent All These Years” Tori Amos

Gianni Rodari, el maestro que hacía reír

El 14 de abril de 1980 moría Giovanni (Gianni) Rodari a los 60 años tras un problema de corazón. Este año también se cumple un siglo de su nacimiento allá por el norte de Italia, cerca de Novara y del lago Orta. En el programa 122 de Invita la Casa, en la sección literaria que llevo, Páginas Particulares, he hablado de Rodari y de lo que significa para la literatura infantil.

Tuvo una vida bastante azarosa, casi como todo el mundo que tuvo padecer la Segunda Guerra Mundial. Hijo de panaderos, fue huérfano de padre a los 9 años. Su madre lo envió a un seminario para hacer la Secundaria, incluso llegó a militar en las filas de Azione Cattolica. Ya entonces empezó a escribir y publicó algunos cuentos para un diario del partido. A los 17 años consiguió su diploma para poder ser maestro. Le encantaba la música y estuvo estudiando violín unos años. Sus ideas políticas fueron cambiando también. Empezó a leer a Nietzsche, Schopenhauer, Lenin o Stalin. Después de la guerra y la caída del fascismo, se inscribió en el Partido Comunista. Durante este tiempo empezó a trabajar como periodista para distintos diarios. El PC le pide que dirija una revista infantil llamada Pioniere. Es ahí (1950), cuando hace su primer viaje a la URSS. Es algo curioso ahora, pero en aquella época tendría todo el sentido del mundo, pero fue en aquel país donde Rodari tendría más éxito fuera de Italia. Sus cuentos y poemas fueron publicados enseguida e incluso tuvieron adaptación televisiva. Pero como siempre hay dos caras de la misma moneda, algunos no se tomaron muy bien esto de que un antiguo miembro de Azione Cattolica estuviese de tournée por la Unión Soviética: algunas de sus obras fueron quemadas en los patios de las iglesias italianas acusándolo de todo lo que se podía acusar a un escritor de cuentos infantiles. En los 60 se dedicó de lleno a la literatura consiguiendo un gran éxito en su país y fuera de él. En 1970, Gianni Rodari sería galardonado con el premio Hans Christian Andersen, el gran reconocimiento internacional de la literatura infantil y juvenil.

La mayor parte de su obra la encontramos en forma de cuentos y poemas humorísticos y que desbordan imaginación, llamados retahílas (filastrocche). Los Cuentos por teléfono, las Novelas hechas a máquina o los Cuentos para jugar son solo un ejemplo de la extraordinaria imaginación, sentido del humor y comprensión de la visión que el niño tiene del mundo. También tenemos novelas un poco más largas como Érase dos veces el barón Lamberto y tantas otras.

Contraportada de Escuela de fantasía (Blackie Books, 2015)

Además de escritor, Rodari fue un gran maestro y pedagogo, dedicándose toda su vida al fomento de la lectura de una manera práctica y amena. Gramática de la fantasía o la recopilación Escuela de Fantasía son dos de los principales escritos que dejó sobre lo que significaba el oficio de contar cuentos. Tenía una visión de la infancia y de la escuela realmente moderna. Hay tantos escritos que hoy en día defienden una escuela gamificada, donde el niño controle su propio aprendizaje. Bien, Gianni Rodari ya veía en los 60 la necesidad de alejarse de esa escuela dura y seria en la que él se había criado, quería que el colegio fuese un lugar divertido donde aprender jugando fuese la norma. A través de los cuentos y de esos poemas tan característicos tenía la posibilidad de acceder a los niños porque los abordaba desde el mismo plano, el de la imaginación sin límites. Y todo eso lo hacía sin alejarse tanto de la realidad. Rodari no escondía los problemas a los que se podía enfrentar un niño en una Italia todavía en reconstrucción. A partir de esa realidad que bien podía ser el hambre, el paro, la guerra incluso, construía un mundo fantástico y divertido en el que los niños podían jugar con libertad. Cuarenta años después de su muerte, Gianni Rodari sigue siendo tan actual como lo era en su momento. Sus historias se siguen contando por la noche en todo el mundo, ahora no solo por teléfono, también por Zoom.

Reseña de Banda Sonora, de Jordi Sierra i Fabra

La historia de un chico que sueña con dedicarse al rock en la Barcelona de los noventa, siguiendo los pasos de su padre, si bien este no fue nunca un buen ejemplo.

SIRUELA 1993/2006

260 páginas

6/10


Jordi Sierra i Fabra es uno de los escritores más prolíficos que he leído. La cantidad de obras de ficción y no ficción que lleva escritas resulta sorprendente, abarcando prácticamente todos los géneros literarios. También ha dedicado buena parte de su trayectoria a escribir ensayos y biografías sobre el mundo del rock. Con Banda Sonora, Jordi Sierra une sus dos pasiones en una novela juvenil escrita originalmente en 1993. Esta es la novela que hemos leído este mes para el Club de Lectura Qwerty

Vic de 16 años que quiere dejar los estudios una vez acabada la ESO y dedicarse a la música. LLeva dos años aprendiendo a tocar la guitarra y se le da bastante bien. No las tiene todas consigo, vive con su madre y ella nunca aprobaría semejante decisión. Vicky, la madre, conoce bien esa vida de promesas del rock con malas compañías por culpa de Julián, el padre de Vic del que se separó y al que este no ve desde hace cuatro años. Precisamente Vic recurre a su padre para que convenza a su madre, a sabiendas que no se hablan y que hay viejas rencillas entre ellos. Vic ya tiene un grupo, formado por cuatro chicos y una chica. Luego está la relación con Sonia, su novia. Estamos en los años 90, con una escena musical barcelonesa bastante complicada y donde los gustos por el rock y el blues 70s no son demasiado populares.


OPINIÓN


Banda Sonora es el retrato de tantas bandas que empiezan poniendo mucha ilusión, y dinero, para encontrar su hueco. Los personajes son bastante reales porque Jordi Sierra los conoce bien, ha estado hablando de ellos durante mucho tiempo. Aparecen casi todos los estereotipos: el chico soñador, el viejo rockero que se ve reflejado en la joven promesa, la pareja paciente y sabia, la madre preocupada y con ideas para el futuro, la novia que no sabe qué hacer con su vida, los viejos músicos reconvertidos en empresarios a los que el talento no les interesa tanto como la imagen. El autor nos lleva en este historia con un lenguaje sencillo, diálogos y lugares comunes que son fácilmente reconocibles, cualquiera que haya vivido esa época y tenga fascinación por el rock se sentirá identificado. Sin embargo, creo que que peca de ingenuidad. A pesar de tocar por encima algunos temas que pudieran ser turbios, como el sexo y las drogas, no profundiza en ellos y se queda como una bonita canción que gusta escuchar, pero no te cala dentro.

A lo largo de la historia, Jordi Sierra nos va dando pistas para hacer una playlist estupenda con temas de los 70 y 80, pero uno de los grandes momentos llega con este Gimme some lovin’ de Spencer Davis Group.

Reseña: LaGuardia, de Nnedi Okorafor, Tana Ford & James Devlin

Nnedi Okorafor ha creado una metáfora sobre la inmigración a partir de la ficción especulativa pero tratando temas sociales muy actuales. LaGuardia está nominado a mejor cómic en los premios Hugo.

Berger Books, 2019 129 p.

7/10

Nnedi Okorafor es una escritora nigeriano-americana que ya me había sorprendido gratamente con la trilogía de Binti, la historia que me permitió conocer Afrofuturismo y el afroyuyuismo, este útlimo término lo he traducido de manera libre porque no he encontrado una correcta y oficial. Los términos son Afrofuturism, Africanfuturism y Africanjujuism. Se trata de unir el folklore de algunos países africanos con la fantasía (jujuism) o la ciencia-ficción (afrofuturism). La cantidad de autores y, sobre todo, autoras que están haciendo crecer este género es cada vez mayor. Okorafor es una de las más importantes, que sigue la estela de otras grandes autoras de la ciencia-ficción, como LeGuin y, especialmente, Octavia Butler. Tiene obras tanto para adultos como para un público más juvenil, habiendo recibido los premios más importantes de la industria: Nebula, Hugo, World Fantasy, Locus, Lodestar e incluso el Wole Soyinka que premia a los mejores autores africanos del año.

Nnedi Okorafor ya ha participado como guionista en cómics. Ha sido guionista de Black Panther y de la serie dedicada a su hermana Shuri, por la que también ha recibido premios. Así que no es ninguna novata en este terreno y se maneja con soltura. Le acompaña en este caso la dibujante Tana Ford, que ya ha trabajado con Marvel en Silk , una de las últimas superheroínas, y un personaje que ha encontrado una gran acogida.

LaGuardia nos enseña un mundo donde los humanos conviven con extraterrestres venidos de diferentes mundos y por diferentes motivos. Todo empezó en Nigeria, tal y como Nnedi Okorafor contaba en su novela Lagoon. En ese sentido, LaGuardia es una secuela de la novela. El título hace referencia al aeropuerto de Nueva York, que se ha convertido en un puerto interestelar, punto de entrada desde todo el universo. Eso ha creado una cierta tensión entre los locales Estados Unidos ha decidido prohibir la entrada a ciudadanos ilegales, incluyendo estas nuevas especies. La protagonista es Future Nwafor Chukwuebuka, una científica embarazada que ha entrado en el país por razones algo misteriosas a través del aeropuerto de LaGuardia, pero introduciendo un floral (una forma de vida parecida a una planta), a la que llama Letme Live (Déjame Vivir). Future se queda con su abuela en un apartamento del Bronx. Allí convivirá con humanos en situación irregular venidos de Sudán y con extraterrestres, alguno de ellos cambiaformas.

El conflicto en la historia viene en un primer momento a raíz de los misteriosos motivos que llevan a Future a alejarse de Lagos y volver con su abuela a Estados Unidos. Pero la historia tiene un trasfondo mucho más social que se basa en las prohibiciones que ahora mismo está haciendo el gobierno de Trump, el considerar ilegales seres humanos (o extraterrestres) por considerarlos inferiores. Los nuevos llegados traen tecnología y abren el futuro a la Tierra, pero el miedo a la diferencia crece entre una ciudadanía llena de inseguridades y miedos. Quizás lo que menos me ha gustado es la forma a veces demasiado obvia con la que la autora nos muestra el racismo imperante en la sociedad: la llegada al aeropuerto, carteles prohibiendo entrada a no humanos. Hay un momento en el que Letme Live cuenta algo muy importante de su especie en la Tierra, Future contesta que no lo sabía a pesar de trabajar con varios florales, Letme dice que porque conozca unos pocos no significa qué sepa todo de ellos, y Future responde diciendo que ha sido muy presuntuosa. Ese mensaje va para todos los que alguna vez hemos dado por supuesto cosas por el mero hecho de haber oído de ellas. Ese tipo de comentarios y frases se repiten con cierta frecuencia y me ha sacado fuera de la historia más de una vez. Esa falta de sutileza no quiere decir que no sea legítimo y que la historia no esté bien estructurada, al contrario. Los personajes están muy bien construidos y son muy sólidos, al menos los principales. Es cierto que algunas historias quedan un poco superfluas y no terminan de tener mucho sentido dentro de la trama, salvo la del relleno. Sin duda, buena parte del encanto de este cómic reside en el trabajo de Tana Ford, creando unas expresiones faciales en humanos y no humanos realmente conseguidas. Y el trabajo de James Devlin, que se encarga de darle color a las viñetas y aportar todos esos matices que la historia necesita.

En definitvia, LaGuardia es un cómic prometedor, con una historia que se sale de lo tradicional y que sin embargo tiene mucho que ver con el panorama actual. Cuenta con la inventiva de una gran autora y el saber hacer de una no menos brillante dibujante que ponen su arte para denunciar injusticias en un contexto divertido y estimulante.