Gianni Rodari, el maestro que hacía reír

El 14 de abril de 1980 moría Giovanni (Gianni) Rodari a los 60 años tras un problema de corazón. Este año también se cumple un siglo de su nacimiento allá por el norte de Italia, cerca de Novara y del lago Orta. En el programa 122 de Invita la Casa, en la sección literaria que llevo, Páginas Particulares, he hablado de Rodari y de lo que significa para la literatura infantil.

Tuvo una vida bastante azarosa, casi como todo el mundo que tuvo padecer la Segunda Guerra Mundial. Hijo de panaderos, fue huérfano de padre a los 9 años. Su madre lo envió a un seminario para hacer la Secundaria, incluso llegó a militar en las filas de Azione Cattolica. Ya entonces empezó a escribir y publicó algunos cuentos para un diario del partido. A los 17 años consiguió su diploma para poder ser maestro. Le encantaba la música y estuvo estudiando violín unos años. Sus ideas políticas fueron cambiando también. Empezó a leer a Nietzsche, Schopenhauer, Lenin o Stalin. Después de la guerra y la caída del fascismo, se inscribió en el Partido Comunista. Durante este tiempo empezó a trabajar como periodista para distintos diarios. El PC le pide que dirija una revista infantil llamada Pioniere. Es ahí (1950), cuando hace su primer viaje a la URSS. Es algo curioso ahora, pero en aquella época tendría todo el sentido del mundo, pero fue en aquel país donde Rodari tendría más éxito fuera de Italia. Sus cuentos y poemas fueron publicados enseguida e incluso tuvieron adaptación televisiva. Pero como siempre hay dos caras de la misma moneda, algunos no se tomaron muy bien esto de que un antiguo miembro de Azione Cattolica estuviese de tournée por la Unión Soviética: algunas de sus obras fueron quemadas en los patios de las iglesias italianas acusándolo de todo lo que se podía acusar a un escritor de cuentos infantiles. En los 60 se dedicó de lleno a la literatura consiguiendo un gran éxito en su país y fuera de él. En 1970, Gianni Rodari sería galardonado con el premio Hans Christian Andersen, el gran reconocimiento internacional de la literatura infantil y juvenil.

La mayor parte de su obra la encontramos en forma de cuentos y poemas humorísticos y que desbordan imaginación, llamados retahílas (filastrocche). Los Cuentos por teléfono, las Novelas hechas a máquina o los Cuentos para jugar son solo un ejemplo de la extraordinaria imaginación, sentido del humor y comprensión de la visión que el niño tiene del mundo. También tenemos novelas un poco más largas como Érase dos veces el barón Lamberto y tantas otras.

Contraportada de Escuela de fantasía (Blackie Books, 2015)

Además de escritor, Rodari fue un gran maestro y pedagogo, dedicándose toda su vida al fomento de la lectura de una manera práctica y amena. Gramática de la fantasía o la recopilación Escuela de Fantasía son dos de los principales escritos que dejó sobre lo que significaba el oficio de contar cuentos. Tenía una visión de la infancia y de la escuela realmente moderna. Hay tantos escritos que hoy en día defienden una escuela gamificada, donde el niño controle su propio aprendizaje. Bien, Gianni Rodari ya veía en los 60 la necesidad de alejarse de esa escuela dura y seria en la que él se había criado, quería que el colegio fuese un lugar divertido donde aprender jugando fuese la norma. A través de los cuentos y de esos poemas tan característicos tenía la posibilidad de acceder a los niños porque los abordaba desde el mismo plano, el de la imaginación sin límites. Y todo eso lo hacía sin alejarse tanto de la realidad. Rodari no escondía los problemas a los que se podía enfrentar un niño en una Italia todavía en reconstrucción. A partir de esa realidad que bien podía ser el hambre, el paro, la guerra incluso, construía un mundo fantástico y divertido en el que los niños podían jugar con libertad. Cuarenta años después de su muerte, Gianni Rodari sigue siendo tan actual como lo era en su momento. Sus historias se siguen contando por la noche en todo el mundo, ahora no solo por teléfono, también por Zoom.

Microrrelato: Iracundo

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IRACUNDO

El primer ataque fue devastador.

Nadie lo vio venir.

Árboles y farolas arremolinadas junto a la rotonda de la estación de tren, mientras vehículos de todo tipo eran arrastrados hasta unos camiones de gran tonelaje. Pronto el asombro pasó a la estupefacción cuando el edificio más grande de la calle quedó arrancado de cuajo encima del parque infantil.

Solo cuando el asfalto empezó a desencajarse y a enrollarse como una manguera, solo entonces, tomamos consciencia de que Daniel se había enfadado de verdad y se llevaba todo el juego a su casa.

Reseña de Half a King (Medio Rey), de Joe Abercrombie

Novela de iniciación que tiene a Yarvi como protagonista. Hijo de reyes, pero con una mano tullida, es visto por todos como una carga. Una historia llena de traiciones, de crímenes y combates, aunque también de honor y amistad. Half a King (Medio Rey) es la primera novela del Shattered Sea (Mar Quebrado) y está enmarcada dentro de la literatura juvenil.

HARPER COLLINS (2015), 416 páginas

En España la ha publicado FANTASCY, 384 páginas y traducida por Manuel Viciano.

7/10


Lo primero que quisiera decir es que no soy buen lector de fantasía, de ningún subgénero, ni épica, ni heroica, ni baja fantasía, ni grimdark. Recuerdo haber leído El Señor de los Anillos y el Hobbit, tres libros de Canción de Hielo y Fuego, alguna de Sanderson y algo de Sapkowski. No es que no me interese el género, pero es verdad que libros río tan gruesos no suelen interesar si no hay una historia que realmente me atraiga. He dejado muchos por el camino que me habían recomendado, que quizás retome en el futuro. Leer va mucho por rachas, hay que aprovecharlas.

Este año no paro de escuchar el nombre de Joe Abercrombie por todas partes. Su nueva novela, Un poco de odio, ha sido muy publicitada y, quieras que no, a uno le pica la curiosidad. El primer libro que tenía a mano, aunque fuese virtualmente, era este Medio Rey, primera parte de una trilogía llamada del Mar Quebrado y que he empezado a leer en inglés. Hay que decir, que si sueles leer en inglés, no es especialmente difícil. Este libro lo descubrí gracias a Librorum, un podcast de reseñas literarias muy recomendable. Vanessa es muy seguidora de Abercrombie, así que me convenció, y seguro que a mucha más gente. Ahí descubrí que esta obra de Abercrombie es algo distinta a sus otros trabajos. Se enmarca dentro de la literatura juvenil, por lo que los hechos no son tan cruentos ni el lenguaje es tan explícito como en el resto de sus libros.

Joe Abercrombie en una entrevista para Jotdown.
Fotografía: Begoña Rivas

Medio Rey cuenta la historia de Yorvi, un muchacho que nació con una mano tullida y al que todo el mundo lo ve como débil. El problema es que es hijo de un rey, al que acaban de matar en combate junto con su hermano y futuro heredero. Empieza la novela con Yorvi preparándose para convertirse en rey, de la mano de su madre y su tío. Pero él sabe que todos recelan de alguien que no es capaz de blandir una espada como el linaje merece, ¿cómo va a defenderlos en la batalla ante tantos enemigos que hay a otro lado del Mar Quebrado? Yorvi deberá afrontar traiciones y conspiraciones por el poder, además poder sacar lo mejor de sí mismo cuando los momentos sean más duros.


OPINIÓN


La novela sigue la clásica historia de iniciación y el viaje del héroe: Yorvi lleva una vida rutinaria, pensando en convertirse en ministro, algo así como religioso al servicio del reino. Una serie de acontecimientos trágicos le obligan a tomar una responsabilidad para la que no estaba pensado. En su nueva situación, Yorvi debe adaptarse, romper con lo establecido para alguien como él. Encontrará enemigos, algunos inesperados, pero también amigos y un maestro del que aprender. Su viaje debe completarse en el destino final que será el punto de partida. A lo largo del viaje vemos cómo cambia el personaje, cómo debe reconstruirse para afrontar los desafíos que se le han impuesto.

Estoy seguro que este viaje ya lo hemos visto antes, como pasa con la mayoría de los libros que leemos hoy en día. La cuestión es en cómo te lo cuentan. No hay nada mejor que ver un buen cuentacuentos contándote un relato, aunque te lo sepas al dedillo. Lo disfrutamos como niños y lo podemos hacer de adultos, excepto cuando las cortapisas que nos ponemos nosotros mismos no nos dejan hacerlo. Yorvi es un chico desamparado, que se ha metido en un inmenso problema a todas luces injusto, es fácil ponerse de su lado. Abercrombie tiene mucho talento para crear buenas historias y buenos personajes. Es capaz de dar un contexto rico en matices e incluso de sorprenderte con comportamientos inesperados o, para mí, muy humanos. No todo el mundo puede reaccionar de la misma manera, no todo el mundo puede ser un héroe.

“If life has taught me one thing, it’s that there are no villains.

Only people, doing their best.”

Tiene un lenguaje bastante rico, con diálogos que acompañan muy bien la historia. Es interesante como las mejores reflexiones vienen de la madre de Yorvi. Este recuerda a su madre que le va dando lecciones aún estando separados. Es un recurso que a veces puede ser algo pesado, el que los consejos de la madre aparezcan ante cada situación, pero las mejores frases salen de ahí. Es una historia llena de aventuras, que empieza algo más lento, pero va tomando velocidad de crucero. De hecho, tardé mucho en leerme las primeras páginas, sin embargo, Abercrombie te atrapa y no te suelta deseando saber el desenlace de la trama. Algo positivo de Medio Rey, algo que me suele echar para atrás en mucha literatura fantasy, es que tiene un final cerrado. Es cierto que quedan dos partes más en esta trilogía, pero se puede leer perfectamente con la sensación de que la historia ha acabado.

En resumen, diré que me ha gustado mi primera incursión en el mundo Abercrombie. Tengo muchas ganas de enfrentarme con sus obras más duras y, seguramente, auténticas. He descubierto un autor que sabe contar muy bien las historias a pesar de estar en terrenos demasiado explorados, que sabe interesar al lector.

Una banda sonora apropiada podría ser el último disco de Myrkur, que recuerda a esos ambientes vikingos que quiere reproducir Abercrombie.

Reseña de Banda Sonora, de Jordi Sierra i Fabra

La historia de un chico que sueña con dedicarse al rock en la Barcelona de los noventa, siguiendo los pasos de su padre, si bien este no fue nunca un buen ejemplo.

SIRUELA 1993/2006

260 páginas

6/10


Jordi Sierra i Fabra es uno de los escritores más prolíficos que he leído. La cantidad de obras de ficción y no ficción que lleva escritas resulta sorprendente, abarcando prácticamente todos los géneros literarios. También ha dedicado buena parte de su trayectoria a escribir ensayos y biografías sobre el mundo del rock. Con Banda Sonora, Jordi Sierra une sus dos pasiones en una novela juvenil escrita originalmente en 1993. Esta es la novela que hemos leído este mes para el Club de Lectura Qwerty

Vic de 16 años que quiere dejar los estudios una vez acabada la ESO y dedicarse a la música. LLeva dos años aprendiendo a tocar la guitarra y se le da bastante bien. No las tiene todas consigo, vive con su madre y ella nunca aprobaría semejante decisión. Vicky, la madre, conoce bien esa vida de promesas del rock con malas compañías por culpa de Julián, el padre de Vic del que se separó y al que este no ve desde hace cuatro años. Precisamente Vic recurre a su padre para que convenza a su madre, a sabiendas que no se hablan y que hay viejas rencillas entre ellos. Vic ya tiene un grupo, formado por cuatro chicos y una chica. Luego está la relación con Sonia, su novia. Estamos en los años 90, con una escena musical barcelonesa bastante complicada y donde los gustos por el rock y el blues 70s no son demasiado populares.


OPINIÓN


Banda Sonora es el retrato de tantas bandas que empiezan poniendo mucha ilusión, y dinero, para encontrar su hueco. Los personajes son bastante reales porque Jordi Sierra los conoce bien, ha estado hablando de ellos durante mucho tiempo. Aparecen casi todos los estereotipos: el chico soñador, el viejo rockero que se ve reflejado en la joven promesa, la pareja paciente y sabia, la madre preocupada y con ideas para el futuro, la novia que no sabe qué hacer con su vida, los viejos músicos reconvertidos en empresarios a los que el talento no les interesa tanto como la imagen. El autor nos lleva en este historia con un lenguaje sencillo, diálogos y lugares comunes que son fácilmente reconocibles, cualquiera que haya vivido esa época y tenga fascinación por el rock se sentirá identificado. Sin embargo, creo que que peca de ingenuidad. A pesar de tocar por encima algunos temas que pudieran ser turbios, como el sexo y las drogas, no profundiza en ellos y se queda como una bonita canción que gusta escuchar, pero no te cala dentro.

A lo largo de la historia, Jordi Sierra nos va dando pistas para hacer una playlist estupenda con temas de los 70 y 80, pero uno de los grandes momentos llega con este Gimme some lovin’ de Spencer Davis Group.

Pequeños placeres

En casa la ropa siempre la tiendo yo. Es como mi pequeño gran logro de cada día. Tengo un ritual infalible: primero quito las pelusas que se hayan podido pegar tras lavar las prendas y les doy esa pequeña sacudida que resuena en todo el lavadero, fuerte, con firmeza. Luego les doy la vuelta, lo último que quiero es que el color se estropee. Agarro la cuerda entre mis manos y estiro completamente la prenda sobre ella, que quede simétrica, sin un pliegue. También uso perchas para mis camisas, que quedan perfectamente desplegadas en los costados del tendedero. No renuncio a las pinzas, pero solo utilizo las de plástico que hacen menos arrugas. Las pongo siempre en las costuras aprovechando el revés de la prenda, poniendo cuidado al apretar. El detalle final es dejar hueco para que la luz pueda pasar libremente, dejando ver esas partículas de polvo que parecen estar bailando con los botones y las cremalleras. Alguna vez tengo la tentación de abrir la ventana y dejar que el aire seque la ropa más rápido, pero sé que la radiación estropearía las prendas. Así que vuelvo a mi sitio y espero pacientemente a que todo pase.

Reseña: LaGuardia, de Nnedi Okorafor, Tana Ford & James Devlin

Nnedi Okorafor ha creado una metáfora sobre la inmigración a partir de la ficción especulativa pero tratando temas sociales muy actuales. LaGuardia está nominado a mejor cómic en los premios Hugo.

Berger Books, 2019 129 p.

7/10

Nnedi Okorafor es una escritora nigeriano-americana que ya me había sorprendido gratamente con la trilogía de Binti, la historia que me permitió conocer Afrofuturismo y el afroyuyuismo, este útlimo término lo he traducido de manera libre porque no he encontrado una correcta y oficial. Los términos son Afrofuturism, Africanfuturism y Africanjujuism. Se trata de unir el folklore de algunos países africanos con la fantasía (jujuism) o la ciencia-ficción (afrofuturism). La cantidad de autores y, sobre todo, autoras que están haciendo crecer este género es cada vez mayor. Okorafor es una de las más importantes, que sigue la estela de otras grandes autoras de la ciencia-ficción, como LeGuin y, especialmente, Octavia Butler. Tiene obras tanto para adultos como para un público más juvenil, habiendo recibido los premios más importantes de la industria: Nebula, Hugo, World Fantasy, Locus, Lodestar e incluso el Wole Soyinka que premia a los mejores autores africanos del año.

Nnedi Okorafor ya ha participado como guionista en cómics. Ha sido guionista de Black Panther y de la serie dedicada a su hermana Shuri, por la que también ha recibido premios. Así que no es ninguna novata en este terreno y se maneja con soltura. Le acompaña en este caso la dibujante Tana Ford, que ya ha trabajado con Marvel en Silk , una de las últimas superheroínas, y un personaje que ha encontrado una gran acogida.

LaGuardia nos enseña un mundo donde los humanos conviven con extraterrestres venidos de diferentes mundos y por diferentes motivos. Todo empezó en Nigeria, tal y como Nnedi Okorafor contaba en su novela Lagoon. En ese sentido, LaGuardia es una secuela de la novela. El título hace referencia al aeropuerto de Nueva York, que se ha convertido en un puerto interestelar, punto de entrada desde todo el universo. Eso ha creado una cierta tensión entre los locales Estados Unidos ha decidido prohibir la entrada a ciudadanos ilegales, incluyendo estas nuevas especies. La protagonista es Future Nwafor Chukwuebuka, una científica embarazada que ha entrado en el país por razones algo misteriosas a través del aeropuerto de LaGuardia, pero introduciendo un floral (una forma de vida parecida a una planta), a la que llama Letme Live (Déjame Vivir). Future se queda con su abuela en un apartamento del Bronx. Allí convivirá con humanos en situación irregular venidos de Sudán y con extraterrestres, alguno de ellos cambiaformas.

El conflicto en la historia viene en un primer momento a raíz de los misteriosos motivos que llevan a Future a alejarse de Lagos y volver con su abuela a Estados Unidos. Pero la historia tiene un trasfondo mucho más social que se basa en las prohibiciones que ahora mismo está haciendo el gobierno de Trump, el considerar ilegales seres humanos (o extraterrestres) por considerarlos inferiores. Los nuevos llegados traen tecnología y abren el futuro a la Tierra, pero el miedo a la diferencia crece entre una ciudadanía llena de inseguridades y miedos. Quizás lo que menos me ha gustado es la forma a veces demasiado obvia con la que la autora nos muestra el racismo imperante en la sociedad: la llegada al aeropuerto, carteles prohibiendo entrada a no humanos. Hay un momento en el que Letme Live cuenta algo muy importante de su especie en la Tierra, Future contesta que no lo sabía a pesar de trabajar con varios florales, Letme dice que porque conozca unos pocos no significa qué sepa todo de ellos, y Future responde diciendo que ha sido muy presuntuosa. Ese mensaje va para todos los que alguna vez hemos dado por supuesto cosas por el mero hecho de haber oído de ellas. Ese tipo de comentarios y frases se repiten con cierta frecuencia y me ha sacado fuera de la historia más de una vez. Esa falta de sutileza no quiere decir que no sea legítimo y que la historia no esté bien estructurada, al contrario. Los personajes están muy bien construidos y son muy sólidos, al menos los principales. Es cierto que algunas historias quedan un poco superfluas y no terminan de tener mucho sentido dentro de la trama, salvo la del relleno. Sin duda, buena parte del encanto de este cómic reside en el trabajo de Tana Ford, creando unas expresiones faciales en humanos y no humanos realmente conseguidas. Y el trabajo de James Devlin, que se encarga de darle color a las viñetas y aportar todos esos matices que la historia necesita.

En definitvia, LaGuardia es un cómic prometedor, con una historia que se sale de lo tradicional y que sin embargo tiene mucho que ver con el panorama actual. Cuenta con la inventiva de una gran autora y el saber hacer de una no menos brillante dibujante que ponen su arte para denunciar injusticias en un contexto divertido y estimulante.

Kallocaína, de Karin Boye

Kallocaína es una distopía ambientada en el siglo XXI, pero creada por Karin Boye en plena Segunda Guerra Mundial. Una sociedad hermética y vigilante que premia la delación como manera de tener a todos los ciudadanos bajo control. La autora sueca construyó una obra equiparable a las grandes novelas del género.

Gallo Nero, 224 páginas

Valoración 8/10


Kallocaína es una novela que este año cumple 80 años, su autora, Karin Boye (1900-1941), la publicaría en 1940, un año antes de quitarse la vida a los 41 años. Quizás sea su obra de prosa más conocida, su obra maestra y una distopía a la altura de grandes clásicos ya, como Nosotros o Un mundo feliz. La novela de Orwell, 1984, todavía tardaría unos años en aparecer. Karin Boye tuvo una vida marcada por la poesía, pero también por los conflictos que sucedían a su alrededor. Nunca fue capaz de ser todo lo libre que su mentalidad abierta le pedía. Una gran intelectual, de izquierdas, que asistió al crecimiento de dos regímenes totalitarios, el nazi y el soviético. Incluso estuvo viviendo los primeros años del nacionalsocialismo con una estancia en el Berlín de antes de la guerra. Allí empezó a darse cuenta del poder del miedo y la influencia que puede tener en las decisiones de cualquiera. Su último viaje fue a la Grecia de sus clásicos tan queridos, pero su regreso a Suecia, los problemas que tuvo tras la ruptura con su pareja, una mujer más joven que ella pero que no terminaba de dar el paso que ella había dado unos años antes, las atrocidades que ya se empezaban escuchar de los alemanes que estaban ocupando ya Dinamarca. Todo eso fue demasiado para Karin, que se suicidó tomándose una tableta de somníferos.

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Kallocaína, publicada por Gallo Nero, fue traducida por Carmen Montes en 2013, quien recibiría por ello el Premio Nacional de Traducción. No es para menos, la traductora ha conseguido llevar al castellano la prosa lírica de Karin Boye. Realmente sientes a la autora sueca a través de la traducción, que no debió ser nada fácil. La novela está situada en el siglo XXI, en el Estado del Mundo, una nación de difícil localización, constituida por ciudades dedicadas a una función. Nuestro protagonista, Leo Kall, vive en la Ciudad de la Química (en la novela se comenta que hay otras Ciudades de la Química, por lo que parece un nombre estandard para cada oficio). Kall está totalmente entregado a proteger el Estado de cualquier enemigo y pone todo su empeño en mejorar la defensa. Ha creado un suero de la verdad que será definitivo para conocer los planes de cualquier ciudadano y poder establecer una paz social sin delincuencia. A partir de aquí, el nuevo conocimiento del que puede disponer le hará replantearse todo.

La narración está contada desde el punto de vista de Leo Kall, es muy subjetiva, claustrofóbica. Nos habla de una ciudad absolutamente vigilada, cada ciudadano está marcado desde los 7 años para una función que tendrá después y así poder cumplir con lo que pide el Estado: obediencia y sociabilidad. Estás obligado a entregar tu vida a las necesidades del Estado y a formar parte de todas sus estructuras, de forma que el pensamiento independiente, el deseo de intimidad o de seguir tus sentimientos, son acciones no ya prohibidas, totalmente impensables. Karin Boye nos habla de casas totalmente vigiladas, incluso en la intimidad de la habitación matrimonial. Leo lo explica con naturalidad, es una forma de estar seguro, ya que esas cámaras impiden los crímenes, por mucho que estos puedan existir. No hay relaciones humanas verdaderas porque la misión de cualquier ciudadano es denunciar a aquel que no cumple con sus obligaciones ya sea tu marido o tu padre. El lenguaje que usa Boye está completamente enmarcado dentro de una sociedad hermética como la de la novela. Solo hay un momento de libertad, de verdadera humanidad, y es cuando tomas la kallocaína y no puedes controlar tus instintos. Es la única vez en la que todo se rompe y quizás por eso es tan peligrosa esta droga. No solo te ayuda a tener más vigilancia, también libera una parte escondida, reprimida, casi enterrada de la sociedad.

Es fácil imaginar que el Estado del Mundo hace referencia directa a los estados totalitarios de la época. La apología de la traición, de la delación, es una constante en la novela, tal y como ella pudo ver cuando empezó el ataque a los judíos en Alemania. El control férreo del estado con todo tipo de estrategias para conseguir su fin, incluso la tortura donde la víctima queda deshumanizada ya que no pertenece a la sociedad que quiere el Estado, la única posible. También se puede hacer una segunda lectura, más centrada en la vida de Karin Boye. Toda esa sociedad cerrada, que no admite ideas distintas y se centran en lo que está bien visto, en lo que está socialmente aceptado. Como todas las buenas novelas de ciencia-ficción, la trama nos devuelve una imagen distorsionada de nuestro mundo, pero no del todo lejana de la realidad.