Tres recomendaciones: La canción de los vivos y los muertos, Qualityland e Imperium

Nuevo episodio del podcast literario Páginas particulares, ya disponible en Spreaker y en todas partes. He querido destacar tres libros que he leído este verano, aunque dos de ellos lo haya hecho en septiembre.

Después de un verano lleno de buenas lecturas, quiero recomendar tres libros que me han marcado por algún motivo. No sé si serían los mejores de estos tres meses, pero seguro que son sobre los que más estuve reflexionando. Son tres propuestas interesantes: una historia clásica con toque social, una sátira futurista y una novela histórica.

00’30” Presentación
03’15” La canción de los vivos y los muertos, de Jesmyn Ward
12’15” Qualityland, de Marc-Uwe Kling
21’30” Imperium, de Christian Kracht
29’20” Despedida

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Imperium, de Christian Kracht

La historia de August Engelhardt, un hombre que lo dejó todo en su país para llevar una plantación de cocos al otro lado del mundo y de paso perder la cabeza

Imperium (2012), de Christian Kracht

Escrito en alemán, publicado por Editorial Bruguera en el 2013, traducido por Ana Guelbenzu.

Tapa blanda, 208 páginas

Valoración: 7/10

Algo ha ocurrido con este libro que no me suele pasar, quizás porque no lo hago nunca. Iba a ponerle un 4, dentro de esta valoración absolutamente subjetiva que hago basándome en criterios personales y mutables, pero al final creo que se merece un 7, incluso podría ser más. Hay veces que te pones a leer una historia, una buena historia como es este caso, y no conectas por lo que sea. Muchas veces es el propio lector el que no tiene el día y no terminas entrando en el juego del escritor, por muy bueno que sea. Dejé reposar un poco la lectura antes de escribir nada, aunque esto no es verdad del todo, ya que algo escribí en Goodreads, pero unos días después volví a leer ciertos pasajes que me habían confundido o no me habían parecido interesantes. Ahí conecté mejor con este Imperium y entendí un poco más lo que pretendía el autor, Christian Kracht.

Cuando elegí este libro, me dejé llevar por la sinopsis en la contraportada: Imperium nos adentra en una espiral narrativa en la que sobrevuelan los fantasmas de Thomas Mann, Corto Maltés, Kafka, Hitler y Einstein”. Leyendo esto, no pude resistirme y me lancé a por él. ¿Qué esperaba? Pues quizás El corazón en las tinieblas, o una Locura de Almayer de Joseph Conrad, un poco de Kipling, de Stevenson, de Jean Rhys o incluso de Coetzee. Es decir, una novela que nos llevara a lugares exóticos, con gente singular que toma decisiones erróneas y que terminan engullidos por su propio sueño. Todo ello con aventuras de por medio pero con un poso filosófico que nos haga cuestionar la naturaleza humana. También algo de acción, violencia, historia y humor negro. Eso es lo que me esperaba según la sinopsis que había leído y dejándome llevar por la portada de la edición que tenía en mis manos. Y más o menos fue así, solo que el cóctel no vino presentado en el vaso que a mí me apetecía. Quizás ese es el problema, que estoy demasiado acostumbrado a una forma de leer novelas y cuando exigen algo más, llega la decepción.

¿Quién es Christian Kracht? Este escritor suizo, educado entre Canadá y los Estados Unidos, ha escrito ya varios libros basados en viajes, pero muy cercanos a la ficción histórica (como Imperium). También ha colaborado en Der Spiegel, el Frankfurter Allgemeine Zeitung o la revista literaria Der Freund. Su obra ha sido traducida a más de 30 idiomas, siendo Imperium su novela más conocida.

¿De qué va Imperium? Está basada en la historia real de August Engelhardt (aunque no termina igual el libro y, bueno, la historia real) un alemán que decidió huir de Berlín para ir a vivir a la isla de Kabakon, en el archipiélago de Bismarck, que hoy pertenece a Papúa Nueva Guinea. A principios de siglo XX aún pertenecía al Imperio alemán, por lo que muchos de los nombres de los lugares están todavía en alemán (caso de Herbertshöhe, ahora Kopoko, el puerto principal de acceso a la pequeña isla de Kabakon). August ha decidido abandonarlo todo para llevar una plantación de cocos, siguiendo el sueño colonial que le sirva para escapar de una realidad alemana cada vez más triste. Durante el trayecto a la isla va conociendo diferentes personajes que nos ayudan a entender el carácter habitual de los colonos, gente abusiva y con aires de grandeza, aunque muchos de ellos no son sino fugitivos de la realidad que les ha tocado vivir. August no quiere hacerse un gran terrateniente, al contrario, quiere crear un mundo más justo y en varios momentos hace referencia al maltrato que reciben los aborígenes de estas islas, si bien en un momento dado se acerca al antisemitismo, como tantos otros contemporáneos. Empieza a interesarse por el veganismo y a crear un culto en el que solo te alimentas de sol, aire y cocos, mientras deambulas desnudo por la isla. A partir de ahí, todo empieza a desvariar y el protagonista empieza a no distinguir muy bien la realidad de la ficción.

¡Una isla propia en la que crecían y prosperaban los cocos en la naturaleza virgen! Engelhardt aún no había adquirido plena conciencia de ello, pero ahora que la barca se acercaba desde mar abierto a las aguas tranquilas y transparentes de una pequeña bahía, con la arena resplandeciente rodeada de majestuosas palmeras, el corazón le empezó a palpitar como un gorrión agitado. ¡Dios mío, todo aquello era suyo!¡Todo!

¿Qué me parece Imperium? La historia de Engelhardt es fascinante. A partir de la novela he estado buscando más información de este hombre y tiene de todo para hacer una novela como esta o una película donde las alucinaciones tengan un papel destacado. Sin embargo, creo que Imperium se pierde entre datos y personajes que no aportan mucho a la historia. De hecho, August es el protagonista, pero algunas veces parece que es un secundario. Es por esto que no termino de entender la transición de Engelhardt de soñador a líder de una secta basada en el cocovorismo y la luz solar, para convertirse después en caníbal antisemita. En realidad, pasan bastantes cosas en apenas 200 páginas. Eso es algo que me echó para atrás en un primer momento: muchos personajes, localizaciones distintas, muchos datos históricos que no siempre manejaba y luego los personajes principales aparecen un poco difuminados. La novela no sigue un ritmo lineal en la primera parte, va saltando de un momento a otro en la vida de Engelhardt para explicarnos las razones por las que decidió dar el salto y abandonar su vida anterior. Quizás en este párrafo final del capítulo 4 se pueda entender de dónde viene esa necesidad de cambio:

“Unas paradas más allá, en Alexanderplatz, un berlinés empapado se apoya contra la pared de un edificio y come, masticando como hipnotizado, una de esas salchichas sosas. Lleva escrita en el rostro toda la miseria de su pueblo. Ese desconsuelo indiferente con exceso de grasas, la triste lamentación que entona el pelo cortado como un erizo, las manchas aceitosas de la salchicha entre sus gruesos dedos… un día los alemanes serán retratados así. Engelhardt, igual de obnubilado, lo mira fijamente mientras que el autobús atraviesa traqueteando la pared de agua. Por un segundo es como si un rayo claro y brillante los uniera, al iluminado y al súbdito.”

Para ir resumiendo, lo que menos me ha gustado de esta novela es la estructura, el exceso de personajes superfluos y la falta de profundidad en el personaje principal y, en especial, esa relación con su único amigo en la isla, Makeli. Sí me ha gustado la ambientación y cómo va dándonos pistas del tipo de personajes que nos vamos a encontrar en esta colonia germana, también de sus costumbres (y vicios). Me gusta como nos da una idea general del lugar y sus gentes con pocas frases, sin grandes descripciones que sí serían más necesarias en novelas de aventuras del XIX. Creo que Kracht no quiere hacer una descripción exhaustiva porque pronto deja de ser un lugar real y fácil de encontrar en cualquier buscador de Internet, para ser la isla de Engelhardt, para bien o para mal.