Persépolis, de Marjane Satrapi

Reservoir Books (2020), 352 páginas.

Esta no será otra canción de amor, aunque he de reconocer que no me importa decir lo que todos ya saben“, así comenzaba una famosa canción de La Habitación Roja. Yo podría empezar esta entrada con la misma frase: esta no será otra reseña literaria, aunque he de reconocer que no me importa decir lo que todos ya saben, y es que Persépolis es una pequeña joya del siglo XXI.

Hace veinte años que me acercaba por primera vez a Persépolis. El primer tomo de los cuatro que compondrían esta historia de aprendizaje apareció a principios del año 2000, publicado por la editorial L’Association. El último saldría allá por el 2003. Después vendría la película, que conseguiría el Premio del Jurado en Cannes en el 2007, dirigida por Marjane Satrapi, la propia autora del cómic. Hacía ya algunos años que había abandonado el mundo del tebeo y se había centrado en su carrera de artista gráfica y cineasta. Su última película, Radioactive, es una versión personal de la vida de Marie Curie, quien aparece referenciada en el propio Persépolis como uno de los modelos de Marji, la protagonista del libro que no es otra que la propia autora.

Como decía, hace veinte años de mi primer encuentro con esta historia con la que he disfrutado y aprendido tanto todo este tiempo. Llevaba poco tiempo en Francia y mi nivel de idioma no era muy alto. Cuando tenía un rato libre en medio de un horario de clases bastante dispar me pasaba por la biblioteca de humanidades de Lille 3 para ir adelantando trabajos o estudiar. No sé cómo fueron otros Erasmus, pero el mío estuvo cargado de asignaturas. Yo quería leer algo en francés pero se me hacía todavía un poco cuesta arriba leer una novela, así que me pasé a los comics. Ya sabéis que la bande dessinée en Francia y Bélgica es algo muy importante. Hasta entonces mi relación con los tebeos había estado basada en los de Marvel, DC y Bruguera. Era un acercamiento basado en el puro entretenimiento, casi infantil, ni me había planteado que el cómic era un vehículo tan bueno como otro cualquiera para aprender. Y ahí me tropecé con aquel primer tomo, apenas 80 páginas, con un estilo simple, minimalista, en blanco y negro y cargado de mensajes que transcendían en el tiempo.

El mundo ha cambiado mucho en este tiempo, no hace falta que haga la lista, pero sí me gustaría hablar de lo inocente que era y cuánto ignoraba: ¿qué sabía yo verdaderamente de Irán? ¿hablaban árabe? ¿y esos problemas con Irak? ¿no eran lo mismo? Leyendo Persépolis descubrí que no sabía nada de nada, que solo tenía la referencia de alguna noticia suelta en las noticias a la que no prestaba demasiada atención. Al fin y al cabo, el mundo fuera de mi pueblo nunca había tenido mucha importancia. Allí mismo, en aquella biblioteca con alumnos de todos los colores, con idiomas de los que nunca había escuchado hablar y con decoración de hospital empecé a darme de cuenta de que el mundo es muy grande y nosotros muy pequeños.

La historia de Marjane Satrapi, su despertar a la vida en una familia burguesa de un Irán en plena crisis y donde el totalitarismo se había hecho con el poder, es un ejemplo de cómo las cosas no siempre ocurren como tenemos pensado (de hecho, rara vez lo hacen), pero hay que seguir viviendo por que eso es todo lo que tenemos. También es una lección para los demás, para no dar por sentado lo que tenemos, para luchar por nuestros derechos y por los de nuestros semejantes. También nos enseña a no dejarnos llevar por los prejuicios, algo tan en boga en estos tiempos convulsos, ni a poner en un pedestal a civilizaciones supuestamente superiores pero que pueden estar tan podridas como la que más. Persépolis, con su dibujo simple en blanco y negro, quizás influenciado por el estilo de David B. (fundador de L’Association, gran amigo de Satrapi en su estancia en Francia), está llena de momentos de los que marcan una vida, momentos duros y tensos,también tiernos y llenos de melancolía. Con su sencillez, Marjane Satrapi construye algo maravilloso y atemporal. Esto no será otra reseña literaria, aunque he de reconocer que Persépolis es imprescindible para entender nuestro tiempo.

Ciudad Nómada, Rebaño Miseria – Pablo Loperena

Ciudades gigantes en un movimiento perpetuo siguiendo el ciclo de las cosechas. Un planeta totalmente domesticado al servicio de una humanidad que sigue marginando a los que no aceptan las nuevas reglas. Una joven abandonada a su suerte que busca venganza en un mundo cruel.

Insólita editorial (23/3/2020)

Prólogo de Mariano Villarreal

ISBN: 978-84-121043-4-9

368 páginas

Tapa blanda, 14 x 21,5 cm

 8 9-94797_pixel-sunglasses-png-glasses-icon-png


Hace tiempo que Insólita está publicando libros que son una amenaza para mi bolsillo, pero un deleite para mis ojos. Autores como Carlos Sisí, Fonda Lee o la exitosa Becky Chambers tienen obras publicadas en Insólita, pero también otros autores noveles muy interesantes como Pablo Loperena con su primer novela, Ciudad nómada, rebaño miseria.

La vida literaria de esta novela empezó allá por el 2016, cuando Pablo Loperena y su relato Ciudad nómada (lo que vendría a ser la primera parte o “Manual I” del libro final) ganaron el Certamen Alberto Magno de Ciencia-ficción en la categoría de Novela Corta. Apareció incluido en esta antología de la mano de Mariano Villarreal. A partir de ahí, el autor continuó la historia que tenía pensada para un relato tan prometedor. Sin embargo, como muchos de sus personajes, no tuvo mucha suerte. La novela iba a ponerse a la venta el 23 de marzo y una semana antes ya estaba en almacén lista para circular, pero ya todo el mundo sabe qué pasó por esas fechas. La pandemia de la Covid-19 y su confinamiento dejaron en stand-by (o en el olvido en el peor de los casos) muchos lanzamientos. Más tarde, a finales de mayo con la apertura de las librerías ha tenido una segunda vida y espero que tenga unas cuantas más.

La foto postureo de turno donde dejo constancia de los muchos post-it que coloqué durante la lectura.

¿De qué va Ciudad nómada, rebaño miseria? En un futuro más o menos lejano, la humanidad ha conseguido dominar la naturaleza hasta el punto de hacer la domesticación definitiva. Vivimos en un mundo marcado por los ciclos de las cosechas y donde gigantescas ciudades móviles surcan el territorio sembrando y recogiendo los cultivos. De ahí viene el nombre de ciudades nómada, pero también tenemos los rebaños miseria. Como en cualquier gran ciudad de nuestro tiempo, hay zonas que no se adaptan tan bien o simplemente son marginadas. Estos rebaños están formados por aquellos que no han podido acceder a la vida perfecta y sin sorpresas de las capas superiores. Son los desheredados, los parias, que han conseguido crear una sociedad dividida por tribus con funciones distintas. Tenemos los Bêtemaster, dedicada a la domesticación de bestias, los Che’guevarristas, tribu militarizada con deseos revolucionarios, los deMotorCabeza, especializados por la mecánica, los laPèrreMort, violentos y sedientos de poder, o los terribles Chombo Mchuuzi, tribu de carácter religioso especializada en el tráfico de órganos. Y luego están aquellos independientes que sobreviven como pueden, esquivando las provocaciones o los ataques despiadados de estos grupos, los parias como Salvaje, una joven del rebaño miseria de la ciudad nómada Behemot 5.0. La vida en los rebaños se presenta muy dura, siempre con el temor a perderla por una pelea o un asesinato premeditado a cargo de los Señores del Hampa, o a quedarte atrás en la peregrinación eterna de la ciudad y que los espantapájaros te conviertan en abono.

“Bo observó la tormenta, los cultivos iluminados de modo intermitente por los relámpagos, la chica con la mitad de la cara de un demonio que destruía espantapájaros con algo cercano a la apatía, y luego la puerta abierta de la carroza, su interior oscuro y seco. Tragó saliva y entró. Se arrastró a cuatro patas y cubierto de barro hasta un rincón, y se encogió en posición fetal con los ojos bien cerrados. Tapó sus orejas con las manos par no escuchar el sonido quebrado del trueno, que se fundía con el rumor de los espantapájaros.”

manual iii: Combustión ecológica (163)

He disfrutado mucho con Ciudad nómada, rebaño miseria, aunque me ha costado entrar en la historia. En las primeras páginas del libro se nos presenta un mundo post apocalíptico cuyas reglas no están muy claras para el lector. Esto no debe ser un impedimento ni mucho menos, siempre resulta excitante encontrarte ante un reto en el que no se hacen regalos a tu imaginación. El problema que encontraba era la cantidad de nombres extraños (crevitbovem, platígeno, proMaderaTM…) que no sabía exactamente si eran cosas que podía comparar con algo real o estábamos en un nivel muy distinto. Luego estaban los nombres propios, muy dispares aunque poco a poco vas viendo un patrón. Necesitaba entender cómo era el mundo en el que se movían los personajes para poder comprender a qué se enfrentaban y cuáles eran sus motivaciones. En realidad, no necesitaba nada de esto y podía dejarme llevar perfectamente y disfrutar de las coloridas descripciones de un mundo en decadencia pero que no nos es tan ajeno.

En cuanto pasas estas primeras dificultades (más semánticas que otra cosa), se te abre ante ti un mundo reconocible en tantas historias o películas del género: de Mad Max a Mortal Engines, que serían las más evidentes, pero no las únicas. En la novela hay dos grandes arcos argumentales que confluyen en un final apoteósico. Está dividida en cinco manuales, como si fuese un tecnomante (guardián del saber antiguo) el que nos contara la propia historia de Salvaje y su venganza contra todo y contra todos. En cada manual aparecen capítulos marcados por una temporalidad que nos es extraña, son los días que pasan entre las distintas cosechas.

El personaje de Salvaje es uno de los más atractivos. Vemos cómo empieza su viaje de venganza y de huida de la realidad que le ha tocado vivir. En un mundo tan cruel y violento, cargado de injusticias y donde las cicatrices están a la orden del día, Salvaje busca su propio equilibrio, luchando contra sus propios demonios y culpabilidad. Otro personaje que tiene una evolución importante es Diantre, un tecnomante cuyo mundo bascula con la presencia de la protagonista. Resulta muy atractiva toda esa amalgama de personajes atrapados en un mundo que está condenado a desaparecer pero que luchan por sobrevivir. Quizás vemos más humanidad en ellos que en los controlados e hiperseguros habitantes de la propia ciudad nómada. No hay espacio para la improvisación ni para la imaginación, son una pieza más de la maquinaria creada en este mundo donde todo está perfectamente calculado.

El libro plantea muchas preguntas sobre el futuro de nuestro planeta. ¿Cómo podremos adaptarnos a las necesidades de una población creciente a la que hay que alimentar? ¿Nos convertiremos en peones de una cadena industrial, sin voz ni voto? ¿Dejaremos que los marginados, los que no quieran doblegarse, sean eliminados sin más? ¿Seguiremos sin preocuparnos por los más desfavorecidos porque simplemente no sabemos de su existencia? Además de la acción, del humor negro, de la crítica social, este libro abre un debate que puede ser duro, pero necesario.

 

Tres recomendaciones: La canción de los vivos y los muertos, Qualityland e Imperium

Nuevo episodio del podcast literario Páginas particulares, ya disponible en Spreaker y en todas partes. He querido destacar tres libros que he leído este verano, aunque dos de ellos lo haya hecho en septiembre.

Después de un verano lleno de buenas lecturas, quiero recomendar tres libros que me han marcado por algún motivo. No sé si serían los mejores de estos tres meses, pero seguro que son sobre los que más estuve reflexionando. Son tres propuestas interesantes: una historia clásica con toque social, una sátira futurista y una novela histórica.

00’30” Presentación
03’15” La canción de los vivos y los muertos, de Jesmyn Ward
12’15” Qualityland, de Marc-Uwe Kling
21’30” Imperium, de Christian Kracht
29’20” Despedida

Twitter: @ElTercerMiope
Instagram: @eltercermiop

Feed: https://www.spreaker.com/show/4567516/episodes/feed


El jardín de bronce, de Gustavo Malajovich

Título: El jardín de Bronce
Autor: Gustavo Malajovich
Editorial: Random House (2013)
Encuadernación: Tapa dura
Páginas: 592
ISBN: 9788415725022
*Valoración 8/10

La pesadilla recurrente de cualquier padre o madre: tu hijo ha desaparecido ante tus ojos y apenas puedes reaccionar. Ha sido un segundo, has mirado un momento un coche que ha entrado muy rápido por tu calle, te has puesto a sujetar esa sombrilla que parece que el viento quiere llevarse, has estado comprobando si esa oferta de champús del supermercado merece realmente la pena…y ya no está. Primero intentas mantener la calma, no puede haber ido muy lejos, pero poco a poco vas acelerando el paso, al mismo tiempo que tu respiración, empiezas a levantar la voz entre la gente, o a pedir ayuda una vez superada la vergüenza o la culpa de haber perdido a tu hijo. Estás asustado, todos tus peores miedos ya están fuera de control, ojalá pudieras tener ese poco de sentido común para darte cuenta que el niño solo ha querido ir a hacer pis detrás de aquel árbol o a por esas galletas con chocolate que ha visto en el pasillo anterior. Son minutos, incluso menos, pero la angustia parece eterna. Ni siquiera hace falta que sea tu hijo, este sentimiento es universal, pero es algo que no piensas nunca hasta que existe la posibilidad de que pueda pasar. Ni me quiero imaginar la pesadilla de que el niño se pierda de verdad, o de que se lo lleven. Pues justamente es esto lo que pasa en la novela del argentino Gustavo Malajovich.

El jardín de bronce es la primera novela de este autor, publicada en argentina en el 2012 y en España un año después. Malajovich es un arquitecto convertido en guionista y escritor. En el 2002 fue el guionista de una serie con bastante éxito, Los Simuladores. Aquí se mete de lleno en el mundo del thriller, creando la primera historia del rastreador (que no detective) Fabián Danubio. En el 2018 se publicó la segunda aventura, o el segundo caso, de Danubio, El hombre de niebla. En cuanto a la novela que nos ocupa, HBO realizó una serie de ocho capítulos basados en El jardín de bronce, con bastante éxito y que ya cuenta con su segunda temporada. Ignoro cómo de fiel a la novela es esta serie, he preferido no verla hasta leer el libro.

La historia de este thriller duro y realista transcurre en Argentina, buena parte de ella en la ciudad de Buenos Aires, a principios del siglo XXI. Personalmente, he estado leyendo el libro tomando notas constantemente tanto de las localizaciones (y buscando en google) como del lenguaje usado. Luego hablaré de estos dos aspectos. Fabián y Lila son padres de una niña de cuatro años llamada Moira. Es una pareja que no está en su mejor momento, con crisis continuas y que no auguran nada bueno. Fabián es un arquitecto con un padre que no quiere salir de casa y un hermano que vive en Canadá y que, a pesar de todo, le dice cómo tiene que vivir su vida. Lila es una mujer que añora su pasado universitario, procedente del sur del país. Un día, Moira desaparece con Cecilia, una joven peruana que limpia en casa y cuida de Moira. A partir de aquí toda la investigación se centra en encontrar la niña sin descartar ninguna posibilidad, pero el tiempo pasa y la investigación no parece avanzar. La desesperación de los padres es incontrolable. A lo largo de la historia irán pasando distintos personajes con mayor o menor importancia, a destacar la irrupción del detective privado César Doberti, sin duda uno de los personajes más importantes de la novela.

El jardín de bronce es una novela que te engancha desde el principio. El autor nos presenta unos personajes atractivos y con un halo de misterio de los que no podemos dejar de sospechar en ningún momento. Buenos Aires es una ciudad enorme con una estructura social compleja: policías, gente burguesa con una clara idea de la separación de clases, inmigrantes metidos en problemas, o no, mafiosos traficantes de blancas, vagabundos que intentan ganarse la vida en una ciudad para la que son invisibles. No conozco Buenos Aires, pero la habilidad de Malajovich ha sido crucial para entenderla. Eso y Google Maps. Está claro que los policías no salen bien parados en esta historia. Personal inoperante, con tendencia a la corrupción y a la desidia. El honor recae en los más humildes, quizás porque ya no tienen nada que perder. La primera parte de esta historia ( se divide en 5 partes, o fases) es especialmente oscura y deprimente. El tono de la novela cambia con la aparición del detective privado Doberti. Es ocurrente, algo cínico, pero rápido y atrevido. Contrasta con todo lo que hemos leído hasta ahora. Un soplo de aire fresco, porque la novela nos estaba ahogando en este punto. A través de él vamos a conocer otra parte de Buenos Aires, menos oficial y mucho más viva, pero también peligrosa. Con él, Fabián va a formar un tándem para poder continuar la búsqueda de Moira. Los diálogos entre estos dos personajes son de lo mejor de la novela. Precisamente en los diálogos es en donde más se aprecia el vocabulario coloquial, la mayoría de la jerga policial, el lunfardo, expresiones muy vivas que solo se nos presentan a través de la conversación, ya que el autor mantiene un tono bastante neutro durante el resto de la obra y fácil de comprender para cualquier hispanohablante.

Ya he comentado que la novela está estructurada en 5 fases, cada una con un título. La primera fase se llama “El mes más cruel”, claramente haciendo referencia al mes de abril del poema de La tierra baldía de T. S. Elliot. Abril es el mes del nacimiento de la primavera (en el hemisferio norte, no en Argentina), es el mes de la esperanza, de las grandes ideas, pero que pueden acabar en fracaso. Puede ser el mes de la decepción. Y es justo en abril cuando Moira desaparece. Toda la novela está contada con narrador en tercera persona, pero no omnisciente. No tenemos una historia que vaya dando muchas pistas al lector, al menos pistas evidentes. Como decía, está contada en tercera persona salvo el principio de algunas fases. Ahí aparece un texto en primer persona y en cursiva. No sabemos muy bien lo que es, puede ser un monólogo interior o un diario. Tampoco sabemos si es un personaje que aparece en algún momento de la novela o alguien completamente nuevo. Sabemos que es un ser atormentado y violento, que acaba de matar a su padre. Es algo confuso al principio, pero te deja con la intriga y las ganas de saber más. Me ha gustado también cómo trata el tema social, cómo aparecen retratados los inmigrantes y todos los prejuicios que sufren, prejuicios y perjuicios. Quizás lo que menos me haya interesado es el abuso de ciertos personajes, principalmente los policías y la familia de Fabián. En muchos casos no aportan nada y en otros solo sirven como recurso deus ex machina que rechina un poco. En general, me ha parecido un gran drama policial que no se resuelve de manera sencilla, que no busca complacer al espectador y que te plantea serios dilemas morales. Muy recomendable para aquellos que busquen leer algo de novela negra que se salga de los territorios ya conocidos.

Como banda sonora, un poco de rock argentino variado, cuanto más sucio mejor. Me quedo con este temazo de Soda Stereo:

Imperium, de Christian Kracht

La historia de August Engelhardt, un hombre que lo dejó todo en su país para llevar una plantación de cocos al otro lado del mundo y de paso perder la cabeza

Imperium (2012), de Christian Kracht

Escrito en alemán, publicado por Editorial Bruguera en el 2013, traducido por Ana Guelbenzu.

Tapa blanda, 208 páginas

Valoración: 7/10

Algo ha ocurrido con este libro que no me suele pasar, quizás porque no lo hago nunca. Iba a ponerle un 4, dentro de esta valoración absolutamente subjetiva que hago basándome en criterios personales y mutables, pero al final creo que se merece un 7, incluso podría ser más. Hay veces que te pones a leer una historia, una buena historia como es este caso, y no conectas por lo que sea. Muchas veces es el propio lector el que no tiene el día y no terminas entrando en el juego del escritor, por muy bueno que sea. Dejé reposar un poco la lectura antes de escribir nada, aunque esto no es verdad del todo, ya que algo escribí en Goodreads, pero unos días después volví a leer ciertos pasajes que me habían confundido o no me habían parecido interesantes. Ahí conecté mejor con este Imperium y entendí un poco más lo que pretendía el autor, Christian Kracht.

Cuando elegí este libro, me dejé llevar por la sinopsis en la contraportada: Imperium nos adentra en una espiral narrativa en la que sobrevuelan los fantasmas de Thomas Mann, Corto Maltés, Kafka, Hitler y Einstein”. Leyendo esto, no pude resistirme y me lancé a por él. ¿Qué esperaba? Pues quizás El corazón en las tinieblas, o una Locura de Almayer de Joseph Conrad, un poco de Kipling, de Stevenson, de Jean Rhys o incluso de Coetzee. Es decir, una novela que nos llevara a lugares exóticos, con gente singular que toma decisiones erróneas y que terminan engullidos por su propio sueño. Todo ello con aventuras de por medio pero con un poso filosófico que nos haga cuestionar la naturaleza humana. También algo de acción, violencia, historia y humor negro. Eso es lo que me esperaba según la sinopsis que había leído y dejándome llevar por la portada de la edición que tenía en mis manos. Y más o menos fue así, solo que el cóctel no vino presentado en el vaso que a mí me apetecía. Quizás ese es el problema, que estoy demasiado acostumbrado a una forma de leer novelas y cuando exigen algo más, llega la decepción.

¿Quién es Christian Kracht? Este escritor suizo, educado entre Canadá y los Estados Unidos, ha escrito ya varios libros basados en viajes, pero muy cercanos a la ficción histórica (como Imperium). También ha colaborado en Der Spiegel, el Frankfurter Allgemeine Zeitung o la revista literaria Der Freund. Su obra ha sido traducida a más de 30 idiomas, siendo Imperium su novela más conocida.

¿De qué va Imperium? Está basada en la historia real de August Engelhardt (aunque no termina igual el libro y, bueno, la historia real) un alemán que decidió huir de Berlín para ir a vivir a la isla de Kabakon, en el archipiélago de Bismarck, que hoy pertenece a Papúa Nueva Guinea. A principios de siglo XX aún pertenecía al Imperio alemán, por lo que muchos de los nombres de los lugares están todavía en alemán (caso de Herbertshöhe, ahora Kopoko, el puerto principal de acceso a la pequeña isla de Kabakon). August ha decidido abandonarlo todo para llevar una plantación de cocos, siguiendo el sueño colonial que le sirva para escapar de una realidad alemana cada vez más triste. Durante el trayecto a la isla va conociendo diferentes personajes que nos ayudan a entender el carácter habitual de los colonos, gente abusiva y con aires de grandeza, aunque muchos de ellos no son sino fugitivos de la realidad que les ha tocado vivir. August no quiere hacerse un gran terrateniente, al contrario, quiere crear un mundo más justo y en varios momentos hace referencia al maltrato que reciben los aborígenes de estas islas, si bien en un momento dado se acerca al antisemitismo, como tantos otros contemporáneos. Empieza a interesarse por el veganismo y a crear un culto en el que solo te alimentas de sol, aire y cocos, mientras deambulas desnudo por la isla. A partir de ahí, todo empieza a desvariar y el protagonista empieza a no distinguir muy bien la realidad de la ficción.

¡Una isla propia en la que crecían y prosperaban los cocos en la naturaleza virgen! Engelhardt aún no había adquirido plena conciencia de ello, pero ahora que la barca se acercaba desde mar abierto a las aguas tranquilas y transparentes de una pequeña bahía, con la arena resplandeciente rodeada de majestuosas palmeras, el corazón le empezó a palpitar como un gorrión agitado. ¡Dios mío, todo aquello era suyo!¡Todo!

¿Qué me parece Imperium? La historia de Engelhardt es fascinante. A partir de la novela he estado buscando más información de este hombre y tiene de todo para hacer una novela como esta o una película donde las alucinaciones tengan un papel destacado. Sin embargo, creo que Imperium se pierde entre datos y personajes que no aportan mucho a la historia. De hecho, August es el protagonista, pero algunas veces parece que es un secundario. Es por esto que no termino de entender la transición de Engelhardt de soñador a líder de una secta basada en el cocovorismo y la luz solar, para convertirse después en caníbal antisemita. En realidad, pasan bastantes cosas en apenas 200 páginas. Eso es algo que me echó para atrás en un primer momento: muchos personajes, localizaciones distintas, muchos datos históricos que no siempre manejaba y luego los personajes principales aparecen un poco difuminados. La novela no sigue un ritmo lineal en la primera parte, va saltando de un momento a otro en la vida de Engelhardt para explicarnos las razones por las que decidió dar el salto y abandonar su vida anterior. Quizás en este párrafo final del capítulo 4 se pueda entender de dónde viene esa necesidad de cambio:

“Unas paradas más allá, en Alexanderplatz, un berlinés empapado se apoya contra la pared de un edificio y come, masticando como hipnotizado, una de esas salchichas sosas. Lleva escrita en el rostro toda la miseria de su pueblo. Ese desconsuelo indiferente con exceso de grasas, la triste lamentación que entona el pelo cortado como un erizo, las manchas aceitosas de la salchicha entre sus gruesos dedos… un día los alemanes serán retratados así. Engelhardt, igual de obnubilado, lo mira fijamente mientras que el autobús atraviesa traqueteando la pared de agua. Por un segundo es como si un rayo claro y brillante los uniera, al iluminado y al súbdito.”

Para ir resumiendo, lo que menos me ha gustado de esta novela es la estructura, el exceso de personajes superfluos y la falta de profundidad en el personaje principal y, en especial, esa relación con su único amigo en la isla, Makeli. Sí me ha gustado la ambientación y cómo va dándonos pistas del tipo de personajes que nos vamos a encontrar en esta colonia germana, también de sus costumbres (y vicios). Me gusta como nos da una idea general del lugar y sus gentes con pocas frases, sin grandes descripciones que sí serían más necesarias en novelas de aventuras del XIX. Creo que Kracht no quiere hacer una descripción exhaustiva porque pronto deja de ser un lugar real y fácil de encontrar en cualquier buscador de Internet, para ser la isla de Engelhardt, para bien o para mal.

Reseña de “To be taught, if fortunate”, de Becky Chambers

Título original: To be taught, if fortunate

Editorial: Hodder & Stoghton (Kindle, 1 agosto 2019)

Páginas: 136 páginas

Idioma: Inglés

Valoración: 8.5


En los últimos tiempos, el nombre de Becky Chambers aparece una y otra vez gracias a las buenas críticas (y premios) que está cosechando con su trilogía de la Peregrina (publicada en español por Insólita). Se alaba el conocimiento científico que la escritora aporta, pero sobre todo su humanización, el corazón que le pone a sus personajes e historias a pesar de estar en terreno desconocido. Tengo esta trilogía más que pendiente ya que me llamó la atención desde el primer día, con ese título tan evocador (El largo viaje a un pequeño planeta iracundo), pero me he encontrado con esta novela corta que, de momento, no ha sido traducida al castellano, y me he lanzado a por ella. He visto que era una de las novellas nominadas en los premios Hugo de este año, pero que al final se lo llevó la extraordinaria This is how you lose the time war, de la que yo comenté algo aquí. Esta historia de Becky Chambers comparte temas y narrativa con su famosa trilogía, pero no está relacionada en cuanto argumento. Se puede leer sin saber nada de la Peregrina.


A principios del siglo XXII, la nave Merian y sus cuatro tripulantes (Ariadne O´Neill, Chikondi Daka, Elena Quesada y Jack Vo) están inmersos en una importante misión de reconocimiento interplanetario. Forman parte de la OCA (Open Cluster Aeronautics), una agencia internacional financiada por capital privado y apolítica. Su tarea consiste en visitar planetas para estudiarlos y ver la posibilidad de ser habitados por la humanidad. La forma de hacerlo no es transformando el planeta, adaptándola a las necesidades del ser humano (terraforming) sino haciendo que los futuros colonos se adapten a ese planeta (somaforming). El cuerpo ya no es un límite para la expansión espacial. Dicha misión se llama Lawki 6, que viene siendo un acrónimo de Life as we know it, y consiste en explorar cuatro planetas habitables que se encuentran a 15 años luz. La tripulación, compuesta por cuatro expertos en su campo, permanecen en estado de letargo durante los viajes, con lo que el tiempo pasa para ellos, pero mucho más para la Tierra, que poco a poco va cambiando.


“…sometimes we go, and we try, and we suffer, and despite it all, we learn nothing. Sometimes we are left with more questions than when we started. Sometimes we do harm, despite our best efforts. We are human. We are fragile.”


Esta primera incursión en el mundo de Becky Chambers me ha encantado. Me ha parecido una mezcla perfecta de conocimiento científico bien aplicado, aunque sea en buena parte especulativo, y sentimientos. Los problemas filosóficos que plantea son perfectamente comprensibles y permiten al lector empatizar con los cuatro protagonistas, especialmente con Ariadne (Ari) que es quién lleva el hilo narrativo principal. La autora emplea un lenguaje cercano, a pesar de ciertos tecnicismos, pero no se hace para nada impostado. Las reflexiones que plantea son sobrecogedoras. Si habéis visto la famosa escena de Interstellar, donde el personaje de Matthew McConaughey rompe a llorar ante la información que recibe de la Tierra, entonces comprenderéis lo duro que se puede hacer para estos cuatro tripulantes. Me ha parecido especialmente conseguido como la autora te va llevando de la misión científica, los pormenores, los detalles de su origen y su objetivo, a la presión que tienen los astronautas, a cómo perciben los cambios que se producen en la Tierra y al miedo a caer en el olvido. Toda la misión tiene lugar alrededor de la estrena Zhenyi cuatro planetas (y lunas): Aecor, Mirabilis, Opera y Votum. Cada uno de ellos nos da una pequeña lección. Los nombres no están elegidos al azar: Aecor es la superficie del mar, Mirabilis significa milagroso, Opera por el sonido de las criaturas que encuentran y Votum, que significa voto o promesa, por algo que no desvelaré ya que es importante en la trama.

To be taught, if fortunate es un libro emocionante, sensible y que provoca en el lector la necesidad de hacerse preguntas, de no darlo todo por sentado. También de replantearse nuestra relación con nuestro entorno y cómo nuestra presencia puede afectar, para bien o para mal. Creo que la sensibilidad de la autora es su punto fuerte, pero sin caer en la lágrima fácil o en la sensiblería. Por cierto, el título de la novela viene explicado en un texto final que tampoco desvelaré, pero me parece un mensaje precioso. Muy recomendable.

Como banda sonora de esta pequeña historia para Chambers, pero grande para todos nosotros, creo que le viene muy bien todo The Soft Bulletin de The Flaming Lips, en especial este What is the light?.

Estado de mi nación lectora (IV): Junio

Este mes de junio ha sido un mes de buenas noticias para casi todo el país: la mayoría de los comercios han empezado a funcionar con cierta normalidad (esa nueva de la que todos hablan), los estudiantes han acabado el curso con mejores notas de las que muchos imaginaban (con honrosas excepciones), ha vuelto el fútbol y sé que esto no es una buena noticia para todo el mundo, llega el verano que es mi estación preferida a pesar del sudor y los mosquitos, en fin, ha sido un buen mes para la vida social. Para las lecturas, que es de lo que se ocupa este blog, no. En junio he leído poco y de ese poco, no ha habido nada que verdaderamente me entusiasmara. Así que procedemos al resumen de lecturas y espero tener más ganas, voluntad y constancia para este julio. Y si puede ser al lado del mar, mejor que mejor.

  • “Io e te”, Niccolò Ammaniti (Einaudi, 2010). El primer libro del mes fue también el que más me ha gustado. Es la segunda novela de Ammaniti que leo este año, la primera fue Anna, una fantasía distópica postapocalíptica que coincidió con el principio de la pandemia de la Covid-19. Es curioso como ambos libros comparten tándem protagonista, dos hermanos con problemas. Este Io e Te me ha parecido tierno y duro a la vez, con personajes y situaciones muy reconocibles.
  • “Mujeres que no perdonan”, Camila Läckberg (Planeta, 2020). Tres historias de tres mujeres distintas que cruzan sus trágicas vidas . Tiene mucho de Extraños en un tren, de Patricia Highsmith. Si la habéis leído o habéis visto la película de Hitchcock, no hace falta decir nada más. Quizás la decepción más grande de todo el mes.
  • Rojo“, de Carlos Sisí (Minoaturo, 2019). Una trilogía vampírica brutal y emocionante la que se ha marcado Carlos Sisí. Es posible que el estilo no sea siempre de mi agrado. Hay diálogos y personajes que me tiran para atrás más que otra cosa, pero si hay algo que Sisí sabe hacer es interesar al lector. A lo largo de estas 500 páginas, asistimos al ataque de unos vampiros que no parecen tener miedo a nada y, lo peor de todo, no tienen rival. Emocionante y muy cinematográfico, por si alguien se anima.
  • “Fundación”, de Carlos Sisí (Minoaturo, 2019). Pocas veces me pasa esto de querer leer la continuación de una trilogía de forma inmediata. Con Fundación, el autor nos amplia la visión de la situación mundial sin olvidarse de los personajes principales de la primera parte. Añade también nuevos protagonistas y nos sigue dando esos interludios con historias autoconclusivas que nos permiten hacernos una idea del conjunto. Me ha gustado todavía más esta segunda parte. Infierno será la tercera.

  • “Orange is the new black: Crónica de mi año en una prisión federal de mujeres”, de Piper Kerman (Ariel, 2010). Este ha sido el libro que hemos leído en junio para el Club Qwerty de lectura. Se trata de las memorias de Piper Kerman donde cuenta su estancia en la cárcel por haber transportado dinero de la droga 10 años atrás. Aunque no me ha gustado demasiado, sí creo que es texto muy importante para transmitir la idea de cómo es una cárcel de mujeres. Se queda muy en la superficie, pero sí da las pinceladas necesarias para entender la historia. La famosa serie de Netflix se encargó de rellenar esas lagunas y darle color a esa pléyade de personajes secundarios que en el libro apenas tienen trasfondo.
  • “Wonder woman: Tempest tossed”, de Laurie Halse Anderson y Leila del Duca (DC comics, 2020). Siempre me han gustado los cómics que tratan temas sociales a través de personajes ya míticos, como es este caso con Diana Prince a.k.a. Wonder Woman. En su 16º cumpleaños, Diana se ve obligada a dejar su isla y ser una más en una Nueva York donde conoce lo mejor y lo peor de la sociedad actual.
  • “Superman smashes the klan”, de Gene Luen Yang y Gurihiru (DC Zoom, 2020). Basándose en los años 50 pero con un toque manga, el autor de American Born Chinese nos habla del conficto racial con un Superman que también lucha por conocer su identidad.

Y esto es todo, amigos. La vida te lleva por otros derroteros y no siempre se tiene tiempo para lo que a uno le gusta. En este mes de julio ya he leído dos libros de los que pronto hablaré, y tengo otros dos en la recámara. Además de seguir en el reto de Javier Miró de La Liga de las Lecturas Extraordinarias, este mes de julio voy a seguir el reto propuesto por Trotalibros y su black history july. Al final de mes (o en agosto) haré un resumen de cómo ha ido. De momento puedo adelantar que está siendo bastante revelador en muchos sentidos.

Termino esta entrada recordando al gran Ennio Morricone que ha fallecido hoy 6 de julio a los 91 años. Siempre fue uno de mis compositores favoritos, sobre todo porque puso música a esa película tan especial como es Cinema Paradiso. Lo dejo con la música que compuso para La leggenda del pianista sull’oceano, la película de Giuseppe Tornatore basada en el monólogo teatra de Alessando Baricco, Novecento.