No mires atrás con ira o cómo las lecturas salvaron mi 2020

Se acabó

Ya está, adiós 2020. So long, and thanks for all the fish. No va a cambiar mucho el mundo, pero mentalmente nos viene muy bien dejar atrás este número tan redondo que resultó ser una trampa. Que ha sido el año más raro de la mayoría de todos nosotros, cuando no el peor, eso ni cotiza. Que para algunos no habrá sido un periodo tan malo, eso también hay que tenerlo en cuenta. En mi caso, yo estoy en el primer grupo con matices. Debido a mi situación personal, el confinamiento no me supuso un gran cambio al principio. Luego se demostró que todo pasa factura, pero no hablemos de eso ahora. Para mí no fue un problema tener más tiempo para dedicarle al cine, a las series, a arreglar enchufes y… a leer. Según Goodreads, este año he leído 152 libros y más de 38000 páginas, lo que viene a ser casi el doble con respecto al año pasado. Es verdad que lo que importa no es la cantidad, sino la calidad. Y con los libros, esta máxima siempre se cumple.

Balance literario del 2020

Este año ha estado marcado por mi incursión en los clubs literarios de Telegram y a las lecturas conjuntas. Leer con otros siempre ha sido un placer. Nunca se valora lo suficiente todo lo que se puede aprender de comparar opiniones con otros lectores, afines o no. Por supuesto yo ya estaba en el Club Qwerty, donde seguimos leyendo un libro al mes desde hace ya unos cuantos años. Gracias a este club he podido leer clásicos que tenía apartados como Los mares del Sur, de Vázquez Montalbán, o Frankenstein (que era relectura para mí). También descubrí thrillers atípicos como El jardín de bronce o El Chef ha muerto. En definitiva, una reunión de amigos en la que nos hemos hecho compañía, además de echado unas risas. Y que continúa: para este mes tenemos que leer nada más y nada menos que la Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams.

En plena pandemia me hice patreon de Insólita, donde he descubierto una comunidad de lectores de literatura fantástica, ciencia-ficción y de terror enorme. Estoy encantado con la cantidad de consejos y recomendaciones. Mi cartera no lo está tanto y la pila de pendientes no para de crecer, pero sarna con gusto no pica. He leído dos libros de la editorial: Ciudad nómada, rebaño miseria (aquí la reseña) y Ojalá tú nunca (otra reseña), y ahora mismo estoy leyendo Meddling kids, de Edgar Cantero. Me encanta el tipo de literatura que nos trae esta editorial.

Mi primera lectura conjunta la hice gracias a Gema Moratalla y su grupo de Telegram. Fue Los cuclillos de Midwich, de John Wyndham, el libro en el que se basó la película El pueblo de los malditos y su posterior remake de John Carpenter en 1994. Tenía mis dudas con lo de la lectura conjunta, esto de seguir un patrón no va mucho conmigo, pero la verdad es que se disfruta mucho. Tanto que me he metido a cinco lecturas conjuntas en enero. Una locura, pero de las buenas. Poco después me apunté al Club literario Atreyu, un club con base en Telegram donde se organizan muchas lecturas conjuntas de todo tipo. En diciembre me inicié con ellos leyendo Rebecca y Asesinato en el Orient Express.

También participé en el reto lector de La liga de las lecturas extraordinarias, de Javier Miró. Consistía en sumar puntos según el tipo de libros que leyeses y siempre se destacaba si salías de tus libros habituales. No sé si ha sido por este reto, pero desde luego ha funcionado. Este 2020 ha sido, sin duda, mi año más variado.

Como reto personal, me había puesto la meta de leer 20 novelas de ciencia-ficción en este 2020. Lo he conseguido por los pelos, apenas 21, lo que demuestra la variedad de géneros de este año. Entre las novelas que han destacado están la trilogía Binti, The Illustrated Man, Babel-17 o La Guerra Interminable. Ha sido un buen año de ciencia-ficción, desde luego.

Por último, me he animado a escuchar audiolibros de manera regular. He aprovechado las ofertas de Storytel y Audible para ir “leyendo” mientras hacía deporte, limpiaba el baño o caminaba dos horas entre la cocina y la habitación hasta conseguir el mínimo de pasos diario. El confinamiento y sus TOCs. Empecé con un libro sobrecogedor: La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger, para luego seguir con On writing: A memoir of the craft, leído por el mismo Stephen King (este lo recomiendo encarecidamente) o la última novela de Elena Ferrante, La vita bugiarda degli adulti.

Algo que he dejado de lado este año han sido los cómics. Al menos en parte. Apenas he leído unos 20, una cifra muy, pero que muy inferior a la de otros años. También me he olvidado un poco de la poesía, algo que quiero retomar y convertirlo en una costumbre. Como punto positivo es que he vuelto a escribir. Sobre todo han sido microrrelatos, algunos no tan micro, y poemas. De momento no son gran cosa, pero como elemento catalizador han sido realmente útiles.

Leer en tiempos de Covid

Como digo en el título, leer me ha salvado el año. Durante el confinamiento me quedé solo en casa durante dos meses por razones que ahora no vienen al caso y el poder ponerme a leer un libro, sin televisor o radio que me metiera más desasosiego, fue todo un placer. No tuve ningún problema en leer ficción sobre pandemias y mundos post-apocalípticos. Ahí cayeron Anna, de Niccolò Ammaniti, o el cómic Extremity, y muchos más. También he leído ensayos como L’empire des signes, de Roland Barthes, Afrofuturism: The World of Balck Sci-Fi and Fantasy Culture, de Ytasha Womack o The Age of the Vikings, de Anders Winroth.

¿Sabéis aquello que dicen que con los libros puedes viajar? Este año nos ha hecho falta más que nunca. Empecé el año en una isla semiabandonada cerca del Polo sur en La pell freda, viajando de planeta en planeta buscando a un enemigo desconocido en Babel-17, me pasée por las calles de Estocolmo recordando la Grecia de la infancia en Otra vida por vivir, el Hong Kong colonial de los años 20 en Incienso o el Antiguo Egipto con Ramsès: Le fils de la lumière. Estuve en la Sicilia de Camilleri, seguí hasta el Ártico al monstruo creado por Mary Shelley, me moví por el Golfo del Misisipi en La canción de los vivos y los muertos y me volví loco con los cocoteros de Papúa Nueva Guinea en Imperium. Por supuesto, no me olvido de los viajes temporales de This is how you lose the time war o montado en una locomotora viviente junto a Jim Botón y Lucas el Maquinista. He leído en castellano, francés, italiano, catalán e inglés. También he tenido varias decepciones como Voz, de Christina Dalcher u Ojos de muñeca, de Ingrid Desjours. Ha sido el año de Rodari, pero también de Henning Mankell y de Michael Ende. Por último, me he encontrado con relecturas fantásticas que no han hecho sino confirmar el cariño que sentía hacia esos libros, como Persépolis o Momo. Y no me quiero olvidar del libro que me ha acompañado más tiempo: El camino de los Reyes, de Brandon Sanderson. Dos meses tardé en formar parte de los lectores Cosmere. No fue quizás todo lo atractivo que esperaba, pero sí me picó la curiosidad con la suficiente intensidad como para volver.

En definitiva, este ha sido un gran año de libros, con su crisis lectora incluida. No podía ser de otra manera. No tengo pensado hacer ningún ranking en especial de los libros que más me han gustado, como mucho comentar algunos que me hayan marcado de alguna manera, al fin y al cabo cada libro tenía su momento especial. Esperemos que este 2021 siga la racha positiva. En todos los sentidos.

Estado de mi nación lectora (XIX): lecturas de noviembre

Otro mes que se acaba repleto de lecturas interesantes. No puedo decir que no haya sido un buen mes, todas me han gustado en mayor o menor medida. Es cierto que no suelo acabar las lecturas que no me gustan, a menos que sea por obligación y como ahora ya no tengo obligaciones lectoras (de momento), pues si el libro en cuestión no me llena, lo dejo. No me compensa pasar un rato con algo que no me agrade. Entiendo quién lo hace, yo también lo he hecho. Este mes ha estado marcado, como todo el año, por mi participación en el reto lector de Javier Miró (del cual también he leído una novela este mes y de la que hice reseña aquí), también por el libro del club de lectura Qwerty y por la lectura conjunta que he hecho de The Midwich Cuckoos, organizado por Gema Moratalla (os dejo enlace a su canal) y del que haré próximamente un podcast con una nueva sección de libros y adaptaciones al cine o la televisión (incluso a otros medios artísticos). Además, este mes me he apuntado al Club literario Atreyu, donde se hacen una serie de lecturas conjuntas (yo me he apuntado a dos: Rebecca y Asesinato en el Orient Express) y se mantiene una conversación bastante activa en los diversos grupos de Telegram. Ya depende de cada uno cuánto quieras o puedas participar. Así que para el próximo mes de diciembre ya tengo tres lecturas conjuntas: las dos del Club Atreyu y la de mi Qwerty (El chef ha muerto, de Yanet Acosta), además de las dos lecturas que dejé a medias: la mastodóntica El camino de los Reyes, de Brandon Sanderson y Todos quieren a Daisy Jones, de Taylor Jenkins Reid. No solo no las dejé porque no me gustasen, sino que creo que son firmes candidatas a a ser de lo mejor de este año. Para ir terminando antes del repaso a los libros leídos, me he hecho el firme propósito de escribir o publicar en podcast más reseñas. Espero que tenga más éxito que el mes pasado, cuando prometí bajar la pila de pendientes sin comprar nada más.

Resumen de lecturas de noviembre:

  • La vita bugiarda degli adulti, de Elena Ferrante (edizioni e/o, 2020). El último libro de la Ferrante es la historia de cómo las mentiras en una familia también conforman nuestra personalidad. Sexo, religión y dialecto en una lectura amena que no llega a la genialidad de otras obras suyas.
  • The Night Masquerade (Binti #3), de Nnedi Okorafor (Tor, 2018). Parte final de la trilogía Binti, donde toda la cosmogonía que la autora nos quiere enseñar llega a su punto álgido. Binti empieza en un viaje estelar pero acaba en su tierra, descubriendo los secretos de su pasado. Tiene puntos interesantes, pero me ha dejado algo frío.
  • Ojalá tú nunca, de Javier Miró (Insólita, 2020). Novedad editorial de este otoño para Insólita y primer libro que leo del autor sevillano. Una ucronía con una estructura particular que te hace plantearte quién eres y en quién puedes confiar. Muy buen libro, quizás demasiado corto, pero solo por el ejercicio estilístico ya merece la pena. De lo mejorcito que he leído este mes y, quizás, del año.
  • Grandpa’s Great Escape, de David Walliams (Harper Collins Children, 2017). Tenía yo localizado a Walliams por su serie Little Britain y por ser jurado en uno de esos programas de talento. El caso es que no había asociado estos libros a este autor y me ha sorprendido para bien. Aquí se basa en su propia experiencia familiar para contar la historia de la lucha de un nieto por rescatar a su abuelo de un asilo para ancianos. El pobre abuelo fue piloto de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial y aún cree estar en guerra. Trata de una forma delicada, con mucho sentido del humor, un tema tan complicado como el Alzheimer. Además, el libro cuenta con los dibujos de de Tony Ross y son todo un acierto. De este ilustrador ya había visto trabajos suyos en Pablo Diablo y son muy divertidos.
  • Pies descalzos 1. Una historia de Hiroshima, de Kenji Nakazawa (DeBOLS!LLO, 2015). Primera parte de la trágica historia de un superviviente de la bomba de Hiroshima. Se te ponen los pelos como escarpias. Luego descubres que está basada en la experiencia personal del autor de este manga y necesitas leer el resto de volúmenes. Una pequeña joya.
  • Antígona, de Sófocles (Penguin Random Classics, 2015, originalmente 441 a. de C.) y Antigone, de Jean Anouilh (La Table Ronde, 1994, originalmente 1944). Me propuse como reto leer estos dos clásicos absolutos del teatro. La primera gran obra donde se habla abiertamente de desobediencia civil, además en la piel de una mujer Antígona. La obra de Anouilh sitúa la acción en una época imprecisa, pero con la sombra de la ocupación nazi de fondo. Tanto en una como en otra, Creonte es un personaje con muchos matices que no quiere tomar decisiones drásticas, pero tiene que elegir entre su humanidad o el caos.
  • Agujeros de sol, de Nieves Mories (Dilantando Mentes, 2020). La pesadilla de toda familia que quiere aparentar, que sus pequeños secretos salgan a la luz de la manera más terrible. Potentísima novela, llena de imágenes grotescas y que sin embargo esconde una reflexión más que interesante sobre las mentiras y la impunidad de los poderosos.
  • Wanted, de Mark Millar & J.G. Jones (Image comics, 2007). Poco tiene que ver con la película de Angelina Jolie. Quizás la historia, tampoco seamos injustos, pero todo el rollo superhérore queda eliminado de la cinta. Después de haber leído The Boys, el tema del superhéroe cabrón ya no nos pilla tan lejano. Aquí es directamente el triunfo del supervillano y su reinado. Espectacular, con un guion inteligente y tan gore como pudiera esperarse.
  • Edén interrumpido, de Carlos Sisí (Apache libros, 2018). Este año ya había leído las dos primeras partes de la trilogía vampírica Rojo. Este diciembre debería caer la tercera, Infierno. El gran Carlos Sisí siempre nos transporta el terror a cotas muy altas, pero aquí nos trae el terror a algo tan cotidiano como los ruidos de un vecindario y el infierno de la burocracia.
  • Things the grandchildren should know, de Mark Oliver Everett (Little, Brown, 2007). Este ha sido el libro del mes en el club Qwerty. La autobiografía del cantante de Eels, a través de sus canciones y de las de otros. Un estilo directo, sin grandes alardes, que conmueve sin ser pasteloso. Me gusta el sentido del humor del autor, fino pero de los que calan. Ideal si lo acompañas con su música.
  • Il tribunale delle anime, de Donato Carrisi (Longanesi, 2011). La decepción del mes. Se trata de un thriller con varios puntos de vista y con tintes religiosos, casi sobrenaturales. Me ha parecido demasiado pesado y no me ha interesado la mayor parte. Sin embargo, me ha parecido un buen final.
  • The test, de Sylvain Neuvel (St. Martin press, 2019). Novela corta escrita con el estilo característico de Neuvel. A partir de una serie de grabaciones, documentos de todo tipo, el autor elabora una historia llena de tensión y con un importante mensaje sobre lo que somos y lo que los demás quieren que seamos. Ya había leído Sleeping Giants donde también trabaja con ese material encontrado para hacer una historia llena de ritmo. Muy recomendable.
  • The Midwich Cuckoos, de John Wyndham (Penguin Classics, 2008, originalmente en 1957). El clásico de terror británico (y de ciencia-ficción), que dio lugar a dos cintas de terror llamadas El pueblo de los malditos. Niños superinteligentes con poderes, mala combinación. Creo que sienta la base muy bien de una gran historia, me ha encantado la primera parte, pero va perdiendo fuerza conforme va apareciendo la verdadera cara de la amenaza. Aún así, creo que es una buena novela de Wyndham, del que ya había leído la mítica El Día de los Trífidos y Chocky.

Y estas han sido las lecturas del mes, que ha tenido incluso su pequeña sequía de 10 días, aunque parezca que no. También he querido participar en el Nanowrimo, con triste resultado, ya que no he llegado ni a la mitad de palabras escritas. Pero he sacado algo positivo: soy capaz de escribir de forma constante y he tenido buenas ideas para nuevos proyectos. El mes que viene más y mejor, que vienen nuevos retos muy estimulantes. Que tengáis buenas lecturas.

Estado de mi nación lectora (VIII): Lecturas de octubre

Este mes de octubre es el mes que ,desde hace ya algunos años, se suele dedicar a la iniciativa #leoautoras. Se trata de dar visibilidad a escritoras de alguna, empezando por leerlas. Por mi parte, he hecho el ejercicio de revisar mi lista de en Goodreads, que es la única donde llevo apuntados los libros que leo, y la cosa ha salido así: de los 910 libros que tengo marcados como leídos, apenas 200 fueron escritos por una autora, casi el 20%. Está claro que la diferencia es notable. Supongo que si sacara el tanto por ciento de autores negros, asiáticos o incluso LGTBI el resultado sería aún mucho menor, quizás en algunos casos inexistente. Al final suelo acercarme a un tipo de autores con los que me siento más a gusto (la famosa zona de confort) y dejo de lado otros u otras de los que podría enriquecerme igual o más. Entiendo que es algo relativamente normal y todos tenemos nuestros sesgos literarios o de lo que sea. Lo interesante de este tipo de iniciativas es abrir tu campo de visión, conocer y reconocer otras literaturas, además de seguir disfrutando con lo que nos gusta, la cosa esa del leer.

Vamos con el resumen de lecturas de noviembre, que ha sido bastante variado. Ha estado marcado por la iniciativa del #leolecturas, pero no solo:

  • Ojos verdes, de Alicia Pérez Gil (Cazador de Ratas, 2019). Primer libro que leo de esta autora a la que le estoy siguiendo la pista bastante. Es una novela oscura que juega con la percepción de la realidad. Muy recomendable.
  • Yo soy aquel, de Alicia Pérez Gil (Cazador de Ratas, 2018). Cuento largo que nos habla de la amenaza de nuestra imagen reflejada. Bastante tétrico, sobre todo con la banda sonora de Raphael.
  • Colpisci il tuo cuore, de Amélie Nothomb (Frappe-toi le coeur, Voland, 2018). Enésima lectura que hago de la autora belga. Esta vez me ha llegado esta traducción del italiano, así que me la leí sin esperar al original en francés. La historia del conflicto padres-hijos con el estilo de la Nothomb, a veces demasiado pedante para mi gusto. A pesar de todo, esta novela corta (como todas las suyas) me ha gustado más que las últimas.
  • Ciudad nómada, rebaño miseria, de Pablo Loperena (Insólita, 2020). Tremenda novela post-apocalíptica de la que ya hice una reseña el mes pasado. Tuvimos la oportunidad de hacer un pequeño club de lectura con el autor y fue muy interesante. A descubrir.
  • Cuentos fantásticos, de Emilia Pardo Bazán (Eolas, 2020). Excelente recopilación de relatos fantásticos y de terror de la reina del naturalismo en España. Una escritora maravillosa a la que creo que no se le da el reconocimiento merecido. La colección está muy cuidada y es una pequeña joya.
  • The Blazing World, de Margaret Cavendish (Kindle, 2017, orginalmente 1666). Estoy preparando un programa del podcast Páginas particulares para esta autora pionera de la ciencia-ficción. Un libro difícil de leer con nuestros ojos de hoy en día, pero siempre me gusta descubrir a los autores que abrieron brecha. La edición en español es de Siruela y es estupenda.
  • Casa oscura y otros relatos de terror, de Marta Abelló (Amazon, 2016). Buena colección de relatos de terror variados, desde el horror más clásico hasta el gore. Como todas las recopilaciones de cuentos, el nivel es muy dispar.
  • Persépolis, de Marjane Satrapi (Reservoir Books, 2020). Nueva edición celebrando el 20º aniversario de esta historia autobiográfica. La nueva traducción está a cargo de Carlos Mayor Ortega. Ya escribí una reseña sobre esta obra maravillosa. Imprescindible.
  • Home, de Nnedi Okorafor (Mcmillan, 2017). Segunda parte de la trilogía Binti y de la que haré una reseña completa cuando lea la tercera entrega, The Night Masquerade. Ahonda mucho más en las raíces de Binti y su relación con su familia. No me ha entusiasmado, pero me deja con ganas de terminar la trilogía.
  • Evidence of the affair, Taylor Jenkins Reid (Amazon, 2018). Novela corta epistolar escrita de manera muy inteligente y ambientada en los 70. De esta autora tengo pendiente Todos quieren a Daisy Jones, que espero terminar pronto y hacer una reseña por aquí. Me gusta mucho la forma de escribir de Taylor Jenkins Reid, usando diferentes formatos pero sin dejar de contar una buena historia.
  • Realidad aumentada, de Bruno Nievas (B de Books, 2010). Este ha sido el libro del mes en el Club Qwerty. No ha sido un buen libro, sinceramente. Este thriller de ciencia-ficción aborda temas interesantes, como son la inteligencia artifical y su uso, pero no es suficiente. Se nota que es el primero del autor y se hace pesado, repetitivo y se ve lastrado por fallos de coherencia gramatical y semántica. Eso sí, ha vendido mucho así que olé por el autor.
  • Runaways, vol. 1: Find your way home, de Rainbow Rowell & Kris Anka (Marvel, 2018). Regreso de estos fugitivos a cargo de la escritora Rainbow Rowell y el ilustrador Kris Anka. El estilo de estos dos autores devuelve frescura a una de mis series favoritas. Una gozada de cómic.
  • Una semana de vacaciones, de Christine Angot (Une semaine de vacances, Anagrama, 2014, originalmente 2012). Novela corta pero muy cruda. En un estilo directo, sin sentimentalismos, sin amor, sin drama, nos cuenta una relación sexual muy turbia entre un profesor y una alumna. No es para todo el mundo.
  • Les fiancés de l’hiver, de Christelle Dabos (Folio, 2016, originalmente en 2013) Primer tomo de la trilogía La Passe-Miroir. La creación del mundo de la Citaccielle y los personajes que la habitan ya merecen la lectura (aunque aún no se ha traducido al castellano, o por lo menos no lo he encontrado). Sin embargo, la historia de Ophélie y su matrimonio de convivencia con Thorn de los Dragons se hace muy lenta y eso hace que cueste entrar.

No ha estado mal, ha habido descubrimientos interesantes y reencuentros maravillosos. De cara al próximo mes me voy a lanzar por fin con Brandon Sanderson. Voy a empezar a leer El Camino de los Reyes, de la decalogía (madre mía, ¡diez libros de más de mil páginas!) El Archivo de las Tormentas. Iré poco a poco con unas pocas páginas diarias, porque a mí, los libros tan tochos me dan una pereza enorme. También me he propuesto el reto de bajar la pila de libros pendientes que tengo en casa, ya sea en papel o en digital. A ver si aguanto hasta Navidad sin comprar ninguno. La triste realidad es que tengo un número ingente de libros en casa sin leer y esto ya está pasando de castaño a oscuro. Buenas lecturas a todos.

Estado de mi nación lectora (VII): Lecturas de septiembre

Qué mes este de septiembre. El sétimo mes para los romanos, el noveno para nosotros. Dependiendo del momento, en este mes suelo ser o bien del September de Earth, Wind & Fire, o del Septembre en attendant, de Noir Désir. Este mes me he quedado a medio camino y he escogido el Septiembre de Los Enemigos. No ha sido un mes espectacular en cuanto a lecturas, en otras cosas ha sido mucho mejor que la mayoría del año. No se puede pedir más. Vamos con estos libros de septiembre, a los cuales no echaré de menos (miento, alguno sí):

“Orígenes secretos”, de David Galán Galindo
  • “Orígenes secretos”, de David Galán Galindo. El primer libro que terminé el mes pasado fue casi una imposición personal. La versión cinematográfica del libro estaba en Netflix desde hacía unos días y quería aprovechar que tenía el libro para leerlo antes de disfrutar de la película de la que todo el mundo hablaba. Sinceramente, me sorprendió para bien. David Galán tiene una introducción fantástica, no se queda solo en un homenaje a la cultura friki ni mucho menos. Partiendo de esta base, crea un universo oscuro, lleno de referencias, sí, pero con vida propia. La edición de Runas está muy bien, con un historia extra (Astro bus) que completa de forma magnífica el libro.
  • “Qualityland”, de Marc-Uwe Kling. Una de las tres recomendaciones que hice en la anterior entrada con el Páginas particulares. Una sátira futurista donde un país entero se ha convertido en una marca comercial y sus ciudadanos son clasificados según un ranking social en el que es muy difícil escalar. Muy divertida pero con grandes verdades sobre nuestra sociedad.
  • “Guía de escritura creativa”, de Lester Glavey. Sigo intentando aprender sobre cualquier forma de escritura creativa y este mes he leído dos libros recomendables. Quizás demasiado básico este manual de Glavey, pero perfecto para principiantes y con ejercicios interesantes.
  • “¡Salva al gato!: El libro definitivo para la creación de un guión”, de Blake Snyder. Me ha gustado en líneas generales, pero el carácter de Snyder se hacía difícil. Tiene ejercicios muy buenos para poder llevar a cabo un guion cinematográfico y, aunque no quieras escribirlo, te servirá para ver el cine de una manera distinta y más consciente.
  • “Imperium”, de Christian Kracht. Otra novela recomendada en el Páginas particulares. También hablé de ella en esta reseña. Curioso que una novela que no me gustaba nada terminase interesándome tanto.
  • “The Boys Omnibus: Vol. 2”, de Garth Ennis & Darick Robertson. Con el regreso de la serie de Amazon Prime me he puesto a leer los comics de Ennis. Este segundo volumen con los número del 13 al 24 se diferencia bastante de la trama en la serie, pero sigue siendo muy divertido y salvaje.
  • “Eternals”, de Neil Gaiman & John Romita Jr. Nunca me había interesado mucho esta parte del universo Marvel. Seres tan poderosos e intangibles me dicen poco. Más Punisher o Jessica Jones y menos Eternos.
  • “Jim Botón y los trece salvajes” de Michael Ende. Sigo leyendo los libros del maestro Ende. Sigue la historia de Jim Botón y Lucas el Maquinista en búsqueda del origen perdido de Jim, conociendo mundos extraños y con personajes aún más curiosos. Me ha gustado menos que el primero, desde luego.
  • “Haz lo que quieras: Michael Ende y Friedrich Nietzsche”, de Héctor Martínez Sanz. Un ensayo comparativo entre La Historia Interminable y Nietzsche. No tan extraño como pudiera parecer. Es más algo académico que para el público en general, aunque los fans de Ende (o de Nietzsche), lo disfrutarán.
  • “Ojos de muñeca”, de Ingrid Desjours. La gran decepción del mes. Un libro brutal, con personajes atormentados que se va torciendo de tal manera que pierde su sentido. Demasiado repetitivo. Final chocante, pero tampoco sorprendente.
  • “La dame pâle”, de Alexandre Dumas. Novelette de Dumas en torno al mito vampírico con todos los clichés del Romanticismo.
  • “Mind MGMT Omniubus Part 1: The Mind Management Comprehensive Report (1 of 3)”, de Matt Kindt. Este tipo de dibujo no me va especialmente, pero con dibujantes como Gipi me parece perfecto. Aquí no tanto, al menos para mi gusto. La historia de una organización secreta con superpoderes pero con cero moralidad resulta bastante interesante. Seguiré leyendo esta serie.

También he leído el décimo número de la revista de fantasía y ciencia-ficción, Windumanoth. Es una pequeña joya, con artículos interesantes y relatos de gran valor. Muy recomendable.

Hasta aquí lo leído en septiembre, volveremos en octubre donde me he puesto algunos retos:

  • Leer libros de autoras dentro de la propuesta #LeoAutoras.
  • Leer novelas y relatos de corte terrorífico y/o siniestro (que para eso estamos en el #spookyoctober
  • Bajar la pila de lecturas pendientes que crece como el demonio.
  • Escribir más creación propia, que la tengo un poco abandonada.

Espero que tengáis un gran mes por delante y que lo disfrutéis. Enhorabuena a los que el verano no os hace mucha gracia. Por aquí ya estamos a 6º. El invierno llega con fuerza.

Estado de mi nación lectora (VI): Lecturas de agosto

Me he encontrado a bastantes lectores que han dicho que no podían concentrarse durante el confinamiento de esta primavera. Estamos hablando de estrés, de ansiedad por la incertidumbre del confinamiento y de lo que podría pasar después. No es sencillo ponerse a leer cuando tu trabajo está en peligro o tu salud. O las dos cosas. Decía Italo Calvino que “la lectura es un acto necesariamente individual, mucho más que el escribir. Admitiendo que la escritura logre superar la limitación del autor, sólo seguirá teniendo un sentido cuando sea leída por una persona aislada y atraviese sus circuitos mentales”. Pues bien, en este tiempo tan extraño la soledad no era, quizás, algo que realmente nos hiciera mucho bien. Buscábamos la compañía de los que nos rodeaban, y si no, la de aquellos al otro lado del zoom o cualquier otro programa parecido. Leer exigía una dedicación y un ejercicio de concentración que no todo el mundo podía tener. A mí no me pasó, seguramente porque yo ya había tenido un entrenamiento previo. Como dicen en mi pueblo: “ca’uno es ca’uno y ca’ do’ una canoa”.

Este mes de agosto ha sido difícil para mí. He tenido una pérdida importante y al principio de mes mi cabeza estaba cualquier sitio, menos en el que tenía que estar. El caso es que para mí leer siempre ha sido un momento de paz, un refugio, un lugar feliz. El que la tele me acompañe es algo que no suelo hacer, soy más de radio, y los libros ocupan esa distracción. Sin embargo, me ha costado mucho seguir esa dinámica este mes. Supongo que como a cualquiera. Pero como he dicho, leer es mi forma de escaparme y de evadirme. Adoro el cine y también me dejo llevar por una película, pero el libro, el libro me lo llevo a cualquier parte. Ahí hago mi parada que pueden ser de cinco minutos mientras me tomo un café, o de dos horas mientras se hace de noche. Me costó volver a leer, pero encontré el libro adecuado en el momento oportuno y este me salvó. Como siempre.

Toda esta introducción parece que no tiene nada que ver con un resumen de lecturas mensuales, pero así son las cosas en este blog. El divagar es marca de la casa. Este agosto sigo, como todo el año, con el reto de Javier Miró en su Liga de las Lecturas Extraordinarias, leyendo cosas variadas y entretenidas (adelanto: este mes me he centrado en la evasión) y hemos vuelto a tener tertulia del club Qwerty, con una novela que dio mucho juego. Vamos con ese repaso:

  • “Sistemas críticos” (Diarios de Matabot 1), de Martha Wells. Una novela corta de ciencia ficción con un personaje principal (Matabot) lo suficientemente interesante como para que vuelva a leer más. Un robot como protagonista puede aportar puntos de vista muy curiosos. La autora tiene una larga obra detrás, pero es con esta serie con la que empieza a publicarse en España.
  • “L’empire des signes”, de Roland Barthes. Un precioso librito de la editorial Points Essais. No es tanto una guía del Japón, como una serie de textos en los que el filósofo y semiólogo francés habla sobre las sensaciones y la extrañeza que le provocaban la cultura nipona y, sobre todo, su lenguaje.
  • “Alejandro Magno”, de Mary Renault. La historiadora y novelista británica tiene una famosa trilogía de novela histórica dedicada a Alejandro Magno (Fuego en el paraíso, El muchacho persa y Juegos funerarios), pero este libro es una biografía más aséptica. Muchos datos condensados en un texto relativamente corto (256 páginas) pero que te abre el camino para nuevas lecturas. Es posible que se haya quedado algo anticuado (1975), pero sigue siendo una vida apasionante.
  • “The Boys. Omnibus. Vol.1”, de Garth Ennis. No estoy leyendo mucho cómic este año. Como todo, esto también va por rachas. Esta vez me he centrado en dos cómics de los que estoy siguiendo su adaptación televisiva. La serie de Amazon Prime es muy gamberra, pero la historia de Ennis lo es todavía más. Salvaje y divertida.
  • “The Umbrella Academy. Vol. 2: Dallas”, de Gerard Way y Gabriel Bá. Segundo cómic basado en otra serie. En este caso, The Umbrella Academy está en Netflix. Era (y soy) muy seguidor del grupo My Chemical Romance, por lo que no dudé en lanzarme a leer cualquier cosa que publicase su cantante, Gerard Way. A lo mejor esto no tiene mucho sentido, pero oye, es lo que hice. Leí su revisión de Doom Patrol (ahora también en HBO) y el primero de la Umbrella Academy. Este segundo volumen coincide en parte con la segunda temporada de la serie. El cómic tiene identidad propia para disfrutarlo gracias a los dibujos del brasileño Gabriel Bá, que le da una visión muy distinta a la de la serie.
  • “Como una historia de terror”, de Jon Bilbao. Recopilación de cuentos del autor asturiano, en el que ya me había fijado de un tiempo a esta parte. No todos los relatos me han gustado, pero sí demuestran que Jon Bilbao es un escritor que iba a dar mucho que hablar. Mi favorito es el último y el que da el título a la recopilación.
  • “The illustrated Man”, de Ray Bradbury. Este mes se cumplía un siglo del nacimiento del gran Ray Bradbury. Nada mejor para celebrarlo que leer algunos de sus cuentos. Me he puesto con esta colección de cuentos con un hilo argumental tan extraño como un hombre repleto de tatuajes (que él no quiso hacerse) y cuentan historias del futuro. Hay de todo, como en cualquier colección de relatos, pero la mano de Bradbury siempre deja momentos brillantes. Zero hour es mi favorito de los 18 que forman esta colección.
  • “Diario del Viajero” y “Virus Z”, de Iván Gilabert. En cinco días me leí estos dos libros del autor barcelonés. Son de esos que te enganchan desde el principio, con personajes atractivos y giros de guión sin que creas que se están riendo de ti. Diario del viajero es más un thriller de ciencia-ficción que una novela de supervivencia zombie, como es el caso de Virus Z. Creo que se pueden leer de forma independiente, sobre todo porque esta segunda parte de la bilogía del viajero te pone en antecedentes rápidamente. Quizás prefiera la primera parte,me gustó más la parte de thriller que la de muertos vivientes que aparece como una amenaza en la primera y una presencia total en la segunda. He visto algunos errores en estos libros, errores gramaticales que se podrían subsanar en una futura edición.
  • “El jardín de bronce”, de Gustavo Malajovich. Este thriller fue el elegido para la tertulia del mes en el club de lectura Qwerty. Es la historia de la desaparición de una niña y la angustia que provoca. Además de mantener la tensión durante más de 500 páginas ( me lo leí en dos días), también plantea problemas morales y suscita debates. Recomendable.
  • “Momo”, de Michael Ende. Momo fue el libro que me sacó de mi letargo. Volver a leer esta obra cargada de simbolismo, pero tan sencilla, con los ojos de un adulto es una experiencia maravillosa. Me lo leí de un tirón, pero haciendo pausas para tomar notas que comentaré en una entrada posterior en el blog. Pero me lo leí como lo había hecho 30 años antes. Este 28 de agosto se cumplieron 25 años de la desaparición del gran Michael Ende y mi intención era la de dedicarle un podcast homenaje, además de volver a leer sus obras principales.

No ha estado mal este mes de agosto, quizás uno de los más raros que hemos vivido, como todo este año. En mi caso ha sido un periodo difícil, pero los libros me ayudaron a recordarlo con algo más de cariño. A ver qué tal se nos da este septiembre que pinta tan incierto como todos meses anteriores.

Estado de mi nación lectora (v): Lecturas de julio

Leer siempre ha sido para el verano. También para otras cosas, seguramente mucho más excitantes, pero aquí hablamos de libros. Los últimos meses no habían sido especialmente fructíferos en lo que se refiere a las lecturas. Había leído bastante menos de lo habitual y ninguno de estos libros había dejado una huella especial. Este mes de julio me he podido concentrar algo más y he podido sacar más tiempo. Sigo con el reto de Javier Miró y su Liga de las Lecturas Extraordinarias, pero he añadido otro reto para este mes de julio. He seguido el reto Black History Month de Trotalibros. Ha sido una buena ocasión para ponerme con esos eternos pendientes o descubrir nuevos autores. Tengo que confesar que de todos los libros que había previsto para este #blackhistoryjuly, solo he podido con uno. Esto de hacer listas de libros y luego hacerles caso no se me da muy bien. Para este reto de literatura negra haré una entrada especial, ya que han tenido bastantes ideas en común con ciertos matices que ya comentaré.

Vamos a hacer la revision mensual pertinente con un pequeño comentario que ya desarrollaré en próximas entradas:

  • So you want to talk about race, de Ijeoma Oluo. Además del año de la Covid, también ha sido el año donde, de nuevo, estamos asistiendo a manifestaciones por la muerte de un negro a manos de la policía. Cuestiones sobre el racismo que está tan irraigado en nuestras sociedades se han puesto a la orden del día. Al leer este texto de Oluo, no puedo negar que en más de una ocasión me he sentido muy alejado de lo que la autora manifestaba, incluso ofendido. Me ha parecido bastante interesante en su mayor parte, una realidad paralela a la mía que solo parezco comprender a través de la ficción.
  • And Still I Rise, de Maya Angelou. Una recopilación de poemas de la gran autora estadounidense. Es una recopilacion irregular con algunos textos muy potentes.
  • Pequeños relatos tortuosos, de Arima Rodríguez Vega. Una recopilación de relatos de terror psicológico en su mayor parte con voz propia.
  • La canción de los vivos y los muertos, de Jesmyn Ward. Uno de los libros que más me han gustado este mes, gran descubrimiento gracias al reto de #blackhistoryjuly. Una historia con una prosa muy colorista y poética, pero que a veces te hace sentir muy mal. Costumbrismo puro en una sociedad injusta.
  • Afrofuturism: The World of Black Sci-fi and Fantasy Culture, de Ytasha L. Womack. Segundo ensayo del mes, también dentro del reto, pero esta vez enfocado a un tema que me interesa especilmente: el movimiento de la ciencia ficción que bebe de las raíces africanas con la esperanza de un futuro distinto.
  • Jim Botón y Lucas el Maquinista, de Michael Ende. Se cumplen este año del vigésimoquinto aniversario del fallecimiento del gran autor alemán. He querido volver a leer esta primera obra suya y que tanto disfruté cuando era pequeño. Ahora la he leído con mi hijo y sigue siendo una historia sorprendente donde Ende ya muestra de lo que iba a ser capaz. Hoy en día, hay aspectos que pueden chirriar, pero decir que es una obra racista me parece excesivo.
  • El demonio vestido de azul, de Walter Mosley. Pura novela negra sin aditivos ni conservantes. Estupenda la recreación de los personajes del maestro Mosley.
  • With the fire on high, de Elizabeth Acevedo. Novela juvenil ambientada en un barrio de Filadelfia, dentro de la cultura puertorriqueña y con la cocina como premisa principal. Me ha parecido demasiado ligera y superficial para los temas que trataba, pero no todo va a ser tratados sobre la crisis existencial.
  • Black, de Kwanza Osajyefo y Jamal Igle. Cómic que tiene la premisa de un mundo donde solo ciertos negros pueden tener superpoderes, lo que conlleva el recelo de las autoridades y que presenta conflictos raciales evidentes. El desarrollo no me ha convencido demasiado.
  • Una nueva historia del mundo clásico, de Tony Spawforth. Abarcar en un solo libro la historia de Grecia y Roma es, cuanto menos, pretencioso. Una vez que aceptamos que un libro así no puede ser muy detallista, Spawforth hace un manual para novatos y, no tanto, bastante riguroso y con un lenguaje muy ameno y fluido. Muy recomendable.
  • The uncommon reader, de Alan Bennett. Este ha sido la sorpresa y el ganador de este mes de julio. Un pequeño divertimento con la estructura de un monólogo teatral que profundiza en el conflicto de la persona pública y la privada. Todo ello a través de la literatura, lo que es una gozada. Humor muy sutil e inteligente.
  • En un lugar del Atlántico, de Fatou Diome. Último libro del reto #blackhistoryjuly y uno de mis favoritos también. La verdad es que he tenido una buena racha final porque me han gustado bastante. Este relato sobre la inmigración conectando la isla Niodior con Estrasburgo es una primera novela semiautobiográfica y con la que conecté desde el principio. Sin ser especialmente melodramática, tiene unos pasajes realmente preciosos. Quiero seguir leyendo libros de esta autora senegalesa. El próximo en versión original.
  • Botchan, de Natsume Soseki. Una novela japonesa publicada en 1906 que tiene mucho que ver con la novela picaresca española pasada por la batidora con La conjura de los necios. Un sentido del humor que aún funciona y una gran disección de la sociedad rural japonesa durante la guerra rusojaponesa. Es muy difícil traducir este tipo de textos, así que hay que alabar el trabajo del traductor José Pazó (algo que habría que alabar siempre).
  • To be taught, if fortunate, de Becky Chambers. Por fin he podido leer algo de Becky Chambers, y por una vez, sin que sirva de precedente, las recomendaciones eran buenas. Esta novela corta, cuyo título viene explicado al final, es una muy buena puerta de entrada al universo Chambers, una ciencia ficción muy humana cargada de reflexiones filosóficas. Es la ciencia-ficción que más me gusta. Vanessa , en su podcast Librorum, la ha recomendado en varias ocasiones y se lo agradezco.

Así que ha sido un buen mes con grandes lecturas, alguna inolvidable. El reto de Trotalibros ha sido un extra, pero las cuatro últimas novelas han sido de las que crean afición: ciencia-ficción, drama, comedia, terror, novela negra, ensayos … no le hago ascos a nada. La cuestión es seguir disfrutando de esta afición que tanto nos gusta

P.S. Esta entrada la he escrito con el móvil y será la última así, porque vaya lío.